—¿Qué te ha tomado tanto tiempo...?— Franco no terminó de hablar cuando miró su rostro. Dana no pudo evitar morderse el labio inferior al encontrarse con la intensa mirada que él le dirigía en ese momento. Recobrando la compostura, finalmente entró en la limusina y se sentó a su lado. —L-Lo siento, por tardar tanto. No me di cuenta del tiempo— se disculpó, casi incapaz de sostenerle la mirada directamente porque no podía soportar el calor en su mirada. No pudo evitar preguntarse: su mirada solía ser fría. Pero ahora, es diferente. Sin embargo, ya sea fría o cálida, su mirada le provocaba el mismo efecto. Era inquietante. Le hacía sentir que podría tener un ataque al corazón, porque su corazón latía histéricamente cada vez que él la miraba. Franco no comentó más. Por el rabillo del ojo, v

