CAPÍTULO — Esa noche fue diferente El silencio de la casa cayó de golpe cuando Flor terminó de ordenar los juguetes. Se dejó caer en el sofá, con el cuerpo cansado y la cabeza todavía en el lobby del hotel. Rosa. Su mirada fría. La forma en que había observado cada gesto entre ella y Gabriel. No había sido planeado. El contacto de Gabriel en su espalda había salido solo, instintivo. Un gesto breve… pero firme. Suficiente para dejar claro que no estaba sola. Y Rosa lo había visto. Flor se pasó una mano por el rostro. No podía darse el lujo de subestimarla. —¿Todo bien? —preguntó Gabriel desde el pasillo. —Sí. Estoy cansada —respondió ella, sin mirarlo. Gabriel dudó un segundo. —Voy a dormir en el sillón. No quiero incomodarte. —No me incomodas —dijo Flor demasiado rápido—. Enti

