Isabella llegó temprano a la oficina de Henry, dispuesta a entregarle el último manuscrito de Noah Hamilton.
Estaba nerviosa y emocionada, pues había decidido revelar su verdadera identidad a Henry y esperaba que él no se enojara ni se decepcionara al saber que ella era la famosa escritora que él tanto admiraba.
Henry la recibió con una sonrisa y la invitó a pasar a su despacho, le dijo que tenía una buena noticia, el último libro de Noah Hamilton había sido un éxito de ventas y de crítica y que le habían ofrecido una entrevista en una prestigiosa revista literaria. Le preguntó si podía contactar con Noah y convencerlo de que aceptara la entrevista.
Isabella sintió un nudo en la garganta, era el momento de decirle la verdad, le pidió a Henry que la acompañara a un café cercano, donde podrían hablar con más tranquilidad.
Henry aceptó, intrigado por la propuesta de Isabella.
En el café, Isabella estuvo a punto de confesarle a Henry que ella era Noah Hamilton, pero se arrepintió en el último momento, pensó que era demasiado pronto para revelarle su secreto y que tal vez él la rechazaría o la despediría, decidió inventar una excusa para no ir a la entrevista, le dijo a Henry que Noah era muy tímido y reservado, y que prefería mantener su anonimato, le dijo que Noah le había pedido que fuera su intermediaria, y que le transmitiera sus agradecimientos y sus disculpas.
Henry se sintió decepcionado, le hubiera gustado conocer a Noah en persona y felicitarlo por su obra, le dijo a Isabella que entendía la decisión de Noah, pero que le parecía una lástima que no aprovechara la oportunidad de promocionar su libro, le dijo que esperaba que Noah cambiara de opinión, y que le avisara si eso ocurría.
Isabella se sintió aliviada de haber evitado la entrevista, pero también culpable de haberle mentido a Henry, se dio cuenta de que le gustaba Henry y que le gustaría ser honesta con él, pero también sabía que tenía que proteger su identidad, y su carrera como escritora.
Se preguntó si algún día podría decirle la verdad a Henry y si él la aceptaría.
Henry se fijó en Isabella y notó que estaba nerviosa y distraída, se preguntó qué le pasaba y si tenía algún problema. Se preocupó por ella, y quiso animarla, le dijo que le gustaba mucho su trabajo como secretaria y que era muy eficiente y profesional, le dijo que le agradecía su ayuda con Noah y que confiaba en ella, le dijo que le parecía una mujer muy atractiva y que le gustaría invitarla a salir.
Isabella se sorprendió por las palabras de Henry, no esperaba que él le hiciera un cumplido, ni que le propusiera una cita, se sintió halagada y feliz, le dijo que sí a su invitación. Se tomaron de la mano y se miraron a los ojos, ahí se dieron cuenta de que ambos habían empezado a enamorarse.
Isabella recordó que tenía que volver a su casa.
Le dijo a Henry que tenía que irse, pero que lo llamaría más tarde. Henry le dijo que la esperaría, y que le deseaba lo mejor. Isabella se despidió de él con un beso y salió corriendo del café.
Henry se quedó mirando cómo se alejaba y se preguntó si todo lo que había pasado era real.
Se dio cuenta de que se había enamorado de Isabella y que quería estar con ella, pero también se preguntó si ella lo aceptaría algún día y si eso afectaría a su carrera y a su relación, se sintió ansioso y curioso por saber qué pasaría después.
Isabella llegó a su casa, y se encontró con su madre, le contó que había recibido un cheque por sus novelas y que le iba a dar una parte para que pudiera pagar las deudas y comprar lo que necesitara. Su madre se alegró mucho y le agradeció su generosidad.
Le dijo que estaba muy orgullosa de ella y que era una gran escritora, Isabella se sintió feliz de poder ayudar a su familia y de cumplir su sueño de escribir, pero también pensó en Henry y en lo que sentía por él.
Se preguntó si él la aceptaría si podrían verse de nuevo y a lo mejor ser novios en algún momento.
Se sintió ilusionada y nerviosa por saber qué pasaría después.