Paso saliva, doy un paso atrás finalmente reaccionando. Quizás estoy tergiversando mis pensamientos sobre Dalton, pero su mirada cargada de molestia me dice lo contrario. Su cuerpo se tensa, sus labios se curvan en una sonrisa torcida y da un ademán de acercarse sigilosamente hacia mí. Niego con la cabeza, elevando una mano al frente, con mi celular sostenido entre los dedos en un mensaje silencioso de advertencia. Si se atreve a cruzar el límite, haré una llamada de emergencia en cuestión de segundos. ―Puedo gritar, el vigilante está afuera y sabe que estoy aquí ―digo con voz firme, aunque mi corazón martillea contra mi pecho. Mi piel se eriza de una manera escalofriante al notar cómo su sonrisa se ensancha sin rastro de humor. ―¿Ahora actúas prepotente porque atrapaste a un millonario?

