*CINCO DÍAS DESPUÉS DEL INCENDIO* Mientras tanto, en el Hospital Quirón salud de Málaga, Biannca descansaba en una habitación privada, envuelta en una sábana blanca, con la pierna elevada y una vía que le proporcionaba antibióticos. La infección comenzaba a ceder, pero el cansancio emocional aún la dominaba. Mateo no se había movido de su lado desde el rescate. Cada noche le tomaba la mano. Cada mañana le leía noticias para distraerla. Cada vez que ella tenía miedo, él estaba allí. —Hoy vienen a verte unos amigos —le susurró él, al acomodar su almohada. —¿Salomé...? —preguntó Biannca, con una mezcla de sorpresa y tensión. Mateo asintió. —Salomé, Braulio y Jeannette. Quieren verte. Les dije que podías recibir visitas. Biannca tragó saliva. No era miedo. Era incertidumbre. Después de t

