—¿Ya estás mejor?— me pregunta Wendy dándome palmaditas en la espalda, minutos después de que me ahogara con mi bebida al escucharla decir que Drew es su jefe.
Esto no puede estar pasando. ¿O es posible que haya otro Andrew Van Der Pelt en Denver?
—Sí... discúlpame— me levanto y voy a mi habitación.
Entro, cierro con pestillo y tomo mi teléfono de la mesa de noche. Marco el número de Tamara y me siento en la cama esperando que conteste.
—¿Aló?
—La cagé— digo sin más.
—¿Como?
—Que la cagé— repito —. Metí la pata el primer día que tengo en esta maldita ciudad. Jamás debí volver.
—¡A ver, cálmate!— me grita desesperada —Dime lo que pasó. Y despacio, por favor.
Trago el nudo en mi garganta.
—Hoy todo el día estuve aburrida, así que pensé que encontrar trabajo sería una buena idea, sobre todo para ayudar a tu prima con los gastos— explico —. Se lo comenté a ella y me dijo que en su empresa hay una vacante y que podía empezar mañana.
Tamara se ríe fuerte.
—Sé que trabajar no te gusta, amiga, pero me asustaste. Pensé que era algo grave...
—¡Escúchame!— pido —El problema es que el CEO de esa empresa... es Andrew.
—¡¿Tu Andrew?!— me pregunta impactada.
—No es mi Andrew, Tamara.
—Pero... ¿cómo te enteraste?
—La misma Wendy me lo dijo— respondo.
—¿Le contaste a Wendy tu historia?
—¡Claro que no! Yo le pregunté por pura casualidad.
—Vaya, el destino es maravilloso...
—¡No te burles!
—Está bien, está bien— ríe —. Pero dime, ¿cuál será tu cargo?— me pregunta. Le digo que serviré el café —Ahí tienes. El CEO de una empresa y la que sirve el café no se conocen, ni siquiera se cruzan por error. Te apuesto que Andrew no se va a enterar que estás en ese lugar.
—No lo sé...— dudo —Tal vez lo mejor sea que rechace la oferta de tu prima.
—¿Y perder la oportunidad de ganar algo de dinero? No seas cobarde, nada pasará. No creo que tengas tan mala suerte.
—Bien, escucharé tu consejo. Sólo espero no arrepentirme luego. ¿Faltaste al trabajo?— pregunto cambiando radicalmente el tema.
A esta hora ya debería estar trabajando hace dos horas.
—Ya estoy en el club, querida. Me escondí en el baño para poder contestarte.
Me despedí de Tamara y apagué el teléfono. Casi al instante Wendy toca mi puerta y me paro para abrirle.
—¿Te sucede algo?— pregunta algo preocupada. Debió extrañarle mi actitud hace unos minutos.
—N-no...
Wendy no luce para nada convencida con mi respuesta. Sin embargo, no insiste más.
—Vine a decirte que mañana te levantes temprano porque yo tomo el primer autobús del día. Y también que te quites esa pintura de tu cabello, esas cosas van contra el reglamento de la compañía.
Inconscientemente toco mi melena castaña. ¿Qué tienen de malo unos cuantos mechones color violeta?
Haciendo un esfuerzo sobrenatural para no rodar los ojos, le contesto lo más amable que puedo.
—Está bien. Es un tinte que dura tres lavadas, así que se quitará fácilmente si utilizo mucho champú.
Durante toda la noche no pegué un ojo tan siquiera por un segundo. Sentía que los nervios me comían por dentro y que la ansiedad en cualquier momento me haría explotar. Quiero decir, no es fácil saber que es probable que puedas toparte con una persona que no tiene buenos recuerdos de ti.
No culparía para nada a Drew si me odia con todo su corazón y no quiere verme ni en pintura. Tal vez estoy siendo presuntuosa y él ya me olvidó, mejor dicho, superó lo que hice. O lo que cree que hice.
De repente siento una punzada en el pecho al imaginar ese escenario, no sé porqué.
Cuando amanece no me cuesta nada levantarme. La primera en entrar al baño es Wendy, que no tarda demasiado al contrario de mí, que duro minutos restregándome la cabeza para quitar el tinte violeta.
Wendy me presta una blusa blanca muy linda y femenina, un pantalón n***o y unos tacones no muy altos del mismo color. De peinado por falta de tiempo e ideas sólo me hago una cola que estilizo un poco ondulando las puntas con una tenaza que tomé sin pedir permiso. Pongo mi teléfono en el único bolso pequeño que tengo y estoy lista.
Salimos del departamento a eso de las seis y quince, lo cual a mi parecer es excesivamente temprano. Caminamos hasta la parada y esperamos el autobús.
El edificio de G&N Games es moderno e imponente. Literalmente necesito un empujón de Wendy para mover mis pies congelados y entrar de una vez cuando estamos frente a la entrada.
La recepción es amplia y varias personas notablemente agitadas se mueven de un lado a otro. Me parece increíble que Andrew sea el presidente de esto, el mismo Andrew que era tan flojo que se tragaba la goma de mascar para no levantarse a tirarla en la basura cuando algún profesor lo regañaba.
Usando el elevador llegamos a la segunda planta. Wendy me lleva a un salón que es el "área de relajación" de los empleados. Está lleno de sillones que se ven muy cómodos, consolas de videojuegos y un gran televisor pantalla plana.
Definitivamente Drew es la mente maestra detrás de esto.
—Lo que tu harás será atender la barra— me explica Wendy.
Hay un pequeño espacio que simula una cafetería. Pueden pedirme café, sodas, aperitivos y también golosinas. Todo eso sin pagar.
Así sí da gusto trabajar.
—Debes estar aquí toda la jornada laboral, el puesto no puede quedar solo.
—Entendido.
—¿Sí sabes hacer café y emparedados, no?— me pregunta, como si de repente recordase preguntar ese pequeño detalle.
Ruedo los ojos.
—¡Pues claro!
—Bien. Entonces, me iré a mi puesto.
—¿Cuál es tu puesto?— le pregunto.
—Soy la secretaria del CEO— responde orgullosa —, lo que me lleva a ser la jefa de todas las secretarias también.
Qué creída.
—Ah... ¿Y dónde queda la oficina del CEO?— para no acercarme ni muerta por allí, agrego mentalmente.
—Es la única en el último piso, ¿por qué? ¿Quieres pasar a saludarlo?— dice sarcásticamente.
Si supiera...
Wendy se va y comienzo a hacer mi trabajo. Pongo café a hervir y paso un trapo por la barra para limpiarla.
Cuando me doy la vuelta para sacar las tazas de los estantes, una voz masculina me habla por detrás.