El instituto

704 Words
El sueño está tratando de apoderarse de mí, pero mi cabeza tiene demasiada excitación en su interior como para dejar que eso suceda. Noto a la gente a mi alrededor, pero todo está calmado. Noto una mano subiendo la manta que me tapa el brazo. Debe ser él. Debe creer que estoy dormida. Los dos primeros cursos en el instituto han sido un poco caóticos, no me he adaptado bien, no me gusta el ambiente y los profesores son como mercenarios, a casi nadie le importa lo que los alumnos piensen, así que me cuando por fin encuentro amigos, suelo salir al parque que está en frente del centro, en las clases más aburridas o que no me gustan. Suelo salir con Bea y, a veces, con su novio. Ellos escuchan la música que me gusta y solemos hablar de temas que nos interesan, así que es fácil pasar el rato con ellos. Sigo viendo a Laura, pero ahora quedo más con Bea. No es que haya pasado nada, simplemente que nuestros gustos son más similares y acabamos yendo a los mismo sitios, aunque sigo siendo tímida, y eso la gente lo confunde con ser antipática, aunque hay gente que tiene la mente más abierta y se acerca, así que por fin tengo más amigos con los que salir. Es la adolescencia, la época rebelde por la que todos pasamos, pero miro a mis amigos y la mayoría no tiene tantas dificultades como yo. Los veranos suelo trabajar para tener un poco de dinero, incluso en los cursos finales del instituto falto bastante a las primeras clases para poder cuidar a niños. La verdad es que no me quejo, puedo tener dinero e independencia antes que otros chicos de mi edad, pero también estoy encaminando mi vida por un rumbo que no quiero. De la noche a la mañana, lo que era una vida de niña se me ha convertido en la vida de adulto. Lo que iban a ser cuatro años de instituto se han alargado y he tenido que comenzar a estudiar a distancia a causa del trabajo, pero esto me ha dado independencia. Tengo coche y un coche de quinta o sexta mano, pero que es el primero en el grupo de amigos. Ahora vamos a la discoteca en coche. Sábado por la noche. Es mi día preferido en esta época de mi vida. Pasaba media tarde arreglándome para luego pasar media noche metida en el coche comienzo pizza y helado, esperando la hora en la que la discoteca estaba más animada. Alguna vez, antes de tener coche, ya habíamos pasado la noche fuera, engañando a los padres, diciendo que estábamos en casa de la otra, pero no era como ahora. Pasar por la pizzería, comprar varias pizzas, bebida y helado y juntarnos varios coches, con la música a tope, para cenar haciendo tiempo. Es un buen recuerdo el que tengo de esos fines de semana. Ropa y maquillaje sacados de revistas que nos pasábamos llegadas de USA, eso fue antes de tener internet a mano. Quizás debería escribir solo sobre las anécdotas que vivimos en esa discoteca. Oh, señor, si es que solo con recordad cada uno de sus rincones me viene a la cabeza una anécdota, aunque ninguna como esa fiesta de fin de verano. No sé con quien fui, pero recuerdo perfectamente que estaba a un lado de la pista bailando y al otro lado uno de los chicos populares. No sé cómo, en uno de esos momentos en los que me quedo absorta en mi propio mundo y no me doy cuenta de lo que me rodea, debí mirarlo y él me devolvió la mirada. La verdad es que no le estaba mirando a él, ni a nadie, pero de repente mi conciencia volvió a mi y me encontré con su mirada al otro lado de la pista de baile. Creí morir de vergüenza, así que agarré a mi amiga del brazo y la arrastré fuera de la disco, para irnos a casa. Desde entonces la No relación con Raúl fue una constante en mi vida. Aunque a su favor, tengo que decir que, sin saberlo, me ayudo a salir de una relación de mierda que tenía.
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