Capítulo 1: El Incidente en el Campo de Entrenamiento
El sol brillaba sobre el campo de entrenamiento mientras Kumi Sugimoto se sumergía en su propia mente. Sus pensamientos giraban en torno a la próxima audición de ballet, repasando cada movimiento, cada paso, cada expresión facial. Como manager del equipo japonés, era su responsabilidad asegurarse de que todo estuviera en orden para el día del evento, pero en ese momento, todo lo que podía ver era el escenario de la audición.
Ajena al mundo que la rodeaba, Kumi no notó el suave sonido de los pasos acercándose desde atrás. De repente, una pelota de fútbol golpeó su rostro con fuerza, sacándola bruscamente de su ensoñación. Un grito de sorpresa escapó de sus labios mientras se llevaba las manos al lugar del impacto, sintiendo el dolor punzante en su mejilla.
Taro Misaki, uno de los jugadores del equipo, corrió hacia ella con una expresión de preocupación. "¡Kumi, estás bien?", preguntó, su voz llena de ansiedad mientras se arrodillaba a su lado.
Kumi parpadeó varias veces, sacudiendo su cabeza aturdida mientras trataba de recuperar el aliento. "S-sí, creo que sí", murmuró, sintiendo la sangre latiendo en su mejilla donde la pelota la golpeó. Se llevó una mano temblorosa al lugar del impacto, sintiendo la piel sensible bajo sus dedos.
Ishizaki, el jugador responsable del lanzamiento accidental, se acercó tímidamente, su rostro lleno de remordimiento. "Lo siento mucho, Kumi-san", dijo, su voz llena de arrepentimiento. "No te vi ahí parada. ¿Estás lastimada?"
Kumi le ofreció una sonrisa tranquilizadora, aunque todavía sentía el dolor pulsante en su mejilla. "Estoy bien, Ishizaki-san", respondió con calma, tratando de no preocupar a los demás. "Solo fue un golpe sorpresa. No te preocupes por mí."
El entrenador del equipo se acercó, expresión preocupada en su rostro. Después de asegurarse de que Kumi no necesitaba atención médica, instruyó al equipo para que continuara con su entrenamiento mientras él llevaba a Kumi a la enfermería para un chequeo rápido.
Mientras caminaban hacia la enfermería, Kumi se esforzó por sacudirse la sensación de mareo que la envolvía. Aunque el golpe había sido inesperado, no podía permitirse distraerse por mucho tiempo. Tenía una audición importante que preparar, y no dejaría que nada, ni siquiera un golpe en la cara, se interpusiera en su camino hacia su sueño de convertirse en una bailarina profesional.
Kumi salió de la enfermería con determinación, sintiendo el latido acelerado de su corazón mientras se apresuraba hacia el lugar de la audición. El tiempo se deslizaba entre sus dedos como arena, y cada segundo perdido le pesaba como una losa sobre los hombros. Con cada paso, se repetía a sí misma que no podía permitirse llegar tarde, que su oportunidad estaba en juego y no podía desperdiciarla.El viento azotaba su cabello mientras corría por las calles, esquivando a los transeúntes con una agilidad nacida de la urgencia. Cada músculo de su cuerpo estaba tenso con anticipación, cada pensamiento enfocado en el objetivo final: llegar a la audición a tiempo, lista para brillar en el escenario.Finalmente, llegó al lugar de la audición con el aliento entrecortado y el corazón martilleando en su pecho. Sin detenerse ni un segundo, se dirigió directamente hacia el vestuario asignado, donde se cambió con rapidez y precisión. El tiempo parecía ralentizarse a su alrededor mientras se deslizaba en su traje de ballet, sintiendo la familiar sensación de libertad y poder que solo la danza podía brindarle.Una vez vestida y lista, Kumi se enfrentó al espejo, mirando fijamente su reflejo con determinación en los ojos. No importaba cuán caótico hubiera sido el comienzo de su día, esta era su oportunidad para brillar, y no la dejaría escapar.Con una respiración profunda para calmar sus nervios, salió del vestuario y se dirigió hacia el escenario, donde la música esperaba para llevarla a un mundo de gracia y expresión. A medida que la melodía llenaba el aire, Kumi se sumergió en su rutina, dejando que su cuerpo se convirtiera en el vehículo de su arte.Cada salto, cada giro, cada movimiento fluía con gracia y precisión, como si fuera una extensión natural de su ser. A pesar del comienzo tumultuoso del día, Kumi se sentía viva, llena de energía y pasión mientras danzaba frente a los ojos críticos de los jueces.Cuando finalmente llegó al final de su rutina, Kumi se detuvo, con el pecho jadeante y los ojos brillantes con emoción. Sabía que había dado lo mejor de sí misma, que había dejado su corazón y su alma en el escenario.Ahora, solo quedaba esperar y ver si su determinación y su talento habían sido suficientes para impresionar a los jueces y hacer realidad su sueño de convertirse en una bailarina de ballet profesional.