Capítulo 4

2129 Words
Me estaba tendiendo la mano y yo lo miraba como tonta. ¡Salúdalo, no seas idiota! Me dije a mi misma. -B…buenos días.-Acepté su mano.-Tome asiento. -Gracias.- Él también estaba nervioso, podía notarlo. Lo miré y le sonreí. -Lisette me comentó lo de las ampliaciones, sin embargo, no entró en detalles.-Me levanté y  caminé hasta llegar a mi cafetera. No podía mirarlo, me desconcentraba, sobre todo porque no sabía si iba a mencionar el percance del estacionamiento.- ¿Le apetece un café? -Sí, gracias.-Le estaba dando la espalda, por suerte. Le preparé el café y se lo tendí. Me miró antes de aceptar la taza, sus ojos cafés me hipnotizaban. Pero ¿Qué era todo eso? No tenía diez años. Respiré profundo y volví al mando. Yo podía. -¿Entonces…? -Entonces, necesitamos agrandar nuestra cede principal. Más ampliaciones, más oficinas, más espacios. Y para eso, hay que tener los planos previamente. Planos que usted sabe elaborar de manera eficiente, por eso Lisette la ha recomendado. -Creo que comprendo, bien, necesito ir a terreno, para ver el lugar. -Perfecto, podemos ir hoy mismo.- Me sonrió. Quería ir con él, pero estaba Andrés, no podía dejarlo plantado. ¿A quién quería engañar? Si podía, sólo no quería estar a solas con él. Me ponía nerviosa. -Lo siento, tengo vida fuera de estas cuatro paredes. -¿Implica eso el tipo aquel que la forzó anoche, señorita…?-No le había dicho mi nombre, y él tampoco el suyo. Aunque ya lo sabíamos. Me congelé mentalmente, forma amigable para decir que me quedé como idiota pensando qué responder, cuando hizo alusión a lo de anoche. -Valdivieso. Leonor Valdivieso.- Respondí a su pregunta no formulada.- Y lamentablemente sí, eso pertenece a mi vida fuera de aquí. Pero estamos hablando de trabajo. -Por desgracia.-Levanté mi vista hasta poder mirarle a los ojos. Me estaba observando y en todo él, podía ver nerviosismo y un poco de decepción. ¿Qué quería decir eso? No importa, da igual. -Creo que podría ir con Lisette a ver el terreno el viernes por la tarde. -Ese es su horario libre señorita.-Okey ¿Cómo sabía mi horario?  Me reí para mis adentros  recordando que nos obligaban a poner nuestro horario de trabajo en la puerta de entrada de la oficina. Observador de su parte, generalmente nadie lo nota.-Además, todo lo que tenga que ver con este proyecto me compete a mí, no a ella. -Está bien, usted gana.-Le estaba sonriendo, ¿Por qué? Ni idea.- Pero hoy no podrá ser, estoy ocupada. -Perfecto, entonces mañana, la llamaré para decirle la hora. Ahora me marcho.-Parecía satisfecho consigo mismo.- Por cierto, me llamo Tomás Miranda. Anoche no tuve la oportunidad de decírselo y hoy tampoco lo ha preguntado.-Sonrió, una sonrisa perfecta. -Lo siento, no había caído en cuenta.- Avancé hasta la puerta y se la abrí, claramente invitándolo a salir. -No hay problema, con su permiso señorita Valdivieso.- Avanzó a la puerta y cuando estuvo a mi lado, pensé que me tendería la mano, pero en vez de eso, se acercó y me besó la mejilla. Poco profesional, pensé. Pero por extraño que sea, por ser él, no me importó. Sobre todo porque alcancé a percibir su aroma. Una mezcla de jabón y perfume dulce, muy agradable. -Hasta pronto.-Mi voz sonaba ronca. -Eso espero.- Me sonrió y se fue. Cerré la puerta a sus espaldas. Uff ¿De qué iba todo esto? Bien, bien, bien. Miré el reloj, habían pasado apenas treinta minutos. Miré mi agenda, tenía otra reunión, la última. Pasé todo el día intranquila, pensando en unos ojos cafés que me miraban. Sonó el teléfono del escritorio y me sobresalté. -Arquitectos Del Canto, habla Leonor. ¿En qué puedo servirle?- Mi voz era monótona. -Llamo para agendar una reunión con usted.-Mi corazón se detuvo, era Tomás. -Hmm, si me dejara revisar mi agenda… -Mañana a primera hora. ¿Le parece? -Sí, está bien.-No podía pensar en otra cosa, mañana lo vería. -La recojo a las nueve. Adiós, un placer hablar con usted.- Lo dijo en un tono como si de verdad le hubiese agradado. -Hasta pronto.-Y colgué. Okey, no voy a negarlo, me atrae. ¿A quién no? Aunque sólo lo conozco de ayer. Pff, es atracción, nada de sentimientos. Me puse a ordenar archivos y a enviar correos cuando miré el reloj. Cinco para las seis, hora de irse. Tal y como lo imaginé. Andrés me esperaba en la entrada. -Buenas tardes.- Intentó besarme la mejilla, pero lo frené. -Buenas.- Conteste tosca. -He reservado en un restaurante muy bueno. -Me parece bien. -Vamos en mi auto. -En el mío.- No quería ir en su auto, pues no tendría cómo devolverme y no deseaba que él me fuera  a dejar al departamento. -Está bien.- Respondió con la voz apagada, como si le estuviesen llamando la atención por algo. Llegamos a un elegante restaurante en el centro de la ciudad. Era muy bonito, se lo habría dicho a Andrés, pero no quería que pensara que él me agradaba, aún. -Buenas noches, bienvenidos, ¿Tienen reserva?- Nos preguntó una joven elegantemente vestida, acorde con la decoración del local. -Sí, a nombre de Andrés Contreras. -Efectivamente, síganme, por aquí, por favor. El local era muy grande, tenía muchos sectores. La señorita nos llevó a un comedor privado. -Muchas gracias.-Le dijo Andrés y luego me miró. La joven nos dejó el menú y se marchó cerrando la puerta. -No sé por dónde empezar.-Dijo nervioso. -Tienes muchas opciones.-No pude evitar hablar con cierto sarcasmo e ira. -Ya, tienes razón, bueno yo… quería agradecerte por darme la oportunidad de conversar, ahora, teniendo en cuenta que no quieres verme. Me quedé callada, permitiéndole que continuara con su discurso, que sospechaba, tenía memorizado. -Y pedirte disculpas por… -¿Por?- No es que fuese rencorosa, pero me gusta que quienes cometen errores, los reconozcan, incluyéndome. Pero en este caso me gustaría hacer una excepción, él debía reconocer uno a uno los errores que cometió conmigo. -Por lo de la otra noche, no debí hacer lo que hice, sólo no sabía cómo acercarme a ti, te lo había mencionado ya. -Creo que sí. -Pues sí, y creo que tu nuevo novio me demostró de sobremanera que no desea que me acerque a ti, lo comprendo, créeme, a mí me pasaba lo mismo. Quedé atónita. ¿Mi nuevo qué? Vamos, que apenas le conocía hace dos días… vale, una cosa era no poder dejar de pensar en él y que al parecer, él me enviaba indirectas indicándome que le pasa lo mismo, y otra muy distinta era ser novios. Imposible. -No sabes lo que di… -No, no me debes explicaciones, créeme, sólo que me moriré de celos cuando los vea juntos, pero perdí mi oportunidad y, aunque me duela, lo comprendo. No supe en qué momento comenzamos a hablar de Tomás, en serio. Apenas llevábamos quince minutos aquí y ya estábamos conversando algo medianamente serio y algo que probablemente, no terminaría bien. Ni siquiera habíamos mirado el menú, y la verdad es que no tenía hambre. No sabía qué decir. Bueno sí, debía decirle a Andrés que Tomás no era mi novio. Aunque te gustaría que lo fuera. Esa pequeña voz sonaba en mi cabeza y me dejó pensando un poco, pero me devolví a presente cuando sentí los ojos de Andrés sobre mí. -¿No dirás nada? Iba a explicarle todo, pero sólo dije: -Tengo que ir al servicio, permiso. Tomé mi bolso y fui al baño sin poder quitarme los ojos cafés de Tomás de la cabeza. Me miré en el espejo y vi mi reflejo. Estaba un poco pálida pero bien. Respiré hondo y me lavé la cara. Momento de regresar. Sabía exactamente qué era lo que tenía que decirle a Andrés, partiría por explicarle lo de Tomás y luego, que él me pida disculpas, que de seguro hará, las aceptaré, le diré que los disculpo pero que sería conveniente no volver a vernos. Era lo mejor. Iba caminando rápido y mirando el piso, pensando en todo cuando choco fuertemente con alguien, al parecer fue culpa mía. -Lo siento, no quería, sólo iba distraída. -No fue culpa suya, también iba distraído, pensado en usted precisamente. Levanté la vista para encontrarme con un alegre Tomás. -Definitivamente se ve mejor fuera de la oficina. Se acercó y me besó la mejilla, y como era de esperar, yo me quedé callada y me demoré un poco en contestar. -Buenas noches. -Buenas noches.-Miró el local.- Asi que ¿Aquí corresponde su vida fuera de la oficina? Francamente, no es su asunto. -No, hoy es un caso especial.- Respondí un poco desconcentrada por su presencia, pero retomé mi cordura en seguida.- ¿Y usted? ¿Qué hace aquí? -Una cena de trabajo, pensé que sería aburrida, pero mire por dónde las cosas pueden cambiar. -Pienso igual que usted. -Por favor, tutéeme. -Lo mismo usted.- Las formalidades no eran lo mío. -Perfecto.-Me sonrió nuevamente. Quedamos mirándonos unos segundos que parecían horas, hasta que sentí que decían mi nombre. -Leonor, me preocupé, te estabas demo… Me giré rápidamente, un poco confundida, y al parecer, Tomás también. -Andrés, te presento a… -Tu novio, lo recuerdo.-Dijo un poco melancólico. Esto no es bueno, no había alcanzado a aclarar las cosas, quizás qué pensaría Tomás. -No, no, es un error.