Capítulo 4: “Dime Aarón”

1402 Words
Narra Evangeline La presencia del señor McKellen fue inesperada, me sentí apenada por no tener ropa suficiente; estar en short y la parte superior de mi bikini, me hacía sentir desnuda, era inapropiada mi vestimenta, por lo que sostuve el vaso de agua con ambas manos y lo elevé a la altura de mi pecho, traté de cubrirme tras un vaso de cristal. —Evangeline, ¿Qué haces a esta hora aquí? El señor McKellen aparece con su bata de dormir amarrada en su cintura, se veía tan costoso y refinado con esa tela brillante de color azabache. —Oh, señor McKellen. —¿Acaban de volver? —pregunta él mirando el reloj que está en la pared. —No, yo… nosotras volvimos hace un par de horas, bajé porque no podía dormir. —Oh, ya veo; parece que estamos en la misma situación, no he podido conciliar. El hombre da un par de pasos más al interior de la cocina, apoya su cadera en la barra de la cocina y cruza sus brazos y piernas. —Has cambiado mucho, Evangeline —comenta de la nada—. Si te hubiese visto en otro lugar no habría podido reconocerte, ¿Cuántos años han pasado desde la última vez que estuviste aquí en Miami? —Creo que han pasado cinco años, señor. Y… por ciento, usted también ha cambiado demasiado. Desde que llegué a su casa noté un cambio radical, no solo era su físico; en él se nota una luz muy diferente, podría decir que el divorcio le ha sentado bien. Ya no tiene esa expresión de mal humor en su rostro, hasta donde recuerdo, su cara mantenía ese gesto de enojo, sus cejas encontradas y su mandíbula tensionada. Cuando venía en las vacaciones, solo lo veía a la hora de comer en el comedor y cuando salía o llegaba de su trabajo, nunca pude tener una conversación de más de tres frases con el señor McKeller, debo confesar que aparte de siempre haberme parecido muy guapo, también me daba algo de miedo. Me pregunto si su manera de antes comportarse y de verse, se debía a la mala convivencia con la señora Gillian. —¿Cuántos años tienes? eres contemporánea con Kate ¿verdad? —Sí señor, somos contemporáneas, tengo 21 años. Él asiente con su cabeza, luego noté como sus ojos bajaron recorriendo mi cuerpo, lo que me hizo tensionar; ya no sabía cómo debía pararme o si debía moverme. —¿Puedes recordarme que es lo que estudias? —Economía, soy estudiante de economía. —Vaya, no sé por qué tuve la impresión de que estudiabas comunicación social o algo así por el estilo. En su boca se dibuja una pequeña sonrisa, lo que empieza a romper la tensión del momento. —No, no, no podría estudiar algo así; la verdad no soy tan buena para hacer relaciones sociales, no tengo tan buena oratoria para entretener a las personas, hasta me trabo cuando hablo con alguien que no conozco y tartamudeo cuando estoy nerviosa; hasta me pasa que puedo hablar demasiado y a pesar de saberlo no puedo cerrar la boca, justo como lo estoy haciendo ahora y lo siento mucho, señor McKeller. El hombre muerde sus labios y contiene una sonrisa aún más amplia. —Está bien, algunas personas dicen que se sienten intimidadas cuando hablan conmigo; no sé si sea mi tono de voz, mi expresión o mi estatura. Llevé el vaso de agua a mi boca y tomé un trago más, ese tragó se escuchó cuando pasó por mi garganta y pude escuchar el recorrido que hizo hasta llegar a mi estómago. —Me alegra que estés aquí Evangeline, tu compañía es importante para Kate; ella te necesitaba en casa para poder estar más tranquila, imagino que te contó lo de nuestro divorcio. —No, bueno sí, algo así me contó. Lamento mucho que se hayan separado. —¿Lamentar? No hay que lamentar, algunas veces las personas deben distanciarse para ser realmente felices. El hombre despega su cuerpo de la barra y camina