—¿Disculpa, qué?— pregunto girándome hacia el chico rubio.
—Que si puedes darme una soda— repite con una sonrisa.
—Claro— voy a la nevera y saco una —¿Te gusta de naranja?
—Es mi favorita, de hecho— se la entrego —. ¿Serás la que esté aquí a partir de ahora?— pregunta.
Sacudo la cabeza negando.
—Sólo estoy remplazado a la otra chica temporalmente. Me llamo Eleanor.
—Y yo Dennis, mucho gusto.
Agitamos las manos y después de hablar un rato más sobre un tema banal, él se va. El resto del día pasó más pronto de lo que esperé. Tengo que admitirlo, me podría acostumbrar fácilmente a este empleo. Es como trabajar en una cafetería, solo que sin tener que hacer cuentas para calcular el cambio ni con los clientes fastidiosos quejándose de tu servicio, sino con jóvenes de mi edad que son relajados y me sacan buena conversación.
Wendy y yo salimos juntas y nos vamos a casa. Después de cenar, nos quedamos en la sala viendo televisión.
—¿Qué te ha parecido la empresa?— me pregunta.
—Bien. No puedo creer que el CEO tenga nuestra edad— intento sonsacarla.
—No sólo es el CEO, también fue el fundador.
—¡Vaya! Digo, no cualquiera hace eso a sus veinticuatro años...
—El Señor Van Der Pelt no es cualquiera— me corrige frunciendo el ceño, a un paso de lucir ofendida —. Como casi es obvio en estos casos, viene de una familia muy rica. Se crió aquí en Denver y cuando se graduó sus padres lo enviaron a Francia para estudiar arquitectura, pero la cosa no le gustó y regresó. Ese mismo año recibió la herencia de sus abuelos y montó la compañía.
Abro los ojos impactada.
—Deberías hacerle una biografía en Wikipedia, o algo— me burlo.
Esta chica no es más obvia porque no puede. Su amor por Drew es más claro que el de una fan enamorada.
—Sí, sí. Ríete todo lo que quieras.
—¿Él mismo te contó eso?
Wendy niega.
—Ya quisiera yo. Son los rumores que dice la gente...
Asiento. Unos minutos luego, cada una entra en su habitación.
La semana pasó volando, ya sólo quedaban unos pocos días para que la persona a la cual estaba supliendo volviera de su reposo. Me sentía triste, quería quedarme. Me había relajado con respecto a Andrew; no lo había visto y sabía que si me quedaba trabajando permanentemente jamás lo haría y él no se enteraría.
Hasta que Wendy se acercó a mi puesto el viernes.
—Eleanor, necesito que prepares ya mismo café n***o para siete personas.
—¿Qué?— fue una orden dicha demasiado rápido.
—Prepara café n***o para siete y llévalo en diez minutos a la sala de conferencias del tercer piso. Hay una reunión— vuelve a decir.
¿Sala de conferencias? ¿Reunión? Esto me huele a problemas.
—¡Espera, Wendy!— la detengo antes de que se vaya.
—¿Qué pasa? ¿No ves que estoy apurada?
—¿El CEO está en esa reunión?— pregunto.
—¡Claro, es el jefe!
Wendy termina de marcharse y yo me quedo sola entrando en estado de pánico.
Si Andrew está en esa reunión, de esta no me salvo. Me verá y no sé como reaccionará. Mejor dicho; no sé como reaccionaré al verlo después de tanto tiempo. Simplemente, me dan escalofríos de sólo imaginarme el momento.
Quisiera llamar a Tamara para que me tranquilice, para que me diga que todo estará bien como siempre hace. Pero la cabeza no me da para más que preparar el café.
Una pasante mandada por Wendy llega cuando está listo, para ayudarme a llevar todo. Vierto el contenido de la cafetera en dos termos y pongo cada uno sobre dos bandejas con tres y cuatro tazas respectivamente, y un azucarero.
Subimos al otro piso por las escaleras, no por ascensor, y llegamos frente a la puerta de la sala de conferencias.
—¿Te sucede algo?— me pregunta la chica.
Hay un nudo en mi garganta que me impide hablar, así que sólo niego sacudiendo la cabeza. Mis piernas tiemblan como si estuviese muriendo de frío y mis palmas estás sudadas al punto de volverse complicado sostener la bandeja.
Es como si tuviese una especie de fobia que no conocía. Una fobia a Andrew.
—Entremos, entonces.
La pasante empuja la puerta con su costado y pasa; yo doy una fuerte respiración antes de seguirla.