Capitulo 17

1091 Words
Me reí entre dientes ante su comentario y me di cuenta de que su cerebro intentaba procesar el olor en comparación con quién acababa de salir de mi oficina. Inhalé profundamente, intentando parecer tan serio como ella. —Tienes razón, en cierto modo sí, pero el de mantenimiento mencionó que iban a trabajar en los aires acondicionados esta semana. Quizás sea algún producto químico que estén usando —conjeturé, poniendo la expresión más seria que pude ante mi asistente. —Sí, supongo. El señor Stephenson quería saber si habías tenido la oportunidad de revisar las cifras que me envió por correo electrónico. Pasó a verte, pero le dije que últimamente habías estado trabajando tantas horas que estabas disfrutando de tiempo de calidad con tu hija y que no te molestara —sonrió Jenna con orgullo. Su explicación me sorprendió un poco, pero le agradecí que me cubriera una vez más. Después de que Jenna se fue, me dejé caer en la silla, con los ojos cerrados, reviviendo mentalmente lo sucedido mientras me preguntaba qué demonios había pasado. Pero sabía lo que había pasado: mi hija malcriada, descarada y promiscua se había salido con la suya, otra vez. Pero, como en todo en la vida, tarde o temprano habría que pagar las consecuencias. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~ A la mañana siguiente, me desperté temprano y seguí mi rutina matutina, preguntándome qué me depararía el día, tanto en el trabajo como con Layla. Hasta el momento, llevaba tres de tres sorpresas, asegurándose de que no tuviera otra opción que ceder a sus caprichos. Me sorprendió un poco que no nos hubieran descubierto, pero no quería tentar a la suerte y me devané los sesos tratando de encontrar escenarios que, por así decirlo, equilibraran la balanza. Mientras tomaba mi café, Staci entró sigilosamente en la cocina, bostezando ruidosamente mientras se pasaba los dedos por su cabello revuelto. —Buenos días, Stace —la saludé, casi sobresaltándola. —Oh, hola señor… Adam —respondió ella, estirando los brazos por encima de la cabeza antes de coger una taza de café de uno de los armarios. Al hacerlo, su camiseta extragrande se le subió por los muslos, dejando ver un poco su trasero cubierto por las bragas. Recordé ayer cuando Layla hizo lo mismo al ponerse las bragas y me pregunté si sería pura coincidencia. —Buena observación —sonreí con picardía mientras tomaba un sorbo de café—. ¿Por qué te has levantado tan temprano? —Hoy tengo que hacer doble turno. Una de las chicas se resbaló y se torció el tobillo ayer y nadie más pudo cubrirla, así que… aquí estoy —bostezó Staci de nuevo, intentando espabilarse. —¡Ah, las delicias de la vida en la tienda de todo a un dólar! —respondí con sarcasmo, observando cómo la mujer se sentaba a la mesa y se estiraba una vez más. Ahora tenía un asiento de primera fila para ver el pecho de Staci subir y bajar frente a mí, sus senos sin sujetador marcando la tela de su blusa, sus pezones tensos con sus piercings de barra rozando la tela. Solté un pequeño suspiro, preguntándome qué sentiría esos piercings contra mi lengua. —¿Dijiste algo? —murmuró Staci, tomándome por sorpresa. —No, solo estaba pensando en Layla. Oye, ¿has notado algo raro en ella últimamente? —pregunté, con la esperanza de obtener alguna información de su mejor amiga. —En realidad no —empezó la chica de pelo azul—. Sé que ella y su novio han estado trabajando mucho últimamente y no se han visto, así que creo que eso la está afectando. Ya sabes, Lays, cuando no puede tener algo, lo desea aún más. Asentí con la cabeza, mirando el piercing del labio de Staci mientras pensamientos perversos me rondaban la cabeza imaginando cómo se sentiría contra mi pene. —Sí, así es. ¿Te ha dicho quién es este tipo? —insistí. —No, no tengo información útil. Solo sé que es mayor y que trabaja en el centro —respondió Staci. Me alegró saber que, por ahora, seguía ocultándonos a su amiga. No es que no quisiera que Staci lo supiera, pero a veces es mejor ir explicándoles poco a poco la información que compartiríamos con ella. —Sí, lo mismo digo. Dice que quiere ver cómo van las cosas. Solo espero que se lo tomen con calma —mentí, pensando que era mejor añadir algo a la conversación para que no pareciera que sabía quién era el hombre misterioso. —¿Lento? ¿Ya conoces a tu hija? —Staci sonrió con picardía, dando otro sorbo a su café mientras me hacía señas para que me acercara y me susurrara algo. Al inclinarse sobre la mesa, mis ojos se fijaron en la gran abertura de su blusa y alcancé a ver sus pezones; los piercings brillaban como pequeños faros. Sabía que no debía mirarla fijamente, pero la curiosidad me había vencido y estaba empezando a perder la compostura. —Anoche nos estábamos chateando y me contó todo sobre su semana —comenzó Staci, mirando más allá de mí para asegurarse de que Layla no estuviera cerca—. Me dijo que había estado yendo a su oficina después del gimnasio o antes del trabajo y molestándolo sin parar. Mis ojos se abrieron de par en par al escuchar la noticia. —¿En serio? ¿Está tan alterada por este tipo? —le seguí el juego, esperando que Staci continuara. —Al parecer, sí. Pero ¿sabes por qué lo hace, verdad? —Staci hizo una pausa, dejándome reflexionar un momento. Me encogí de hombros, sin querer dar nada por sentado. —¿Por qué? —¿Has oído hablar alguna vez de un “sexo por odio”? La forma en que lo dijo captó mi atención. Además, el hecho de que la luz del sol que se filtraba por las grandes ventanas de la cocina facilitaba ver el escote de la camisa de Staci, y yo estaba disfrutando de un buen espectáculo de sus firmes pechos de copa B y sus pezones de color rosa brillante. —¿Qué es eso? —salí momentáneamente de mi trance. —Es cuando amas a alguien pero te hace enojar tanto que simplemente… quieres follarlo tan rápido y fuerte, como si estuvieras descargando todas tus frustraciones en esa persona —ronroneó, como si ella misma hubiera sido la beneficiaria de tal situación, sus ojos brillando al mirarme, como si estuviera insinuando algo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD