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2556 Words
El sueño de Albert era ser pescador. Ella lo sacó de la cabeza del niño. Aunque sabía que era un niño de 7 años, no aceptaba nada que pusiera en riesgo su vida. Has escuchado de Junior que las minas tampoco eran tan seguras y ella todavía aceptó al niño allí. Pero para ella era diferente. Las minas eran su vida y protegería la vida del chico cada vez que él estuviera con ella. No vio peligro en las minas, pero sí en cualquier cosa que hiciera el chico lejos de ella o de la isla. Quizás con el tiempo lucharía por sus sueños, cuando se hiciera hombre... Pero por ahora era un chico amable que aceptaba que todo lo que hacía su madre era por su bien. Al pasar por la casa de Junior, decidió ir allí a pedir prestado un libro. En la búsqueda de uno que le interesara, le llamó la atención uno sobre minerales preciosos. Lo hojeó rápidamente y vio algunas imágenes en forma de imágenes. - Mira esto. – se mostró impresionada con la imagen. - Diamante. - dijo mirando. - Bien podríamos tener diamantes aquí. Sabemos cuántos minerales diferentes tiene esta isla. El suelo es extremadamente rico. Júnior se encogió de hombros. - Si hubiera un diamante aquí, la Compañía ya lo habría encontrado. Han rebuscado en todo lo que han podido. - Nunca iban a los lados de los bosques. - Seguramente ya fueron y no encontraron nada. No dejarían un solo espacio sin explorar. - Recuerdo que hace muchos años exploraron los bosques... Pero no encontraron nada así que pronto el paisaje volvió a la normalidad y después de eso no recuerdo haber vuelto a intentarlo. ella observó. - Nunca dejarían ningún tipo de riqueza para que la descubramos. - Podríamos mirar. ella sugirió . - Seguro que ahí no hay nada, Tamí. Disponen de todos los equipos y maquinaria necesarios para encontrar lo que necesitan. ¿Qué tenemos además de nuestras herramientas manuales? Además, nada de lo que encontremos en esta tierra será nuestro, porque este lugar tiene dueño. - Pero... no estaría de más intentarlo. ella insistió. - Puedo ir contigo. Pero ten por seguro que no encontraremos nada más que tierra. Miró esperanzada el libro que acababa de encontrar perdido en la estantería de Junior. - Aprendes todo muy rápido. observó. – Estoy orgulloso de ti, Tamí. Puedes llevarte el libro y no tengas prisa por devolvérmelo. Simplemente no pongas ideas locas en tu cabeza. - Él sonrió. - Con mucho gusto lo tomaré. - ¿Vienes mañana para terminar tu lección y estudiar un poco más? - Voy a intentarlo. Poco tiempo y mucho que hacer. A ver si puedo leer este libro. - Todo bien. Cuando quieras venir, te estaré esperando, lo sabes. - Nos vemos mañana. - ella dijo. - No sé si mañana me quedaré en la misma mina. He oído rumores de que voy a ir a las minas del sur. - Que bien. Estoy feliz por ti. Escuché que las minas allí están bien surtidas. - Pide ir también. - Sabes que no serviría de nada preguntar... Tami regresó a casa. Cuando llegó era bastante tarde y sólo el padre João estaba despierto, echando leña al fuego, con la lámpara casi apagada. - Estaba preocupada, hija mía. ¿Dónde has estado hasta ahora? - Fui a ver Velha do Mar, luego pasé por la casa de Júnior y terminé tardando más de lo que esperaba. - No me gustaría que visitaras a esa bruja. Sabes que no nos gusta. - Padre João... Ella no es una bruja. Y además, me gusta mucho... Es mi amiga desde hace muchos años. - No me gusta cuando sé que estás ahí. Tami se rió. Incluso él creía en esas cosas. Sirvió algunos restos de comida aún calientes en la estufa: - ¿Cuánto tiempo ha estado durmiendo Albert? - No mucho. Te esperó, pero estaba muy cansado. Está esperando una sorpresa que dijo que tiene para ti. - Albert es un chico increíble. - Dijo sonriendo feliz y orgullosa de su hijo. - Sí... un chico dorado. Tu padre estaría orgulloso de ustedes dos. - Padre João, ¿mi madre también mía en las minas? - Sí... Alberina nunca se escapaba del trabajo. No importa lo que fuera, siempre estaba ahí para ayudar, incluso con el estudio que tenía. Tus padres eran muy importantes para este pueblo. Tenían un montón de ideas increíbles para un buen futuro para todos nosotros. Desafortunadamente, no funcionó cuando se compró la isla. Así que nuestras ideas de vivir en esta isla lejos de todo, proveyéndonos de nuestro propio sustento, lejos de la contaminación y todo consumismo terminaron convirtiéndose en esta pesadilla que vivimos hoy. Pero tus padres siempre serán recordados por los mayores por todo lo que hicieron por nosotros. - Cómo me hubiera gustado haberlos conocido. - Sé que hoy estás en el paraíso y sabes lo buena chica que eres, aunque no vayas a la iglesia. - la regañó sonriendo y poniendo su mano sobre la de ella . – Recuerdo que tu madre siempre decía que su futuro era riqueza por haber nacido dentro de una mina. Tami sonrió feliz. Le gustaba escuchar historias sobre sus queridos padres. - Deberías haberte ido a descansar, papá. No tenías que esperarme. Ya es tarde. - Necesitaba algo de tiempo para pensar, mi niña. Me estoy haciendo viejo y cansado. Espero tener fuerzas para aguantar unos cuantos años más. - ¿Por qué no dejas de trabajar? Ya hemos hablado de esto. Puedo garantizar nuestro sustento. - Nunca te dejaría trabajar sola para mantener nuestra casa, mi niña. - Soy joven y fuerte. Además, a Albert le gusta ayudar. - Me sentiría inútil en casa todo el día viéndolos a usted y a su hijo terminar en las minas. - No piense así, Padre John. Has hecho mucho por mí y por mi hijo. Ahora es mi momento de devolver. - No hay nada que pagar, hija mía. Eres la luz de nuestras vidas. Tamí besó a João en la frente: - Me voy a dormir y creo que tú deberías hacer lo mismo. Sabes que tenemos que despertarnos muy temprano. Y no renunciaré a convencerlo de que abandone las minas. - Buenas noches. - él dijo. Tamí fue a su habitación y vio que su hijo ya dormía plácidamente en su cama. Lo cubrió hasta el cuello, le dio un tierno beso y se acostó en su cama. Estuve muy cansado. Tamí se levantó antes del amanecer. Salió de la casa sin hacer ruido. No tardó mucho en llegar a la cima de la colina donde se encontraba el cementerio de la isla. Miró atentamente la imagen en blanco y n***o de los dos en las viejas cruces de madera. Pensó en lo mucho que deseaba que estuvieran allí con ella. No pude contener las lágrimas. Pensé que era tan injusto que no podría haberlos conocido. Pensó en las palabras de la Anciana del Mar y en su insistencia en que perdonara a Todi. Pero ella no creía que alguna vez pudiera deshacerse de ese sentimiento de ira en su corazón. La escena de ese día la atormentó cada momento de su vida. Cerró los ojos y pudo verlo claramente acercándose a ella, su lucha contra lo imposible, el dolor, la sangre y las olas engullendo su cuerpo. Habían pasado siete años y lo recordaba como si estuviera pasando en ese momento. Todi había terminado con su infancia, con su vida. Crió a su hijo mientras las chicas de su edad se entregaban a vanidades mezquinas y amores adolescentes. Todi nunca había sido un hombre muy popular en la isla... Era un borracho y todos lo sabían. Ella solo sabía de su fama con la bebida y que no le gustaba mucho trabajar, pero nunca había podido emitir un juicio porque hasta ese día nunca se habían encontrado más allá de breves pasajes entre sí. Nunca hablaron entre ellos. Tenía a su hijo y ni siquiera conocía su voz. La sangre de ese hombre monstruoso corría por las venas de su hijo. Odiaba a ese hombre con todas sus fuerzas, pero amaba al hijo que le había dado más que a nada. Miró a Albert y no vio rastro de Todi. Pensé que se parecía mucho a ella. Era un niño pequeño y delgado, por supuesto, cabello rubio hasta los hombros, pero no tan largo como el de ella. Ojos marrones verdosos. Tenía tantos sueños, le daba tanta alegría, era un chico extremadamente amable y todos lo amaban. Y temía cuando llegara el día en que tendría que decirle la verdad. No tenía idea de explicarle al niño que era hijo de una violación y que su padre había sido asesinado por su propia madre. ¿Sería capaz de superar este dolor en el que se generó? ¿Sería capaz de perdonar a su madre que mató a su padre? Ella no pensó... Que nunca sería perdonada por su hijo. Sin embargo, nunca se arrepintió de haberle tocado esa roca y haberlo tirado por el precipicio. Sabía que nunca volvería a hacerle eso a otras mujeres. Todi era un peligro en la isla, pero nadie lo sabía. Pocos se preguntaban qué le había pasado. Desapareció misteriosamente. Hay quienes pensaron que se había ahogado o incluso se había caído borracho de uno de los acantilados. Pero tampoco a nadie le ha interesado nunca ir en busca de respuestas. Corrieron rumores de que se había ido e incluso había sido capturado por la Vieja del Mar. Pero la verdad solo ella la sabía: él estaba muerto por sus manos y su cuerpo nunca sería encontrado. La vida fue cruel con ella, obligándola a convertirse en mujer mucho antes de lo que quería. Sin embargo, él le había dado el regalo de tener a su pequeño Albert con ella. De ahí tus dudas sobre Dios y las creencias de tus abuelos. ¿Podía este Dios que tanto adoraban por ser bueno permitirle tanta injusticia? Estaba segura de que no se merecía todo lo que la vida le había hecho pasar. Pasó los dedos por las fotos de los padres... Muerto tan joven, dejando una hija recién nacida. También hubo un culpable: el dueño de la Compañía de Conquistadores. El mismo que les dio el suelo en el que fueron sepultados les había quitado la vida. Los dos estaban trabajando en una mina cuando implosionó. Accidente de trabajo. Y nadie se hizo responsable de ello. No se hablaba de muertes por trabajo. Nadie lo cuestionó, ni siquiera los propios mineros. Cuando ella comenzó esta conversación, tan pronto como empezó a entender lo que estaba pasando, tenían miedo de decir lo que realmente pensaban. Solo hubo silencio. Todo ese cementerio pertenecía a mineros que morían trabajando o por las pésimas condiciones de vida que tenían en ese lugar. Y un día ese hombre pagaría por todo el daño que le había hecho a la isla ya la vida de toda esa gente. La isla era grande, hermosa... Ella creía que a pesar de la aridez del suelo y las pocas o casi nulas lluvias, no era suficiente para romper el encanto de ese lugar y todo lo que podía ofrecer. Ella creía que todos podían ganarse la vida en esas tierras y vivir felices sin interferir con el medio ambiente, como creía su madre cuando dejó todo y fue a ese lugar para comenzar su comunidad. Pero eso no sucedió. Todos trabajaban duro por poco dinero. Todo el oro encontrado pasó a manos de la Compañía y con lo que recibieron tuvieron que pagar sus terrenos donde construyeron sus casas, comprar comida, ropa y todo lo que necesitaban para subsistir. Y todo el comercio pertenecía a la Compañía de Conquistadores. Nadie podía cambiar nada. Tampoco se permitía sembrar, a menos que se pagara una cantidad adicional por la tierra. Todo lo que tocaba la Compañía se podía ver a simple vista. Tierras oscuras, feas, con polvo por todas partes, donde el único objetivo era encontrar minerales para enriquecer a su dueño. Todavía no habían explorado toda la isla, pero sabía que pronto lo harían. Había algunos bosques intactos, que pronto serían el objetivo de nuevas gemas por encontrar, destruyendo todo lo que había allí. Mientras tanto, pocos conocían todas las bellezas de esa tierra, pues no tenían tiempo para paseos por el lugar donde vivían ni para ningún tipo de ocio. El trabajo era demasiado extenuante para caminar una vez terminado. Y el fin de semana podía ser de descanso... Pero todos preferían trabajar y garantizarse el sustento. Todo allí pertenecía al propietario de la Companhia dos Conquistadores, incluidos los buscadores. Y nadie lo conocía, porque nunca apareció en ese lugar. Sin embargo, Tamí odiaba la forma en que trataba a la isla ya la gente de allí. Ella fue sacada de sus pensamientos al escuchar sonidos. Era Rotsey, caminando con su bastón. Intentó salir sin ser vista desde allí y lo consiguió. La atormentaba cuando la veía. Se aseguró de recordar lo que ella había hecho, siempre con una confusión infantil envolviendo a todos a su alrededor. La odiaba, igual que ella odiaba a Todi. Y sabía que había arruinado su vida... Pero no podía volver atrás. Se habló de ella entre la gente por lo que él había hecho, pero nunca se preocuparon de que él hubiera tratado de agarrarla. Solo vieron la forma violenta en que se defendió. Y aún escuchaba comentarios sobre cómo podía ser la hija de Albert y Alberina, tan buena gente. ¿Como si fuera una persona horrible? ¿Y ella era realmente una persona horrible? Ella estaba segura de eso. Cuando llegó a casa el sol ya estaba en el cielo, fuerte y caliente, indicando que sería un día como cualquier otro. Albert estaba sentado inquieto, esperándola. Cuando la vio, corrió hacia ella y le dio un fuerte abrazo y un fuerte beso. João y Esperança también se levantaron, sonriendo confundidos: - Está muy ansioso. Quiere que vayamos todos juntos que tiene una sorpresa para ti. - Hmm , ¿una sorpresa? ¿Para mi? Albert tomó la mano de su madre y caminó rápidamente alrededor de la casa, con sus abuelos siguiéndolos hasta la parte trasera de la casa. Había un hermoso caballo blanco comiendo pasto. Fue absolutamente hermoso. - Hijo mío... No lo creo. - ella dijo. - Es para ti. - él dijo. - Nunca he visto un caballo tan hermoso. ella dijo. Tamí tomó a su hijo en brazos y se dirigieron al animal. Puso su mano en el suave pelaje. - ¿Dónde lo conseguiste, Albert? - Lo compré... Con el dinero que gané ese día en la mina... - No tenías que hacer eso... Debe haber costado todos tus ahorros. - Es para ti, pero todos podemos usarlo. – observó mirando a João y Esperança y guiñando un ojo. Tamí sonrió y lo abrazó: - Gracias mi amor. Gracias por todo, especialmente por existir. Tamí lo colmó de besos y luego rodó con él, haciéndole cosquillas a las finas hierbas que crecían en la arena. Ese día no insistió en ir con su madre a las minas. Prefería quedarse con su caballo. Ella lo prefería así.
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