Narra Evangeline
Quiero muchísimo a Kate, pero fui clara con ella, no necesito a un chico en mis vacaciones para pasarla bien; menos a uno de estos idiotas que solo querrá foll*rme durante todo el verano y luego deshacerse de mí, no quiero esto, no es un chico atractivo para mí; si al menos hubiese algún tipo de atracción todo fuera diferente, pero no, lo que hace no me gusta. Ya siento que me he quedado muy atrás con su nueva forma de ser, con su nueva forma de ver la vida y de divertirse.
—Hay muchas chicas que quieren al menos un día conmigo ¿y tú me rechazas?
—No me interesas, Michael; así que, por favor, suéltame.
Halé mi mano con fuerza haciendo que mis cosas cayeran al piso.
—No me dejes hablando solo —dice él queriendo volver a tomarme de la muñeca.
—¡Mierd*, te dije que no me toques!
Estaba enojada por su manera de querer propasarse conmigo, ahora debía hacer lo que él quería porque es un chico “importante” levanté mi mano y le di una bofetada, me di la vuelta para subir las escaleras y encerrarme en mi habitación, todo me molestaba, el espacio ya no era agradable, esa fiesta ya se convirtió en una porquería.
Escuché a Michael quejarse, miré por encima de mi hombro y me di cuenta que él también decidió subir las escaleras, por lo que me vi obligada a apresurar mis pasos. Obviamente, él fue más rápido que yo y logró alcanzarme a la mitad del camino, mis pies se enredaron con mis sandalias y terminé de nuevo en sus manos.
—Quiero que conozcas quien es Michael —susurra tomando mi cabello—. Después de que pruebes quien soy, quiero ver si te atreves a volver a tocarme, hija de put*.
—¡Kate! —grité, fue la única vez que tuve oportunidad de hacerlo, porque él tapó mi boca.
Seguí moviéndome, no me dejaría tocar de ese bastardo, así que puse resistencia hasta lograr salir de su agarre. Corrí por el pasillo en dirección a mi habitación, cuando quise volver a cerrar la puerta y ponerle seguro, Michael logra impedirlo; en esa lucha de quien era más fuerte para abrir o cerrar la puerta, él me ganó. Empecé a dudar de si solo era alcohol lo tenía en su cuerpo, sabrá Dios que sustancia se ha metido, porque ha perdido la cabeza.
—Llamaré a seguridad, si das un paso más, comenzaré a gritar.
Él me sonríe y da dos pasos al interior de la habitación, se veía algo sudado por lo que limpió su frente varias veces con el respaldo de su mano.
—Así me gustan las chicas, ¿sabías?
En sus ojos rojizos y su sonrisa asquerosa, notaba sus intenciones, quise ir hacia la ventana y abrirla para gritar, pero él me lo impide, todos mis intentos por salir de esta, se ven truncados.
Michael me toma de los hombros y me empuja fuerte contra la pared, ese golpe en mi espalda me hizo perder el aire unos segundos, tiempo suficiente para que él tapara mi boca y pegara su cuerpo al mío. No puedo describir el feo olor de su cuerpo, era una combinación de sudor, alcohol, cigarro; era asqueroso.
—¿Cómo se siente? ¿eh?
Él pegaba su pelvis contra mi cuerpo e intentaba frotar su m*****o que se sentía duro en mi vientre.
—¿Te gusta? Esto lo puedes disfrutar, si no gritas, puedo soltarte y te gustará.
Me quedé quieta esperando a que soltara mi boca, ya mis dientes lastimaban mis labios, era horrible.
—¿Cómo puedes hacerle esto a Kate? —cuestioné con la voz en un hilo—. Ella es tu amiga, por Dios, ¿Qué pretendes? ¿abusarás de mí?
—A Kate la conocí en una fiesta hace como ocho días, ella no es amiga mía.
—¿Qué?
Sin duda eso me aterrorizó.
—¡Kate! ¡Ayuda! —grité.
—Te dije que no gritaras.
Él muy hijo de perr*, tapa mi boca mientras acorrala mi cuerpo con el suyo contra la pared, sentir su sudor en mi piel era horriblemente asqueroso, trataba de besar mi cuello o mis hombros, pero me movía para impedirlo, tenía demasiado asco. Con una de sus manos le bastó hacer a un lado la parte superior del bikini, la cual tomó con brusquedad y movió de la a lado hasta descubrir uno de mis pechos; el rose de la tela en mi piel me quemaba. Usaba mis piernas para apartarlo, pero todo su peso lo apoyaba en mi para inmovilizarme, mi vista se hacía nublosa; pasé de estar enojada, a estar nerviosa y ahora muerta de miedo.
Traté de hacer ruido al tumbar las cosas que había dejado en la mesita de noche, pero parece que tampoco ha funcionado, esa lágrima llena de desespero estuvo a punto de salir, cuando vi a alguien en la puerta.
—¡Oye! ¿Qué crees que haces? —gritó el señor McKellen.
Ese gritó es todo lo que escuché, apenas Michael fue alejado de mí, cubrí mi pecho y me oculté detrás de la enorme espalda del señor McKellen quien ahora me protegía. Sabía que esto traería problemas a Kate, pero la verdad no me importó.
—¿Estás bien? —pregunta el hombre girándose frente a mí.
Miraba a los lados de él y ya no vi rastro de Michael.
—No está aquí, estás segura conmigo.
El hombre saca su móvil y llama a los de seguridad, pude escuchar lo que les pidió.
—Detengan al chico que baja las escaleras, saquen a todos los demás de mi casa y no dejen que Kate salga ¿entendido?
Puse mis manos en mi pecho y podía sentir en mis dedos el latir de mi corazón acelerado, mis manos estaban frías, mi respiración agitada; hasta la garganta se me había resecado.
—¿Te encuentras bien? —vuelve a preguntar.
Mis ojos estaban en la salida, temía que el chico se regresara y tratara de hacer algo, pero mis ojos fueron despegados de ese lugar, cuando el señor McKellen toma mi mentón y me fuerza a mirarlo.
—¿Te encuentras bien? ¿te hizo algo?
Miré fijamente sus ojos verdes oscuros, en él veía preocupación.
Asentí sin poder pronunciar una sola palabra, tenía los sentimientos atascados en mi garganta, si abría la boca, lloraría; justo ahora quiero estar con mi padre, quiero estar en mi casa.
—Ven, baja conmigo.
El señor McKellen toma mi mano, me hala con delicadeza hacia él y rodea mi cintura con su brazo.
—Kate me dijo que sería un compartir de amigas ¿Qué pasó? —cuestiona apretando sutilmente mi cintura—. Hablaré con esa muchachita.
Detuve mis pasos y preferí quedarme en la habitación, que él sea quien hable con ella, no quiero verla.
—Todo estará bien, pediré que suban un té para ti, para que te sientas más calmada. De verdad, esto nunca había sucedido en mi casa, no sabes lo apenado que estoy; este es un lugar seguro.
Él sale de la habitación, pero fui tras él para cerrar la puerta, desde aquí se podía escuchar algunas voces de las personas que estaban siendo sacadas de la mansión, pero, sobre todo; los gritos de Kate hacia su padre.
—¡Me avergüenzas! Yo les pedí que vinieran, ¿Cómo los vas a correr así?
—¡Me mentiste! Nunca me dijiste que meterías a mi casa a una bola de desadaptados, te di la confianza de que le abrieras las puertas a tus supuestas amigas y mira lo que haces ¿por eso no quisiste irte conmigo? ¿ya lo tenías planeado?
—Es una simple fiesta ¿Cuál es tu problema?
—¿Mi problema? Ni siquiera sabes lo que uno de tus amigazos intentó hacerle a Evangeline, si no llego, ese tipo abusa de ella, ¿esa es la clase de gente con la que ahora te juntas?
—Michael, ¿Dónde está él? ¿Qué le hiciste?
—¿Eso es lo que te preocupa?
—¿Dónde está Michael? —vuelve Kate a preguntar.
—Seguridad lo tiene retenido, voy a buscar las grabaciones y le interpondré un denuncio. Llamaré a la policía, esto no se quedará así.
—¡Papá no! —grita Kate con tono preocupado—. Ellos solo trataban de divertirse, estamos en el siglo veintiuno, los jóvenes foll*n en las fiestas, no es lo que crees.
—Pues eso no fue lo que vi, cuando algo no es consentido por la otra persona, se llama abuso.
—¡Mierd*, él no es así! Eso no fue lo que pasó ¿Cómo se te ocurre?
—¡Kate! ¡Kate! Estoy hablando contigo, ¡ven aquí!
No sé qué fue más doloroso para mí, si el hecho de casi ser abusada o que mi amiga de toda la vida ponga en duda lo ocurrido por creer en un chico ebrio que conoce hace ocho días.
Aquella lágrima que retuve, salió ante lo que había escuchado. Me apoyé de la puerta y me arrepentí de haber aceptado este estúpido viaje.