Durante la hora del almuerzo, a Dana le volvió a apetecer comer helado. Lo mencionó la última vez que Franco estuvo en su casa, así que se ofreció a ir con él. Quería ser ella quien eligiera el sabor que quería comer y él aceptó a llevarla. Ahora, sostenía el helado que quería y estaban de camino a casa. Compró sabor de queso. Pero frunció el ceño al darse cuenta de que no tenía cuchara. ¿Cómo iba a comerlo? —¿Tienes una cuchara?— No pudo evitar preguntarle, mirando a Franco a su lado. Él la miró por un momento. —¿Qué? —Quiero comer del helado— dijo ella. —Oh— dijo. —Creo que tengo una— respondió después de un momento. Luego, abrió la guantera de su coche. De allí sacó una cuchara. No pudo evitar sonreír al verla. Ahora podía comer su helado. Pero en lugar de dársela, Franco detuvo el

