Ronald abrió los ojos lentamente, parpadeando contra la luz brillante del hospital. Sintió un dolor sordo en todo el cuerpo, pero lo que más le dolía era el vacío en su corazón. Miró a su alrededor, tratando de recordar lo que había sucedido. Luego, sus ojos se encontraron con los de María, que estaba sentada a su lado, con los ojos hinchados por el llanto y la preocupación. —María... —murmuró Ronald, su voz débil. María se inclinó hacia él, su rostro una mezcla de alivio y angustia. —Ronald, gracias a Dios estás despierto. Ha sido una pesadilla... Ronald vio la desesperación en sus ojos y sintió una punzada de miedo. —¿Qué ha pasado? ¿Dónde está nuestro bebé? Las lágrimas brotaron de los ojos de María. —Lo secuestraron, Ronald. Lo llevaron del hospital y no sabemos dónde está. Ronald

