Entro al auto, con la cabeza ardiéndome y no sé si ha sido por la cercanía con Malachi. Ese hombre es desquiciante, nunca había conocido a un hombre tan intenso como él, que sus palabras aceleren mis latidos, su presencia, hasta su oscura mirada penetrándome. Trato de nivelar mi respiración, pero entra mi abuelo y no puedo no fulminarle con mi mirada, de lo enojada que estoy al sentirme controlada. ―Alora… ―¿Cuáles son las condiciones de este matrimonio? ¿Debo de ser su esclava? ¿Será para siempre? ―Exploto con las preguntas. Lorenzo se acomoda en su asiento permaneciendo serio y viendo la pantalla de su celular. Mientras que mi abuelo se acomoda el traje con un chasquido de su lengua. ―Serás su esposa y la condición es que debe de cuidarte, en cuanto al tiempo, he negociado que sea

