Capítulo — Caminando hacia la esperanza Fernando caminaba lento por las calles adoquinadas del pueblo, con las manos en los bolsillos y el pecho apretado como si llevara una piedra adentro. El sol de la tarde caía lento, pero él apenas lo registraba. Los puestos cerraban, las persianas metálicas bajaban con ese chirrido familiar, y el aire olía a pan recién hecho… un aroma que a él le dolía, porque era el mismo que envolvía a Naty cuando ella se reía con migas en los labios y le decía que no existía felicidad más simple que un café caliente. A pocos metros, una pareja cruzó tomada de la mano. Fernando los miró sin querer mirar. —¿Por qué tenía que ser yo tan complicado…? —murmuró, como si la calle pudiera contestarle. En su cabeza, la película se repetía sin descanso: momentos buenos,