hacia a mí, la respiración se me cortó, el corazón me rebotó en el pecho; por alguna razón en mi cabeza creí que su acercamiento repentino se debía a algo indebido, me imaginé una escena en mi cabeza muy fuera de la realidad, lo que me sorprende, es que no me moví; es como si yo quisiera que eso que cruzó por mi mente, realmente sucediera. El señor McKeller no quita sus ojos de mí, yo sostuve mi vasito de agua con fuerza, solo me aferraba a eso; quise preguntarle algo, decirle alguna cosa, logré abrir un poco mi boca en el instante que quedó a solo un paso de mí, pero de la nada se desvió al refrigerador para tomar un poco de agua. —Me imagino que luego de las arduas clases en la universidad, deseas tener un verano divertido ¿no es así? —Sí así es, señor McKeller. El hombre vuelve a tomar mi dirección y tuve que dar dos pasos hacia atrás, casi que me mata de la impresión. Lo vi extender su brazo frente a mí para tomar un vaso de la alacena, lo vi servir el líquido con lentitud haciendo que el sonido del agua cayendo en el vaso, sea más sonoro. Luego llevó el vaso a su boca y lo tomó en cinco tragos, lo sé porque conté las veces que bajó y subió su manzana de Adán por su garganta. —¿Tu novio vendrá a disfrutar de las vacaciones contigo? —¿Eh? ¿mi qué? —Tu novio, me imagino que él querrá venir a Miami también, no creo que quiera dejarte todo el verano sola. —No señor, yo… yo no tengo novio. —Eso no lo puedo creer, eres una mujer muy guapa como para estar soltera. Mi corazón subió a mi garganta, tuve que volver a tragar para hacer un intento de responder, ¿él me dijo guapa? ¿eso es un cumplido? —Oh, gracias por lo de guapa señor McKeller; realmente, llevo soltera dos meses, es que… bueno, terminé con mi novio. Es una larga historia, solo Kate la conoce a la perfección. Tenía varias semanas sin que nadie me recordara a Adrián, pensar en él no es algo que me ponga de muchos ánimos, tuvimos una relación compleja, por lo que pensar en él es como si yo misma me apuñalara. —Veo que no te gusta mencionarlo, tu expresión cambió muy rápido. —Es usted bueno identificando ese tipo de cosas —comenté bajando mi cabeza para tratar de canalizar mi humor. —Mi trabajo me ha llevado a aprender algunas cosas, por lo que puedo decir que ese joven debe ser un idiota para dejar a una chica como tú, ¿puedo saber la razón de su ruptura? —En eso estoy de acuerdo con usted, él es un completo idiota. Simplemente no estaba seguro de lo que quería conmigo, un día estaba bien y luego ya dudaba de si realmente quería tener una relación. —Niños inmaduros —dice frunciendo su boca—. Esos nunca saben lo que quieren, no pierdas tu tiempo con jovencitos así. Son personas que no aportan nada a tu vida, ¿Qué te puede enseñar un chico que no sabe ni lo que quiere para él? Creo que no se equivoca, pero ¿Qué quiere decirme con ese “consejo”? —Tiene razón, señor. —¿Has experimentado con alguien un poco mayor? Digo, conocer a un hombre de verdad. —¿A qué se refiere? —cuestioné tratando de contextualizar mejor lo que quiere decirme. —Olvídalo, no creo que seas de ese tipo de chicas. —¿Cuál tipo? —De las que están dispuestas a probar cosas diferentes, a estar en un nivel mucho más arriba, ¿sabes de lo que te hablo? Negué con mi cabeza sin saber a qué tipo de cosas se refería. —Mejor olvídalo, quizás eres muy joven para este tipo de temas. Se requiere de cierta tolerancia para que puedas probar esas cosas diferentes que mencioné, pero olvídalo; mejor mantén presente lo que te dije antes. —Lo tendré muy en cuenta, señor McK… —No me llames de esa manera —interrumpe—. Dime Aarón, por favor. —Lo siento, señ… digo, Aarón.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD