Capítulo 3

1584 Words
Por fin llegué, no tarde tanto como esperaba, así que mejor para mí. La poca adrenalina de lo que pasó ya se fue, por lo cual, estoy serena otra vez. Apenas bajé del auto, vi a Lisette, llevaba un vestido rojo, arriba de la rodilla, unos tacones altísimos, un  bolso de mano, collar y aros a juego. Se veía realmente bien. -Leo ¿Está bien todo? Parecías alterada, quedé preocupada.- Y era cierto, podía ver como en sus ojos dejaba ver preocupación y un poco de alivio al verme ahí. -Sí, todo está bien, tranquila. Será mejor que entremos, no vaya a ser que tu jefe llegue. -Demasiado tarde, ya está dentro. Le dije que estaba esperando a una amiga que tuvo un problema con su extremadamente estúpido ex-novio. – Me sonrió. No podía creer que realmente haya dicho eso. ¡Y a su jefe! -¿Lo dices en serio? ¿Le dijiste lo de Andrés? – Una risa se quería escapar de mis labios. Dios, Lisette. -Tal vez omití lo de extremadamente estúpido. Pero tranquila, le dije que estaba esperando a mi amiga, que no sabías donde era exactamente y que por eso lo haría  afuera. No te has perdido de mucho, la verdad, sólo su presentación en el escenario a todos los que están dentro. -Seguramente es un tipo muy importante.- Debía serlo, para ser presentado arriba de un escenario.- Lo siento, no quería llegar tarde. -Da igual, sabes que no me gustan mucho estas ‘fiestas’. Sólo estoy aquí porque es mi jefe el que está adentro.- Hizo una mueca que decía ‘No tuve más remedio’.- Pero en fin, te propongo que una vez acabado esto, nos vayamos de copas. -Está bien. Ahora entremos, antes de que se nos haga más tarde. La celebración era en el vestíbulo de un hotel, muy grande, todo estaba decorado, y los colores muy bien combinados, habían muchas personas y muchas mesas repletas de comida en miniatura. Todos parecían personas adineradas, sin problemas ni complicaciones. Seguramente una fachada. Casi al fondo del vestíbulo había un escenario lleno de equipos, un data, parlantes y esas cosas. Estaba realmente muy lindo el lugar. Tomé una copa de un mozo que por allí pasaba. -Eso déjalo para más tarde. -Una copa no hace nada.- Le saqué la lengua a mi amiga. -Mejor lo dejas para después. Tienes que contarme qué pasó con Andrés. No creas que lo he olvidado. -Lo sé. Pasamos una media hora saludando a personas distintas cada cinco minutos. Cuando estuvimos un poco apartadas, le pregunté a Lisette. -¿Qué se celebra aquí exactamente? -La firma de la empresa en la que trabajo, en un papel que dice que mensualmente hará una colaboración al hospital. Lisette trabajaba en una empresa de publicidad, la cual siempre hacia donativos a distintos hogares, escuelas y hospitales. Fue así como conoció a Carlos, su actual novio. Un día esta empresa de publicidad la mandó a hacer un donativo al hospital, cuando iba de salida, un doctor la empujó sin querer, iba apurado, al parecer había una emergencia. El doctor se dio vuelta para disculparse, y cuando la miró a los ojos ¡PAM! Flechazo. Y ¿Cómo sé yo todo esto? Porque soy la mejor amiga de Lisette y ella me lo cuenta todo. -Vamos, ¿Otra más? Tu empresa siempre hace donativos, deberían darle algún reconocimiento. -Ya se los dieron, es por eso que todos quieres hacer su publicidad con nosotros.- Me guiñó un ojo y yo sonreí. -¿Falta mucho para que esto acabe? Tengo ganas de ir a tomar algo. Además comienzo a aburrirme. -Tranquila, voy a despedirme de Tomás, mi jefe, y ya regreso. -Te espero. Pasaron cinco aburridos minutos antes de que Lisette llegara. -Vamos.-Me dijo. -Vamos. Llegamos al bar, a unas seis cuadras del súper hotel donde se hizo la ‘fiesta’. Estábamos sentadas en la barra y acabábamos de pedir dos daiquiris de frambuesa. Di un pequeño sorbo… delicioso. Con la vista recorrí todo el local. Era amplio, lo necesario. Tenía dos ambientes, uno para fumadores y otro para no fumadores. Las luces eran bajas, nada tan encendido. Sospeché que tendrían de esos interruptores que gradúan la luz. -¿Me dirás ahora qué pasó?- Lis me miraba con la cara diciéndome que no quería perderse ningún detalle. -Hmm… Andrés me estaba esperando en el estacionamiento del edificio.- Dije sin muchos ánimos. -¡NO!- Me miraba con los ojos muy abiertos. Y eso que no le había contado lo del beso.- ¿Te dijo algo? ¿Te pidió por millonésima vez que volvieran? ¿Tú que le dijiste? -Dame otro de estos.- Señalé mi copa vacía al hombre que servía las bebidas. Me giré hasta ver de frente a Lisette.- Me besó… fue bastante brusco y de no haber sido por aquel chico, no sé qué habría pasado.