Capítulo — Navidad en la Orilla El día de vacaciones llegó con ese aire de promesa que solo tienen los viajes importantes. No era un simple cambio de paisaje: era una pausa necesaria, un respiro después de meses de cansancio, de silencios, de heridas que seguían latiendo por debajo de la piel. Flor y Gabo salieron temprano, cuando el sol recién empezaba a dorar el camino. Los mellizos iban atrás, pegados a la ventana, contando “cuántos kilómetros faltaban” con esa impaciencia hermosa que tienen los chicos cuando creen que la vida entera cabe dentro de una valija. Dylan, ya más grande, intentaba mostrarse canchero, pero cada tanto se le escapaba la sonrisa boba de quien también estaba ilusionado. Florcita, en cambio, llevaba abrazado un peluche como si fuera un pasaporte emocional: la seg

