-Leonor, hija.-La chillona voz de mi madre sonó a través del teléfono. Y la decepción me partió en dos. -Madre… -¿Cómo estás? -Ehh… bien.- Hasta yo era consiente que mi voz no podía alcanzar un tono más decepcionado. -No suenas así.-Mi madre piensa que quebrarse una uña es fracturarse la columna, así que evitaría comentar lo de mi tobillo. -No pasa nada mamá, dime ¿Para qué llamabas? -Para saber cómo estabas y para invitarte el próximo jueves a un almuerzo aquí en la casa. -Genial.-Sonreí.- Y ¿Cuál es el motivo? -Tu padre está comenzando un trabajo nuevo, le ascendieron. -Que buena noticia mamá, por supuesto que ahí estaré. Hasta entonces. Te quiero. -También yo, hija.-Y colgué. Volví a mi lugar en el sillón, aun pensando que no fue Tomás quien llamó. -¿Quién era?-Preguntó Lis