- Sabía que me acribillaría a preguntas, pero ya me estaba acostumbrando. -¿Chico? ¿Qué chico? ¿Sabes quién era? ¿Su nombre? Ya empezamos. -No, eso es lo malo, me iba a decir su nombre cuando dijo la hora, se hizo muy tarde y salí corriendo, cuando venía en el auto me di cuenta que no alcanzó a decirme. -¿Y Andrés? -Eso fue lo mejor de todo, yo estaba pidiendo ayuda. Andrés estaba acercándose demasiado y de pronto aparece este tipo. Todo pasó muy rápido Lis. En un segundo Andrés me besaba y al siguiente, este tipo le estaba dando una paliza. -Bien merecido se lo tiene. Sabía que Lisette iba a encarar a Andrés. Ella me protegía un poco demasiado. Pero supongo que así son todas las amigas. Pasamos un largo rato conversando de cosas sin importancia, del apartamento, unas compras, etc. Quedamos en que el viernes por la tarde, saldríamos a comprarnos algún engañito. Ya era muy tarde, iban a ser las una de la madrugada. Lisette me miró y dijo: -¿Sabes? Creo que hemos bebido más de la cuenta.- Estaba arrastrando las palabras. -Creo que TÚ has bebido más de la cuenta, lo que es yo, soy consciente de que debo manejar. Te llevo a tu casa, vamos. -Te pareces a Tomás. -¿Tomás? -Mi jefe, los dos son responsables. -Sabes que no es cierto. -Tienes razón.- Se puso a reír.- Tú no eres responsable, él, más o menos. -Ni idea de porqué estamos hablando esto, mejor vámonos. Pagué la cuenta y lleve a Lisette a mi auto. Veinte minutos después estaba en la entrada de su casa. -¿Segura que puedes entrar? -Sí, no te preocupes. Gracias por traerme. -De nada. Te llamo mañana. Se bajó del auto y  entró a la casa. Era jueves, tenía una reunión temprano. Me levanté, duché, vestí, desayuné con calma. Fui al estacionamiento sin poder evitar recordar lo que pasó la noche anterior. -Hola. Me di vuelta y me quedé congelada. Era Andrés, otra vez. Francamente me estoy hartando. -Siento lo que pasó anoche, sólo que ya no sabía de qué forma poder acercarme a ti. Me estoy volviendo loco. Si pensó que iba a ceder con eso, es que no me conocía. -Pero creo entender- Continuó.- cuando ya no quedan opciones. ¿Lo decía en serio? -Me gustaría creerte, pero mi confianza, es un beneficio que perdiste hace un tiempo. -Y no sabes cuánto me arrepiento. -No, no lo sé. Mira Andrés, tengo una reunión en poco tiempo más. Me debo ir. Me miró y en sus ojos vi arrepentimiento. -Fui un idiota, lo siento.-Era sincero. Por su tono, supe que no se refería al hecho de estar retrasándome para ir a mi reunión. -Da igual, - Mentira.- con suerte no llego tan mal en la hora.- Iba atrasada por diez minutos, igual no era tanto. -¿Podemos hablar esta noche? No quería, pero la verdad era una buena oportunidad para quitármelo de encima. Quizás después de esto no me vuelve a molestar. -Salgo a las seis.- Dije seria.- No tengo tiempo para perder, si no estás cuando salga, me voy. -Estaré. Sin mirar atrás me subí al auto y me fui a la oficina. Era arquitecta, tenía mi oficina en un bello edificio central, aunque, de todas formas, tenía un jefe. Pablo.  Mi sala no era tan grande, pero tampoco tan pequeña, era perfecta. Contaba con mi escritorio, un armario, una mesa de reuniones y un baño. Todo bien ubicado. Cuando entré me sorprendió ver a Lisette. -¡Lisette! ¿Qué haces aquí? ¿Está bien todo? -Sí, de hecho estoy aquí por trabajo. T&C quiere agrandar sus oficinas y bueno, Tomás me ha pedido que organizara todo con un arquitecto de fiar. Quién mejor que tú. Me sonrió y yo la miré boquiabierta, comenzaría un nuevo proyecto y trabajaría a la par con mi mejor amiga. Todo salía bien. -Perfecto, mira, tengo una reunión ahora… -La cancelaron.- Me interrumpió.- Acaban llamar para suspender. -Bien, en ese caso, nos pondremos a trabajar en seguida. -Yo creo que no. –Me giré al segundo para mirarla. No quería suspender este proyecto por no trabajar, si bien éramos amigas, teníamos que hacer algo. -¿Por qué? -Porque yo sólo vengo a agendar reuniones. Tomás está al mando, no yo. Tendrás que trabajar mucho con él, es exigente y está soltero. -No sabía que además trabajabas de cupido.- Le dije irónica. -Sólo a veces.- Miró su celular.- Está aquí, acaba de llegar, ¿Le hago pasar? -¿Quién? -Tomás.- Me dijo elevando la mirada. -Vale, tú te quedas. -No puedo, tengo trabajo.- Me dio una sonrisa inocente. -¿Sabe que somos amigas? -Sí, por eso aceptó trabajar con su empresa, tenía referencias. No lo decepciones.- Me rogó. -Lo intentaré.- Le saqué la lengua. -Bien.- Sacó su teléfono y marcó.- Sí, suba, no pasa nada, le está esperando.- Colgó y me miró.-Viene subiendo, me voy. -Está bien, nos vemos mañana. -Adiós.- Me hizo un gesto con la mano y salió cerrando la puerta. Cinco minutos después la volvieron a tocar. -Adelante.- Casi grité. -Permiso.- Me quedé mirándolo un segundo y al reconocerlo una pequeña corriente eléctrica pasó por mi espalda. Era el chico del estacionamiento, el que le pegó a Andrés y el que me miraba mostrando un poco de nervios en sus ojos. Me sonrió y mi corazón se aceleró un poco, estiró su mano, yo estaba congelada de pie tras mi escritorio. -Buenos días, un placer volver a verle.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD