Capítulo 1

2831 Words
POV HELENA Como todas las mañanas me levanté temprano para ir a trabajar, le preparé el desayuno a mi esposo y a mis dos hijos, alisté a los niños y los mandé a la escuela; ellos son todo para mí y aunque me cueste dividir el tiempo, entre mi vida laboral y mi familia, siempre saco el tiempo suficiente para hacerme cargo de ellos, regresé al interior de la vivienda y terminé de dejar todo en orden para irme al trabajo, mi esposo se despidió de mi cariñosamente como todos los días diciéndome que no lo esperara hoy despierta, tenia mucho trabajo acumulado en la oficina y por tal razón llegaría tarde. Él era el esposo perfecto por asi decirlo, siempre se esforzaba tanto por tenernos bien en todo sentido, tenia que hacer ciertos sacrificios como estar fuera de casa hasta altas horas de la noche e ir mucho a viajes de negocios, pero era consiente de que eso solo era un pequeño sacrificio el cual teníamos que lidiar si queríamos seguir manteniendo el buen estilo de vida al que tanto estábamos acostumbrados, en muchas ocasiones sentía que no pasábamos mucho tiempo de calidad juntos, pero Nick siempre buscaba las maneras de recompensarlo y era algo que amaba mucho de él. Soy maestra de educación infantil en la universidad del Norte de la ciudad de Bogotá y los fines de semana soy voluntaria en una fundación para los niños menos afortunados que no tienen acceso a la educación inicial, trato de enseñarles lo más que puedo como: Leer, escribir y desarrollar el pensamiento lógico para realizar problemas matemáticos, trato de inculcarles buenos valores para que algún día sean ciudadanos de bien y dejen su huella en nuestra sociedad, pero en un país como el mío pocas son las personas que lo logran. Es la triste realidad, pero de igual forma no se pierde nada intentándolo. Ya estaba saliendo de mi casa cuando mi teléfono móvil sonó, rebusqué en mi bolso hasta hallarlo y deslicé mi dedo sobre la pantalla táctil para contestarlo. —Diga. —respondí esperando respuesta del otro lado de la línea. —Helena, ¿Cómo estás? Soy Luisa la directora de la fundación. —dijo ella al otro lado de la linea con la voz rota por el llanto y de inmediato un mal presentimiento invadió todo mi cuerpo. —¿Luisa? ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? —inquiri algo sorprendida y no pude evitar comensarme a sentir angustiada, Luisa se definía por ser una mujer de carácter fuerte y poco expresiva; pero tenia un enorme corazón al acoger a tantos niños en su fundación, que ella llorará no podía significar nada bueno y eso aumentaba más mi ansiedad. —Helena a sucedido algo espantoso para nuestra fundación, el gobierno me ha notificado que no me seguirá apoyando económicamente y por tal motivo nos tocará cerrar —hizo una pausa tratando de calmar su llanto y continuó—, no puedo creer que esto nos este pasando, se me rompe el corazón nada más de pensar que no podremos ayudar más a nuestros niños. ¡Habíamos avanzado tanto! —agrega y a ella no es la única que le afecta toda esta situación. Amo a los niños y nada más de pensar que vulneraran sus derechos, me llenan de ira. —¡¿Cómo que nos van a quitar su donación?! —chillo—. Ellos son conscientes que si nos quitan esa ayuda, nuestra fundación dejará de funcionar ¿Cómo pueden hacernos esto? —suelto enojada— ¿Qué excusa te dijeron? —le cuestiono. —Dijeron que no había presupuesto para nosotros este año, ya que tenían cosas más importantes que cubrir y no solo podían seguir desperdiciando el dinero en un lugar como el nuestro —manifiesta Luisa rompiendo de nuevo en llanto. Estaba furiosa, no me cabía en la cabeza ¿Qué era más importante que la educación, para que el gobierno pudiera darle más prioridad? "Que egoístas son esos hijos de puta" pensé indignada. Entonce algo se me pasó por la cabeza. ¿Qué pasaría si todo el mundo se enterara de