-Dije ruborizándome un poco.- Él no es mi novio, es un cliente de la empresa. -¿Un cliente de la empresa?-Andrés estaba confundido, quería aclarar las cosas, no por Andrés, sino por Tomás. -Efectivamente.-Tomás por fin habló.-Soy Tomás Miranda, pero ya nos conocíamos, tú eres el chico del estacionamiento. -Hmm, sí, también te recuerdo, cómo olvidarlo.- E hizo un gesto de dolor tocándose las costillas. -Presentaciones terminadas, ahora nos debemos ir, que disfrutes tu velada Tomás.-No sé por qué presentía que las cosas entre estos dos no acabarían bien. Ah, ya lo recuerdo, Tomás le pegó a Andrés. Me paré al lado de Andrés y éste me tomó del brazo, vi justo cuando Tomás se tensó y apretó los puños, pero cuando me solté de Andrés, se relajó. ¿Qué fue eso? -Buenas noches Leonor, un placer haberte visto, nos vemos mañana en tu oficina.-Se acercó y me besó la mejilla. -Hasta mañana. El resto de la velada pasó ‘tranquilamente’. Aclaré las cosas con Andrés y quedamos en que intentaríamos ser amigos, aunque no creo que fuera a funcionar, pero no perdía nada con probar. Llegué a mi departamento cansada, pensando en lo que había pasado hoy. Sobre todo con Tomás… Lo conocía hace tan poco, sin embargo, se ha colado en mis pensamientos y no puedo estar tranquila con él cerca, me pone… nerviosa. Hasta el momento él también ha dado indicios de que le agrado más de lo que debería, pero prefiero no fiarme. En todo caso, no puede pasar nada, quizás intentemos ser amigos. Pero recuerdo su reacción cuando Andrés me tomó del brazo, parecía que echaría espuma por la boca. No seas idiota. Estas pensando todo mal, te estas confundiendo tú solita, tienes sueño, por eso piensas así. Me dije a mí misma. Me recosté en mi cama una vez preparado todo para el día siguiente y con mi pijama puesto. Me dormí en seguida. -Buenos días Samuel. -¿Y esta sorpresa? No llegas tarde.-Se burló. -Tengo trabajo, hasta luego.-Le hice un gesto con la mano, sonriendo. -Hasta luego. Fui directo a los ascensores, presioné el botón y entré. Me miré en los espejos, iba bien, con tacos negros, una falda gris, una blusa blanca y el pelo recogido en un desarmado tomate. Formal pero no tanto. Las puertas se estaban cerrando cuando Tomás alcanzó a entrar. -A tiempo.- Sonreí. -Justo a tiempo para verte, buenos días.-Me sonrió de vuelta y yo, nerviosa, miré mis pies. -Buenos días. Presioné el botón y subimos en silencio, bastante incómodo. Cuando al fin llegamos, dije: -Firmo el libro de asistencia y nos vamos. ¿Te parece? -Por mí bien. Nos fuimos callados todo el camino. De vez en cuando sentía su mirada recorriendo mi cuerpo, mi rostro y eso me ponía más nerviosa de lo que ya estaba, no podía moverme con tranquilidad, aun estando en un espacio tan pequeño. Al fin llegamos. -Bien, ¿Qué te parece?- Estudió mi reacción. Miré el lugar, se veía bastante amplio como para lo que teníamos pensado. -Hasta el momento, creo que bien.- Hice una mueca.- Sería mejor dar una vuelta. -Como quieras.-Me sonrió dulcemente y mi corazón se paró un milimilisegundo, lo suficiente como para provocarme un paro cardiaco. Dimos unas vueltas hasta llegar a la parte trasera del lugar, era de tierra y piedras. Yo, como de costumbre, andaba con tacos, lo cual me complicaba el andar, pero qué le voy a hacer. Seguí caminando. Y como si los ángeles estuvieran en mi contra, a los pocos pasos de caminar mi taco se quebró, mi pie se dobló bruscamente y caí al suelo. Muy bien Leo. Espectacular. -¡Leonor! ¿Estás bien?-Tomás de agachó rápidamente a mi lado.- Deja que te ayudo. -No, está bien, no pasa nada.- Intenté levantarme, pero cuando mi pie tocó la tierra, punzadas atacaron mi tobillo.-Ayyy… -Para, para.-Me dio un extraño tipo de abrazo y se separó.- Déjame ayudarte ¿Si?- Me miraba ansioso y diría que un poco preocupado. -Está bien.-Contesté hipnotizada por su mirada. Me tomó en sus brazos y yo me afirmé de su cuello. -Te llevaré al hospital. -No es necesario, en serio, gracias de todas formas. -No me gusta cómo se ve tu tobillo. -No puedo, voy a juntarme con Lisette al rato. -No, iré yo contigo.-Dijo seriamente sin admitir discusión. Llegamos a mi auto y me sentó de copiloto. -Si quieres nos ahorramos todo tipo de discusión y me dices dónde queda el hospital. -¿O…?-No me gustan mucho los hospitales. Sonrió de medio lado, de forma coqueta y provocadora.  -O, voy a tu casa y juego al enfermero contigo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD