Isabella se despertó al día siguiente con una mezcla de emoción y nerviosismo, había aceptado la propuesta de Henry de ser su secretaria, pero no sabía cómo iba a hacer para ocultar su secreto. ¿Qué pasaría si Henry descubre que ella era Noah, la escritora que tanto admiraba y deseaba conocer? ¿Qué pensaría de ella? ¿La rechazaría o la aceptaría?
Se levantó de la cama y se dirigió al baño, se lavó la cara y se cepilló el cabello. Luego se asomó a la habitación de sus hermanos, que dormían plácidamente, eran cuatro: dos niñas y dos niños. Isabella los quería mucho y se sentía responsable de ellos, porque sus padres trabajan todo el día y ella los cuida, su padre, que es carpintero trabaja duro todos los días para mantener a su familia, él está muy orgulloso de su familia, él apenas sabía hablar, pero no sabía leer, era un inmigrante italiano, que llegó de niño y siempre trabajo y no pudo estudiar.
Su madre en cambio algo aprendió a leer, pero muy poco, también era italiana, trabajaba como costurera y apenas ganaba lo suficiente para ayudar a su esposo con los gastos de la familia.
Isabella los ayudaba con lo que podía, pero no era suficiente, por eso había empezado a escribir. Escribir era su pasión, su sueño y su vida.
Se vistió con un vestido sencillo y modesto, no quería llamar la atención, ni parecer demasiado elegante.
Sabía que Henry era un hombre rico y poderoso y que vivía en una mansión lujosa.
Ella, en cambio, era una mujer pobre y humilde, que vivía en una casa en las afueras de la ciudad, con su familia.
Su única forma de escapar de su realidad era escribir, escribir historias de amor y pasión, que hacían soñar a miles de lectores.
Cogió su bolso y salió de su casa, tenía que tomar el tranvía para llegar al centro de la ciudad, donde estaba la editorial de Henry.
Mientras caminaba por las calles, observaba a la gente que iba y venía, con sus diferentes ropas, caras y expresiones, algunos parecían felices, otros tristes, otros preocupados. Isabella se preguntaba qué historias tendrían, qué secretos guardarán, qué sueños perseguirán, ella tenía una historia, un secreto y un sueño, una historia de amor y pasión, un secreto que podría arruinarlo todo y un sueño que podía hacerlo realidad.
Al medio día
Cuando llegó la hora del almuerzo, Henry invitó a Isabella a almorzar, ellos se fueron juntos a un restaurante elegante y acogedor.
Mientras almorzaban Henry le contó a Isabella sobre su trabajo como editor, sus viajes por el mundo, sus gustos y aficiones, Isabella lo escuchaba con atención y admiración, Henry era un hombre culto, inteligente, divertido y apasionado, le encantaba la forma en que hablaba, la forma en que la miraba, la forma en que la hacía sentir y no se daba cuenta que se estaba enamorando de él.
Isabella también le habló de su vida, pero solo le contó lo superficial, le habló de su familia, de su trabajo anterior como secretaria, de sus estudios de literatura, pero no le habló de su pasión por la escritura, de su seudónimo de Noah, de sus novelas de amor y pasión, temía de hablar, no podía arriesgarse a que Henry la descubriera, no podía arriesgarse a perderlo.
— ¿Sabes? Hay algo que me intriga de ti, Isabella, dijo Henry, mirándola con intensidad.
— ¿Qué es? preguntó Isabella, nerviosa, con miedo a ser descubierta.
— Tu forma de hablar, tienes un vocabulario muy rico, una expresión muy fluida, una sensibilidad muy especial, pareces una escritora, dijo Henry.
Isabella se quedó sin aliento ¿Cómo podía saberlo? ¿Acaso había notado algo en su forma de hablar que la delataba? ¿Acaso había leído alguna de sus novelas y había reconocido su estilo?
— No, no soy una escritora, mintió muy nerviosa Isabella, tratando de disimular su pánico.
— ¿Segura? Porque yo creo que lo eres, y creo que eres muy buena, tal vez incluso la mejor, dijo Henry, acercándose a ella.
— ¿Qué quieres decir? preguntó Isabella, sintiendo el calor de su aliento.
— Quiero decir que te pareces a un autor llamado Noah, dijo Henry, acercándose a ella y mirando tan cerca lo bella que es Isabella y se quedó sin aliento y con su corazón acelerado al notar lo que ella despierta en él.