Narra Aarón
—Estela, no me apures, sabes que no me gusta que me afanen; iré tan pronto pueda ¿de acuerdo?
—Sí, señor McKellen, lo siento; es que su socio está un poco afanado.
—No me importa, si quiere puede esperar, sino dile que se vaya.
—Señor, ¿Cómo cree que le diré eso al señor Donado? Mejor le diré que ya viene en camino ¿sí?
—Estela, si no puedes darle un mensaje tal y como yo te lo doy, entonces creo que debo buscar otra asistente.
—No, disculpe, señor McKellen, ya mismo le doy su mensaje.
El conductor que me llevaría a la oficina ya esperaba por mí, traté de quedarme un poco más para buscar la manera de tener una segunda conversación con Evangeline, pues hay algunas cosas que aún me causan curiosidad en ella, no voy a negar que me empieza a parecer una mujer interesante; pero las cosas no se dieron; ella parece ser una chica muy… ¿Cómo decirlo? discreta, tímida… no lo sé, pero eso hace que sea difícil acercarme.
Al llegar a mi lugar de trabajo, me despojo de mis cosas; de mi maletín, de mi saco, de todo lo que no me genere comodidad.
—Señor, buen día, ¿puedo pasar?
—Adelante Estela.
—Vine para decirle que el señor Donado prefirió irse, dijo que lo llamaría después; creo que estaba molesto.
Ella parecía angustiada por eso.
—Estela, usted es mi asistente, solo debe preocuparse por cumplir su trabajo; nada más. El día que la contraté le dejé clara sus funciones, le debería valer el resto de personas, usted trabaja para mí.
—Sí señor, como usted diga.
El señor Donando es un socio minoritario, fue alguien a quién incluí en un proyecto hace unos años de manera forzada, es tío de mi ex esposa, pero se ha tomado atribuciones que toleré hasta el día que me separé de ella, ahora no me interesa tener que quedar bien con él o con nadie.
La mujer se retira de mi oficina, era mi momento de revisar los informes financieros del mes pasado; algo que me tomará algo de tiempo. Esto me hace sentir mal, se supone que mi hija se quedará en vacaciones conmigo para pasar tiempo juntos, pero el trabajo me consume más de lo que creo.
Kate desde siempre fue una niña adorable, pero a medida que fue creciendo y se fue dando cuenta que la relación con su madre no funcionaba y fue notando la convivencia que teníamos, cambió completamente; sus actitudes, su manera rebelde de hacer y llevar las cosas, todo, toda ella se convirtió en un ser muy diferente, era algo a lo que yo quería poner límites, pero su madre lo hacía más complejo. Amo a mi hija, pero el tiempo que estuvo en casa fue un dolor de cabeza, un extra para todo lo que estábamos viviendo durante el divorcio con su madre.
—Señor, lamento interrumpirlo de nuevo.
—Sí, Estela ¿Qué sucede?
—Señor, su hija lo llama por la línea dos.
Kate no acostumbra a llamarme, la última vez que lo hizo creo que aún no tenía las muelas del juicio, por lo que pensé que algo había pasado.
—Hola, cariño ¿todo bien?
—Hola, papá. Sí, todo está bien, solo llamo para decirte que un par de amigas vendrán a casa; haremos un compartir en la piscina.
—Oh, claro, sí está bien, me dices si necesitas algo.
—No, tranquilo, sigue en lo tuyo, estaremos bien.
—Bueno, cariño. Gracias por avisar…
Ella corta la llamada ante de que pueda terminar.
Miré la pila de papeles que tengo por revisar, luego miré el teléfono y pensé que al menos por hoy podría tomarme el día para dedicárselo a mi hija; se supone que se quedaría en mi casa para pasar tiempo conmigo; hace meses no la veía, nuestra comunicación es una mierd*, por lo que su madre y yo acordamos que el verano se quedaría en mi casa, lo que también me costó, esa llamada que tuve con Gillian fue hecha con un esfuerzo sobre natural, en el que los dos intentamos fuera lo más pacifica posible, lo que hizo que llegáramos a un acuerdo sin tanto conflicto. Es que nuestra relación de padre e hija está dañada, nuestra hija no es la misa y también ha presentado esos cambios con su madre, por su bien, tomamos esta decisión.
—Estela, cancela todas mis citas, no estaré disponible hoy para nadie.
—Como usted diga, señor McKellen.
Sostuve los papeles en mis manos y los golpeé sobre el escritorio, luego los metí a mi maletín para revisarlos en casa, ya veré en que espacio del día hago esto.
Salí de la oficina y pedí que me llevaran de nuevo a la mansión, en el camino me preguntaba si debía llevar algo para Kate y sus amigas o solo esperar a llegar y preguntarle a ellas que querían.
Estaba concentrado en mi celular, por lo que me llevó tiempo el darme cuenta que afuera de la entrada principal de mi casa, había varios autos estacionados; lo que me hace fruncir mi ceño y preguntarme por la cantidad de personas que están en mi casa en este momento.
—Pero ¿Qué es toda esta mierd*? —pregunté mirando el desorden que se notaba desde que bajé del auto.
Entré al recibidor y por primera vez en toda mi vida, veía en el piso de mi mansión arena, había arena en mi piso.
—Señor McKellen, llegó usted temprano —dice la ama de llaves que entraba en el momento.
—¿Dónde está Kate? —cuestioné con tono serio.
—Está con sus amigos en la piscina.
—Pida que limpien esto, pero ya.
Estaba tan enojado que solté mi maletín y no sé dónde, caminé en dirección a la piscina tomando el camino más corto que es atravesando la cocina; pero para llegar ahí, debo pasar por la sala de estar, lugar en el que se podía escuchar la música y múltiples voces, lo que me hace confirmar que no eran unas cuantas amigas con las cuales Kate haría un compartir.
Cerca de las escaleras vi algunas cosas tiradas, miré hacia arriba y en uno de los escalones había una sandalia de color rosado, quise ignorar lo que vi y seguir mi camino, pero entre el ruido me pareció escuchar algo, así que me detuve. Volví a mirar lo que estaba en el suelo, fruncí mi ceño con duda, pero algo me decía que debía subir las escaleras.
Me detuve en la mitad del pasillo, no estaba seguro hacia que habitación dirigirme, pero algo se cae al suelo alertándome, lo que me hace correr hasta llegar a la puerta de la habitación de Evangeline. Eso que vi me dejó en shock por unos segundos, pero reaccioné.
—¡Oye! ¿Qué crees que haces? —grité entrando a la habitación.
Tomé al hombre de sus hombros para luego empujarlo lejos de Evangeline, pero este creyéndose un macho poderoso se para frente a mí de manera retadora.
Estuve a punto de estamparle mi puño, pero al darme cuenta que es un joven que no resistiría una golpiza, me contuve a pesar de desear con todo mi ser romperle la cara.
—No me toques así, hijo de put* ¿Quién te crees para empujarme? —me dice haciendo que el enojo se me suba a la cabeza.
—No me hagas sacarte de aquí a las malas, así que mejor largo.
—Y si no ¿Qué?
El chico no conforme, me toma de cuello de mi camisa, situación que me obligó a darle un solo golpe, un golpe en su cara que le enfrió la calentura.
—Soy Aarón McKellen, el dueño de la casa, así que fuera de aquí —respondí acomodando mi camisa.