Capítulo 8: Una disculpa.

1713 Words
Narra Evangeline De a poco, el caos que había afuera se fue calmando, no escuché más voces; lo que hace saber que los chicos que estaban en la mansión, habían sido desalojados. Me senté en el borde de mi cama, miraba la sandalia que tenía en uno de mis pies y me pregunto qué pasó con la otra, estaba tan nerviosa que no recordaba a donde había quedado. La puerta de la habitación se abre, vi al señor McKellen aparecer con algunas de mis cosas en sus manos. —Creo que esto es tuyo —menciona mostrando mi sandalia y más cosas que seguro dejé tiradas en las escaleras. —Sí, así es… El hombre no espera a que me ponga de pie, camina hacia mí y se detiene frente a mis ojos, se pone en cuclillas y pone su mano sobre mi tobillo. —¿Ya te encuentras mejor? —Sí, un poco mejor. El hombre mira mi pie descalzo y dice: —Yo sería incapaz de tratar a una mujer como ese chico lo hizo —dice levantando ligeramente mi pie para colocar sandalia en su lugar—. Por eso te dije que los jóvenes de tu edad no tienen mucho para enseñar, soy demasiado inmaduros. Los hombres de verdad, jamás forzarían a una mujer a hacer algo que no quiere ¿sabes por qué? No sabía que decir, ya estaba en shock por ver lo que hacía, así que solo pude negar con mi cabeza. —Porque no hay placer cuando lo que se siente en el momento no es mutuo; para un hombre de verdad, es aún más placentero ver en la mujer el goce y deleite de lo que le hacemos. El señor McKellen posa ambas manos en mi tobillo y lo sostiene por unos segundos, pude sentir la calidez de sus manos en esa parte de mi cuerpo. —No tienes que preocuparte por nada, mi abogado se hará cargo de todo. —No quería ocasionar inconvenientes en su casa, menos que algo como esto sucediera. —Esto no es tu culpa, nunca lo mires de esa manera; es culpa de un idiota que no conoce los límites que le marca una mujer. Un hombre de verdad, sabe en qué momento debe detenerse. El hombre da un paso hacia mí y posa su mano en mi mentón, levanta mi rostro delicadamente y me sonríe. —Gracias por ayudarme —mencioné en voz baja. Por alguna razón, en ese momento me sentía segura, que él deslizara su mano hacia mi mejilla y la cubriera con su mano fuerte, me hacía sentir protegida; cerré mis ojos ante la calurosa atención y sostuve su mano por unos segundos. —No tienes que agradecer, estás en mi casa y mi deber es protegerte, Evangeline… Cuando menciona mi nombre, abrí mis ojos y reaccioné, me torné nerviosa y no supe cómo proceder a su presencia. —Creo que me daré una ducha —dije levantándome de la cama y saliendo de ese pequeño espacio en el que estaba con el señor McKellen—. Nuevamente, muchas gracias por todo, señor. —Te he dicho que me llames por mi nombre —menciona con una leve sonrisita en sus labios. Salí de la habitación y en vez de dirigirme a la ducha, fui hacia las escaleras, que no se note que intentaba huir del padre de mi amiga. —Eva… Escuché la voz de Kate, por lo que me detuve. —¿Qué fue lo que sucedió? —cuestiona levantándose de su asiento y caminando hacia mí—. Todo estaba bien, nos estábamos divirtiendo ¿Cómo pasó todo esto? —Kate, ¿de verdad lo preguntas? Me crucé de brazos y solté una sonrisa llena enojo. —Quizás ustedes se divertían, pero yo no me estaba divirtiendo; esto que hoy pasó, no fue divertido para mí. —Eva, yo pensé que Michael te agradaba, por eso yo… —¿Desde cuándo Michael es mi tipo de hombre? Kate, tú me conoces mejor que nadie, ¿por qué le pediste que viniera conmigo? Te dije muchas veces que quería estar sola, ¿por qué no me escuchaste? Estaba muy enojada con ella, al tiempo me sentía muy dolida. Bastaron unos segundos para que mis ojos se nublaran y sintiera que mi garganta se cerraba. —Solo quería que te divirtieras, pensé que la estabas pasando bien cuando entraron a la casa. —Pues no, no la pasaba bien, porque tu amigo; intentó abusar de mí. —Escucha, eso es algo de tragos, él no es así, creo que malentendiste las cosas; Michael solo intentaba acercarse porque le gustas. De algo pequeño hicieron un completo caos, mi padre corrió a todos mis invitados de la casa, la policía estuvo aquí y el abogado de papá también. Michael estará en problemas por esto, pero fue algo de tragos; quizás no midió la manera en la que quería demostrarte que le gustas. Abrí mi boca sorprendida por lo que decía, tanto me impactó que no hallé palabras para responder ante eso que había comentado. —Su mano tapando mi boca y la manera en como frotaba su pen* sobre mí, no es algo que malinterprete, créeme, puedo identificar muy bien las cosas que pasan a mi alrededor, puedo darme cuenta de muchas cosas. ¿Sabes de que más me di cuenta? Kate cruza sus brazos y niega cono su cabeza. —Me acabo de dar cuenta que no eres la misma, ¿en qué momento cambiaste tanto? —fue todo lo que pude decirle. —No he cambiado, ¿Qué dices? —Pones en duda las palabras de la persona que conoces desde que éramos unas niñas, por confiar en lo que dice un chico que conoces hace días. Lamento haber arruinado tu dichosa fiesta, si eso es lo que te molesta; lamento que a tus grandiosos amigos los hayan corrido de tu casa, lamento que te hayas avergonzado por lo ocurrido, pero no iba a permitir que ese imbécil me tocara para no arruinar tu momento feliz. No malentendí nada, tu padre puede decirlo; porque si él no entra por esa puerta, ese chico hubiese abusado de mí. No sabes lo aterrada que estaba por luchar con un tipo alcoholizado al que tu enviaste conmigo. —¿Ahora dices que es mi culpa? —Sí, porque te dije una y otra vez que quería estar sola, pero haces todo lo contrario; le contaste sobre mi anterior pareja y lo llevaste a que quisiera foll*rme a las malas. No pude retener las lágrimas, empecé a llorar por el enojo e impotencia que sentía en ese momento. —Creo que cometí un error al venir aquí. —Oye, no digas eso… Kate quiso acercarse, pero di un paso hacia atrás. —Entonces ¿lo que mi padre dijo era verdad? Eva, yo… yo pensé que él… es que siempre exagera todo, creí que… Dios, lo lamento. Debí sonar como una verdadera hija de put*, pensé que… yo creí que las cosas habían pasado de una manera diferente, que quizás pudiste confundirte, pero no llores. Debí creerlo desde el inicio, lo lamento. —Cada que abres la boca, siento que nos alejamos más. Kate es alguien muy importante para mí, de ella guardo buenos momentos, estuvo conmigo en los días más difíciles de mi vida. Estoy enojada con la situación, con ese imbécil, pero no con ella; si me encuentro dolida, vulnerable y triste, pero no puedo odiarla. —Hablemos en otro momento, ahora quiero estar sola. —No, Eva, espera. —No quiero hablar. —¡Bien, entonces no me hables! —gritó enfadada. Seguí hasta el jardín y traté de desahogarme, estaba demasiado lejos de mi casa, de mi lugar seguro; era obvio que me sentía desprotegida. Kate, en estos cinco años que no nos hemos visto, se ha convertido en una niña caprichosa, egocéntrica, en alguien que ella misma podría detestar. No estaba segura si esto era motivo para acabar una amistad de muchos años, quizás porque ahora estoy muy susceptible, pero si eso sería de esa manera, entonces estaba bien; por culpa de un estúpido hijo de perr*, una amistad de muchos años, se ha terminado. Volví al interior de la mansión con la intención de empacar mis cosas y volver a casa, pero al entrar, la vi esperando por mí con sus ojos llenos de lágrimas. —Lo siento mucho —dice con su voz quebrada—. Fui una mala amiga, lo sé, debí escucharte; pero quería verte feliz, quería que disfrutaras de la fiesta, si desde un inicio la planeé es porque tú estás aquí; no pensé que ese idiota terminara haciendo todo lo que hizo. —Tú más que nadie, sabe todo lo que sufrí con Adrián, no tengo ánimos para estar ahora con otro chico, tú lo sabes. —Lo sé, cometí un error, lo lamento mucho. Debiste gritarme para que yo misma le pateara las bolas. —Lo hice, pero nadie me escuchó, pero tu padre le dio su merecido. —Sabes que te quiero mucho, Eva, eres como la hermana que nunca tuve; lo único que quiero es que seas feliz, que tengas la vida que mereces; admiro tanto lo que haces que pensé que podría ser tu cupido en este verano, de verdad quiero para ti a un hombre que te quiera y te brinde lo que necesites, fui apresurada y lo lamento. La tensión empezó a bajar, en sus ojos veía sinceridad y en sus palabras igual, se escucha como la Kate que yo conozco. —¿Me perdonas? Ella toma mi mano y muerde sus labios nerviosa, la miré y no pude enfadarme, también la quiero mucho; tiene defectos como todos, ella no es perfecta y así la estimo, por lo acepté sus disculpas y traté de calamar los ánimos. —Lo haré si me regalas un helado de chocolate, solo eso puede hacerme pasar el mal rato que tuve. Ella sonríe y se abalanza sobre mi rodeándome con sus brazos. —Te compraré mil helados. La rodeé con mis brazos y por unos segundos sentí que parte de su esencia seguía aun en ella, en la Kate adorable que un día conocí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD