Capítulo — Fernando cuenta la verdad La noche era tranquila, pero dentro de la casa de Flor y Gabriel flotaba una tensión densa, casi palpable. No había gritos ni reproches, pero el silencio pesaba como si cada palabra que estaba por decirse pudiera cambiarlo todo. Fernando estaba sentado en el sillón, con el cuerpo inclinado hacia adelante, los codos apoyados en las rodillas y la mirada clavada en sus propias manos. Las abría y las cerraba sin darse cuenta, como si necesitara comprobar que seguían ahí. Gabriel, a su lado, lo observaba con una mezcla de paciencia y preocupación. Lo conocía lo suficiente para saber que, cuando Fernando callaba así, era porque estaba al borde de derrumbarse. Flor, desde la cocina, parecía ocupada acomodando algunas cosas que ya estaban perfectamente en su

