Narra Evangeline
—¿Te gusta? —me pregunta después de tomarme por la cintura y pegarme a su cuerpo.
No podía responder, me estaba faltado el aliento.
—¿Quieres más? —vuelve a preguntar, pero esta vez en un susurro.
Su respiración chocaba en mi cuello, podía sentirlo en mi piel. Algunas veces hablaba y sus labios acariciaban mi cuerpo por lo cerca que estaba de mí.
—Oh, señor Adrián —soltaba casi que delirando por el deseo que tenía en mí, estaba demasiado excitada.
Miraba hacia mi abdomen y podía ver sus manos ásperas y gruesas tocándome, me gustaba mucho lo cálido que se sentía, lo posesivo, lo dominante que estaba siendo conmigo. Al darme la vuelta para rodear sus hombros con mis brazos, para poder verlo a los ojos, me doy cuenta que no es Adrián, el hombre que me tenía entre sus brazos era el señor McKellen, él era quien me acariciaba, por lo que me torné nerviosa al; mi corazón saltó y abrí mis ojos de golpe.
Al sentarme en la cama, me di cuenta que estaba empapada en sudor, ayer me olvidé de encender el aire acondicionado. Miré la hora y era temprano, creo que solo dormí unas cuatro o cinco horas.
Me tomó unos minutos reiniciar mi cerebro, quería recordar algo más de ese extraño sueño, pero nada venía a mí cabeza por más que me forzaba.
De la nada, alguien abre la puerta de la habitación, era Kate, quien aún vestía con la ropa que la traje de vuelta de aquella fiesta.
—Eva, ¿a qué hora regresamos? ¿Quién nos trajo a casa?
Ella rascaba su cabeza confundida, se veía demacrada y con ojeras pronunciadas.
—Volvimos a eso de las tres de la mañana, yo te traje a casa, ninguno de tus amiguitos quiso traernos de vuelta a la mansión ¿no lo recuerdas?
—No, no me acuerdo.
Es primera vez que veo a Kate de esa manera, parece que ha cambiado algunas cosas de su estilo de vida; en los últimos cinco años ha avanzado a un ritmo más acelerado que el mío.
—No deberías tomar de esa manera, se me hizo muy difícil cuidarte; no te dejabas.
—Ay, lo siento, cada que tomo alcohol, me descontrolo.
—¿Por qué lo haces entonces? No deberías tomar si no sabes medirte.
No estaba segura de si debía decirle a detalle las cosas que hizo, hasta yo me sentí apenada por verla hacer cosas que la Kate que yo conozco no haría y que sigo sin comprender las razones.
—Lo sé, pero es solo una forma de divertirnos, no te preocupes.
Bien, si ella no le da importancia, entonces creo que yo tampoco debería hacerlo.
—Vamos, sal de la cama; nuestro día será largo.
—¿Hiciste planes? —cuestioné al verla de buen ánimo.
—Claro que sí, te dije que sería el mejor verano de tu vida, así que vamos; sal de la cama, toma una ducha, bajemos a desayunar y tan pronto se vaya mi papá, nos preparamos para la que será la mejor fiesta en la piscina.
—Michael tenía razón, entonces si harás una fiesta, ¿no le pedirás permiso a tu papá?
—Sí, pero no ahora, así que tu solo preocúpate por pasarla muy bien; te aseguro que la compañía de Adrián no la vas a necesitar, hay alguien interesado en conocerte.
—Kate, no… no, por favor, te dije que quiero estar sola por un tiempo, no estoy lista para una relación o volver al “¿Qué te gusta hacer?” “¿Cuál es tu comida favorita?” “¿Cuántos años tienes?”
—Eva, ¿por qué lo ves de esa manera? Los chicos que conozcas no necesariamente deben convertirse en tus novios, puedes divertirte sin llegar a un compromiso o algo así por el estilo —comenta ella caminando hacia la puerta—. Tu solo déjate consentir, disfruta tus vacaciones en Miami; conoce a otras personas, ten s*x* alocado; cuando regreses a Bellingham esto simplemente queda en el pasado; eso no lo olvides.
—No, Kate… espera, ven aquí, no quiero le hables a nadie sobre… Kate, Kate, por favor.
Solté un suspiro y me levanté de la cama, tomé mis cosas y fui directo al baño que está al final del pasillo, movía mis brazos y mi cuello, los cuales se sentían cansados; ayer fue un día demasiado largo, no sé cómo el tiempo nos dio para tantas cosas.
Un rato más tarde, me dispuse a bajar al comedor, ya podía escuchar la voz Kate quien parece habla por teléfono.
—Lo sé, mamá, lo olvidé; es que tan pronto llegué a casa de papá fui al centro comercial con Kate, luego nos reunimos a cenar con unas amigas y el tiempo se nos pasó tan rápido que olvidé llamarte, lo siento.
¿Desde cuándo ella le dice mentiras a la señora Gillian?
—Bien, mamá, también te amo.
Kate corta la llamada y al verme me sonríe, me toma del brazo y me hala para entrar con ella al comedor.
—Muero de hambre, siento que no he probado bocado en días enteros.
—Todo lo vomitaste, es obvio que estás muriendo de ham...
—Buenos días, señoritas —dice el señor McKellen cortando las palabras de mi boca.
—Buenos días, señor McKellen —respondí de esa manera a pesar de que él me dijera que lo llamara por su nombre, lo siento, pero me cuesta tutearlo.
—¿Cómo les fue ayer? ¿se divirtieron?
—Nos fue muy bien, papá; fue una fiesta muy tranquila, volvimos a casa temprano ¿verdad Evageline?
—Sí, fue… fue muy tranquila.
—Vaya, eso me alegra; ¿hoy que harán?
—Hoy no haremos nada, nos quedaremos en casa.
—Si no tienen planes podrían venir conmigo a la empresa, luego podemos salir a comer o hacer algo que ustedes quieran.
—No, no te preocupes, papá; es que estamos cansadas; preferimos quedarnos en casa.
Miraba a Kate esperando a que le dijera sobre la fiesta que haría en la piscina, no quería tener problemas con su padre; ¿Por qué ella actúa sí? Dios, mi posición es incomoda, no puedo hacer lo que quiera o seguirle las ideas así como así, yo no estoy en mi casa.
—Está bien —responde, pero esta vez dirige su mirada hacia mí.
Al hacer contacto, bajo mis ojos y los pongo en mi taza de café, aquella escena de mi sueño llegó a mi cabeza y me torné nerviosa; además, me siento extraña con el señor McKellen después de haber tenido esa conversación en la madrugada.
Luego del desayuno, Kate seguía dando vueltas de un lado a otro quemando tiempo mientras su padre se iba de la casa, ya empezaba a notar que se comunicaba con sus amigos y ordenaba algunas cosas para la fiesta.
—Oye, creo debes hablar con él ahora, aprovecha antes de que se vaya.
—Eva, puedes estar tranquila, sé cómo manejarlo; le diré tan pronto llegue a su trabajo.
El móvil de Kate empieza a sonar.
—Demonios, es de la licorería; responderé arriba, ya vuelvo.
Ella corre para subir las escaleras y responder la llamada, así que debí quedarme sola en la sala.
—Evangeline, me dijiste que estudias economía ¿verdad?
Levanté mi cabeza y miré en dirección al señor McKellen.
—Oh, sí, así es.
—Tengo este libro desde hace muchos años, sé que te será de mucha ayuda.
El hombre camina hacia mí, mordí mis labios y le di un vistazo rápido a su ropa y se veía muy elegante vestido de traje y corbata; desde que llegó el espacio se inundó con su perfume.
—Muchas gracias, señor McKellen.
—Aarón, te dije que me llamaras Aarón.
Asentí y tomé el libro con ambas manos, él me sonríe y se da la vuelta para ahora si retirarse.
—Oh, por cierto, Evageline; si uno de estos días quieres acompañarme a la empresa para ver cómo funcionan algunas cosas, solo debes decirme ¿de acuerdo? Y por favor, no olvides nada de lo que hablamos, tampoco yo lo haré.
¿Qué se supone que deba decir ante eso? El señor McKellen vuelve a hacer platica conmigo, ¿quiere decir que desde la conversación en la madrugada somos cercanos?
—Está, está bien.
El hombre se va a su trabajo, justo lo que esperaba Kate.
—Es hora de ponernos guapas y sexys, los chicos ya vienen.
—¿A quiénes invitaste?
—Un par de amigos, será algo tranqui.
El plan tranqui de Kate, era con unas veinte personas, de las que solo conocía a tres, los chicos que conocí en la fiesta de la playa; Oliver, Michael y Daisy.
Algunas de las personas que estaban en la mansión se veían un poco tomadas, era obvio, todos habían tomado hasta tarde; venían a la casa de Kate a reposar y descansar la fiesta alocada de anoche.
—Vamos, ven conmigo, quiero que conozcas a otras personas.
—No, estoy bien, me quedaré aquí. Solo quiero tomar el sol, descansar, dormir un poco.
—¿Por qué eres tan aguafiestas? Ven, quiero que conozcas a los demás, al menos mira a los chicos; ese rubio de allá es demasiado sexy, es de las mejores familias de Miami, ¿quieres que te lo presente?
—No, de verdad, quiero descansar un poco; si quieres, ve con él y luego los alcanzo, ¿sí?
—Está bien, pero si en veinte minutos no vienes, volveré.
Ella se levanta de la silla playera que está a mi lado y rodea toda la piscina hasta el otro extremo para ir con los chicos rubios.
Yo acomodé mi bikini y cerré mis ojos para tomar el sol, quiero broncear esta piel que parece un pedazo de papel. A pesar de la música, del ruido, de todo lo que estaba en mi alrededor, logré relajarme. Mis parpados estaban pesados, podría tomar una siesta de minutos, estoy tan agotada.
Mi momento de paz conmigo misma, se vio alterado, sentí que alguien tocó mi abdomen por lo que me removí.
—Tranquila, soy yo —dice Michael sentado en el lugar que está a mi lado.
—¿Qué haces? —cuestioné intentando cubrirme con la salida de baño.
—Tranquila, solo quería tocar un poco tu piel.
—Pues no lo hagas, ¿Qué quieres?
—Nada, solo vine a hablar un rato contigo.
—¿Seguro que puedes hablar? En tus ojos se nota que no.
El chico tenía ojos irritados, como si no hubiese dormido, además el olor a alcohol le brota de la piel.
—Ya, siento que estás a la defensiva, solo intento conocerte.
—Bien, cuando no tengas una gota de alcohol en tu cuerpo, puedes conocerme todo lo que quieras; pero en ese estado no.
—Evangeline, ya, tranquilízate y disfruta.
Michael intenta volver a tocarme, pero lo que hago es levantarme de mi asiento, no me siento cómoda con todo esto.
—Vuelve con los demás, hoy no estoy de ánimo para lidiar con borrachos.
—No estoy borracho, solo quiero hacerte compañía, estás sola, apartada del grupo y Kate me pidió que viniera; ven, siéntate y conozcámonos. No tienes que estar apartada por culpa de un tonto ex, ya no estés triste por eso, ven, tomate un trago conmigo.
—Mira, Michael, no sé qué te dijo Kate, pero te puedo asegurar que estoy bien.
Miré hacia el grupo donde estaba mi amiga, pero esta no me pone atención porque se estaba besando con el chico rubio.
—¿Me estás rechazando? —pregunta dejando su cerveza a un lado—. A caso eres estúpida ¿tú no sabes quién soy?
—No, y no me interesa saberlo. Así que disfruten su fiesta, yo me iré a mi cuarto.
Tomé mis cosas y volví al interior de la casa, ya me estaba empezando a ganar el enojo.
Estaba por llegar a las escaleras que dan al segundo piso, pero alguien me toma con fuerza del brazo haciéndome detener.
—Oye ¿Qué haces? —pregunté conteniendo un gesto de dolor por la manera en la que me sostenía.
—¿Quién te crees para dejarme hablando solo?
Michael tenía su ceño fruncido y su bozo en tono verdoso, el chico se notaba molesto, lo que me empezó a generar miedo.