Dana dejó su lugar y regresó al interior de la casa. No pudo evitar poner mala cara en ese momento. Dana se despertó temprano y sin Franco a su lado. Desde que tuvieron su conversación y aclararon las cosas, Franco había estado durmiendo en su cuarto. Aunque su cuarto era pequeño, él lo soportaba. A ella también le gustaba porque amaba oler su aroma, era uno de sus antojos. Siempre lo abrazaba y lo olía. Ya no podía conformarse con solo oler su camisa guardada. Ahora, disfrutaba de su aroma. Era obvio que él también disfrutaba de sus abrazos. Pero cuatro horas después de que Dana se despertó, todavía no lo había visto. Ni siquiera la había llamado. Ni siquiera había desayunado con ellos, lo cual solía hacer todos los días que estaba por allí. Cuando le preguntó a su madre en dónde estaba

