Capítulo 5

1816 Words
‘¿O voy a tu casa y juego al enfermero contigo?’ Seguramente no se entera de lo  sexy  que suena eso. -Tu pie se está poniendo feo, si no decides pronto, decidiré yo por ti.- Sus ojos tenían una pisca de maldad. -Está bien,- Contesté evasiva.- vamos al hospital. Sonrió victorioso y puso mi auto en marcha. Llegamos al hospital y una señorita nos atendió enseguida. Ella miró a Tomás como si quisiera besarlo e inesperadamente sentí unas pequeñas ganas de abofetearla. De sacarle los ojos. De jalarle el cabello. De… ¡Auch! Mi pie. Sentí que me tomaban de la cintura y volví al planeta Tierra. La joven me miraba pidiendo una respuesta. -¿Perdón?- Dije al instante. -Su nombre… -Leonor Valdivieso. -Nombre de su acompañante.-Siguió. -Tomás Miranda.- Respondió Tomás, afirmando su agarre en mi cintura. Lo que provocó que mirara la punta de mis pies. -Su parentesco… Ambos nos miramos al segundo. ¿Quién respondería? Y ¿Qué? Yo no lo haría. ¿Decir que somos novios? No, no lo somos, aunque lo reconozco, no me molestaría. ¿Amigos? Los amigos no se coquetean, hasta donde yo sé. Y por el momento ha sido él quién me ha coqueteado. -Soy… su compañero de trabajo.- Dijo y me miró. Creo que fue lo más sensato de decir. Lo miré también, pero era demasiado sostener su mirada, así que desvié la mía hacia la señorita, quién estaba firmando el papel con mis respuestas y levantándose de su silla. -El doctor la atenderá de inmediato. -Muchas gracias.- Respondimos los dos al mismo tiempo. Yo me puse nerviosa, para variar, y miré la punta de mis zapatos. Me ayudó a ir a la sala de espera y se sentó a mi lado. -¿Sabes? Aun estando en esta situación, me gusta mucho estar contigo.- Dijo Tomás y me giré para mirarlo a los ojos.- Y me gustaría que a ti te pasara lo mismo. Y en ese mismo instante me di cuenta de que nuestra relación de cliente-empleador o como sea que se le diga, nunca había existido. Jamás. Siempre había sido de coqueteos mutuos  y miradas provocativas. -Creo que siento lo mismo.- Respondí nerviosa, pero sin dejar de mirarlo. Sonrió y posó su mano en mi hombro, luego la deslizó al cuello y hasta mi nuca. No me moví a lo largo de su pequeño recorrido, el cual, por cierto, había provocado en mí, más que un simple acaloramiento. Siendo apenas consciente, vi como su rostro se iba acercando al mío. La anticipación de lo que venía me tenía más que nerviosa. Ya casi estaba llegando. Lo miré y vi que sus ojos estaban clavados en mis labios. Cerré mis ojos, sentía su respiración, su aliento en mi boca y… dijeron mi nombre. Me aparté bruscamente y aturdida me levanté. -¡Leonor!- Era Carlos.- Leí tu ficha, ¿Estás bien? Déjame examinarte. Miré a Tomás, que se había incorporado hasta quedar a mi lado. -Carlos, no pasa nada, no quería venir, de hecho, pero aquí estoy. Por cierto, él es Tomás. Tomás le tendió la mano y Carlos la aceptó. -Tomás, él es Carlos, el novio de Lisette. -¿El novio de Lisette?- Sonrió.- Un gusto conocerte. Carlos me miró y me llevó a su consulta, me revisó y dijo que debería guardar reposo todo el fin de semana. Salimos del hospital y me despedí de Carlos, quedando a solas con Tomás. -Creo que es hora de irme a casa.-Dije, rogando que no comentara nada de lo ocurrido en la sala de espera. -¿Conducirás tú? -No, llamaré a Lisette, me iba a juntar con ella ahora, le pediré que me lleve a casa, podríamos hacer algo ahí. Me miró y podría decir que estaba pensando en sus opciones. -¿Qué tal si te llevo a casa y se juntan con Lisette allí? No tendrías que esperar. Era mi turno de pensar mis opciones. Tenía razón, si me llevaba él, no tendría que esperar. -Está bien, te lo agradecería mucho. -No tienes por qué, puedes estar segura de que soy yo quien se siente realmente a gusto. Me quedó mirando y preferí apresurarme a subir a mi City Car en el asiento del copiloto. -Recuerdo el camino a tu edificio.-Dijo mientras encendía el auto. -Lo imaginaba.- Respondí.- Por cierto, ¿Qué hacías ahí? Lo miré de reojo, se veía bastante guapo conduciendo. -Visitaba a mi hermano.- No se demoró en contestar, así que supuse que no mentía.- Luego de lo que pasó…- Sentí su mirada.- fui a una celebración, a la cual, tú también fuiste. Lo recordaba, pero sólo ahora había conectado todo. Luego que dejé el edificio, Lis me llamó, me dijo que su jefe también iba tarde, lo que era raro, pues él era muy puntual. -¿Cómo supiste que…? -Te vi.- Me interrumpió.- Te vi saludando a un montón de gente y luego te vi irte del lugar. Tu no me viste pero yo sí a ti. Miré por la ventana, las cosas pasaban por delante de mí. Estaba ciega como para no haberlo visto esa noche. -Llegamos. Marqué la clave para el estacionamiento y él se detuvo en el mismo lugar de aquella noche. Nos bajamos del auto y me quedé congelada. -Hmm ¿Quieres tomar algo?-Miró su reloj y luego a mí. Ya había caminado todo el espacio que nos separaba, ahora se encontraba frente a mí. -Me encantaría, pero no puedo, tengo que ir a una reunión. Pero te cobraré la palabra, un día saldremos a tomar algo por ahí. Yo asentí con la cabeza y él se acercó a besar mi mejilla. Se quedó ahí por más tiempo de lo necesario, luego sentí su aliento en mi oreja. -No sabes cuánto desearía terminar lo que empecé en el hospital. Ya no podía respirar, era demasiado tenerlo tan cerca. Volvió a besar mi mejilla, pero esta vez no se detuvo. Siguió besándome hasta casi llegar a mis labios. Nuevamente sentí su aliento en mi boca, su respiración acelerada, esta vez nadie nos interrumpiría. Él siguió donde mismo, sin moverse, entonces fui yo quien continuó. Tomé de su cuello y lo acerqué definitivamente a mis labios. Él se relajó besándome, sus labios eran suaves y muy tiernos con los míos. Intentando no dañarlos. Su aroma, embriagador, me tenía mareada. Se sentía muy bien besarlo, digo, realmente bien. Sus manos estaban en mi rostro, pero bajaron por mis brazos y tomaron mi cintura, pegándome más aún a él. Me separé primero, necesitando respirar, pero Tomás volvió a acercarse a mí. -No, aún no.- Dijo con voz ronca y ojos hambrientos. Volvió a besarme, pero no fue tierno como el primero, sino más bien necesitando no apartarse de mí. Volví a sepárame, en serio, necesitaba respirar, pero permití que sus brazos siguieran sujetándome cerca de él. -Creo que eso no debió pasar.- Dije. -Creo que eso era necesario que pasara,- Respondió enseguida.- no iba a aguantar mucho tiempo más. -Eres mi cliente y jefe de mi mejor amiga.-Dije un poco nerviosa, bueno, bastante nerviosa. Me separé completamente de él, dejándolo con los brazos caídos. -Entiendo tu punto, pero no lo comparto.- Se acercó a mí y puso sus manos a ambos lados de mi rostro, luego, pegó su frente a la mía.- No podré dejar pasar mucho tiempo para volver a besarte.-Se separó y con sus dedos tocó sus labios.-Mucho menos ahora que sé lo que se siente. Y ¿Qué decía yo ahora? Para mi suerte, mi teléfono sonó. ¡Lisette! Olvidé llamarla. -Hola.-Respondí aun mirando  Tomás. -‘A las tres en la cafetería.’ ¿Qué pasó con eso? -Lo siento, olvidé llamarte, ven a mi casa, acá te cuento, no puedo ir al centro. -Vale ¡Aquí te pago el favor que te debía! Adiós, nos vemos. Colgué. Tomás me seguía mirando fijamente. ¿Qué le decía? -Mira, no me malinterpretes, me ha gustado lo que ha pasado.-Dije. -¿Pero? -Pero, eres mi cliente y nos conocemos hace qué… ¿Dos, tres días? -Tienes razón. -Y mientras eso no cambie, creo que no podrá pasar mucho, aunque me cueste, para ser honesta. -¿Te cuesta no poder estar cerca de mí?-Preguntó ansioso, realmente ansioso. -¿Me dirás que no te has dado cuenta? Sonrió, se acercó hasta mi rostro y luego me besó la mejilla. -¿Puedes subir sola? -Seguro, no hay problema. -Hmm, entonces mejor me voy. Adiós.-Respondió entre nervioso y decepcionado. -Adiós.- Le dije sin muchos ánimos. Lo vi irse y dejarme ahí, aturdida. ¿Realmente acababa de besarlo? ¿Nos besamos? Bien, tenía mucho que contarle a Lis. Subí a mi departamento aun pensando en lo que pasó. Toqué mis labios, estaban fríos. Sinceramente yo tampoco creo que pase mucho tiempo antes de volver a besarlo. Estaba segura. Cuando abrí la puerta de mi departamento, fui directo a la ducha, aunque cojeaba, no sentía dolores fuertes, lo que me permitió moverme sin complicaciones. Salí del baño y preparé algo para cuando llegara Lisette. Tocaron el timbre y abrí la puerta. Lisette me miró de pies a cabeza y me dio un gran abrazo. -También me alegro e verte.-Le dije. -Tonta, me asustaste. -No fue nada grave, sólo me torcí el pie, pero Tomás me obligó a ir al hospital, así que no tuve muchas opciones. Recordé la otra opción que me él me había dado, venir a mi casa y jugar al enfermero. ¿Qué habría pasado? Nada, pues que lo del beso se habría adelantado unas horas. -Espera, retrocede, ¿Tomás? ¿Mi jefe? -El mismo.-Comencé a relatarle todo hasta llegar a lo de nuestro beso.-Hay más.-Dije. -¿Más aún? Yo también tengo que contarte algunas cosas.-No lo dijo como si estuviese aburrida de escucharme, sino de querer complementar lo que dije con más. -Lisette, nos besamos. Sus ojos se abrieron muchísimo. -Sí, nos besamos y te puedo decir que fue muy agradable.-Continué. -Vaya, eso explica mucho. Fruncí el ceño, claramente pidiendo que me dijera más, pero no lo hizo, me vi obligada a continuar. -Además, Tomás era el chico del cual te hablé, el que le pegó a Andrés, yo no lo sabía, hasta ese día que fuiste a mi oficina. -¡Esto es genial! Es una historia de ensueño…- Ya comenzaba a exagerar. -No te hagas ilusiones que no va a pasar nada.-Dije bastante decepcionada. Bastante. -¿Y eso?  ¿Por qué? -Porque es mi cliente y tu jefe. Lisette me miró como diciendo que no diga estupideces. -¡Bobadas!- Me dijo- No te lo hagas a ti y tampoco a él. Era precisamente de eso de lo que te quería contar. Pensé que al fin mi trabajo de cupido funcionó. -¿Cómo?- Estaba claramente intrigada. -Bueno, Tomás es muy serio y todo, pero como hace casi cuatro días atrás, anda extraño, ya sabes, volando bajo, olvidadizo y todas esas cosas.-Lis estaba seria.-No lo había visto así desde… -¿Desde? -Desde que rompió con su antigua novia, y ni siquiera ahí. -¿Hace cuánto?-No era que me importara. -Siete u ocho meses. Una corriente de alivio me atravesó. -Y me pidió tu número de teléfono. -¿Si? -Sí, y se lo di.- Me dio una de sus típicas sonrisas que demostraban su supuesta inocencia. -No pasa nada, creo que lo iba a conseguir de todas formas. -Eso pensé… por cierto, me compré un vestido muy lindo, estaba en oferta en…-Y así se pasó nuestra velada, conversando y viendo películas. A ratos miraba mi teléfono, esperando algún mensaje o algo de un número desconocido. Estábamos viendo una película cuando mi celular vibró en mi bolsillo. No quería contestar con Lisette al lado, eso despertaría más sospechas, pero si no contestaba, no hablaría con Tomás, porque estaba segura que era él. El móvil dejó de vibrar y me sentí aliviada. Pero enseguida comenzó nuevamente. No tenía más escapatoria, tenía y quería contestar. Me alejé hacia la cocina americana que tenía, y sin mirar la pantalla, contesté. -¿Diga?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD