-Esto está muy bueno. – Dijo Tomás. – Yo me hubiese conformado con tostadas y café. Después de haber salido de la cama, me duché, separada de Tomás, y no porque yo quisiera, sino porque a él se le acabaron los preservativos… Y estaba más que claro que nos volveríamos a hacer uno si nos bañábamos juntos. Por lo que decidí cortar por lo sano y bañarnos por separado. Mientras Tomás se duchaba, yo fui al almacén más cercano y compré algunos dulces. Ahora estábamos tomando desayuno agarrados de la mano y dándonos miradas de deseo. -Qué bueno que te guste. – Le respondí. Me sonrió de medio lado, captando el doble sentido de lo que dije. -Tomás, creo que debería conseguir hora con el ginecólogo, para comenzar con los anticonceptivos, no quiero sorpresas. -Yo tampoco. – Respondió relajado