lo que nuestros mandatario tiene pensado hacer? De seguro no aguantaría la presión de los medios y lo más provables es que terminaría cambiando de opinión, la respuesta estaba clara y no me iba a quedar con los brazos cruzados viendo como se iba por la borada, todo por lo que habíamos trabajado arduamente.. —Luisa, llama a todos tus contactos que sean periodistas y llama a todo aquel que se te ocurra —digo mientras mi cerebro termina de organizar la idea—, vamos a realizar una protesta, la más grande que se haya visto en todo estos tiempos —le informo y escucho como resopla por el llanto al otro lado de la liena—, la anunciaremos por todas las r************* , la haremos viral y cuando ya hayamos captado la atención de todos, gritaremos al unísono lo que el gobierno quiere hacer con nuestra fundación, no me creo ese cuento de que "no tengan presupuesto", si hace poco se escuchó la noticia de que otras naciones habían donado dinero para que nuestro país invirtiera en la educación, pues nuestra fundación se basa en dar educación a los más necesitados y no estamos viendo ese dinero —me quejo. —Esa es una magnífica idea Helena —grita Luisa al otro lado de la línea y tengo que apartar un poco el teléfono de mi oído para no quedar sorda—, ahora mismo me pondré a llamar a todos mis contactos para informarles de la protesta —dice ella un poco más reconfortada antes de colgar. (***) La semana había pasado rápido y cuando me di cuenta ya era el día de la protesta, dejé a mis hijos con mi madre quien me dio su bendición y me dijo que luchara por lo justo, ella siempre me había apoyado en todo, en sus buenos tiempos habia sido una de las mejores maestras y habia ganado numerosas condecoraciones, ella decía que ahora era el momento de que yo hiciera historía en nuestra sociedad, así que asentí y me dispuse a ir a la protesta, cuando llegué al punto de encuentro me quedé con la boca abierta, toda la plaza de Bolívar estaba repleta de persona, no le cabía ni un alma y eso me hacía inmensamente feliz, al verme llegar Luisa se aproximó a mí y me paso un megáfono. —Te estábamos esperando Helena, tu seras la que liderará la protesta. —dice ella emocionada y yo por mi parte abro los ojos como desmesuradamente, no podía creer que estaría al frente de todo este movimiento, pero ya no había vuelta atrás, tomé el megáfono entre mis manos y comencé a llamar la atención de la multitud. Un ruido ensordecedor sale del aparato capta la atención del publico y todas las personas que están en el lugar posan su mirada en mi, mis piernas comienzan a temblar por los nervios, pero este no es momento para debilidades. —Buenos días queridos ciudadanos, mi nombre es Helena Monroe y hoy los hemos reunido a todos ustedes aquí para luchar por una buena causa —digo con el corazón casi en la boca—, el gobierno nos quiere quitar su ayuda económica porque no considera necesario, ni importante el trabajo que nuestra fundación hace —hago una pausa para calmar mis nervios y me doy cuenta que todos me graban con las cámaras de sus teléfonos, en estos momentos no solo nos apoyan las personas que están presente en el lugar, sino que también hay muchas personas que nos brindan su apoyo desde sus casas, esto era lo que queríamos y me siento muy contenta por haber logrado tanto—, por ese motivo todos alzaremos nuestras voces y las uniremos en una sola, y todos pediremos lo mismo. ¡¡JUSTICIA!! —digo eufórica y todos a mi alrededor me acompañan dando un grito, hago señas para comenzar la marcha y todos me siguen. Todos gritamos lo mismos uniendo nuestras voces, nuestra marcha era pacífica y no había disturbios, pero eso no quería decir que nuestro clamor no se escuchaba por todas parte. Caminamos por las calles principales de la ciudad y hacemos pausas esporádicamente para que todos las personas que no hacen parte de la protesta sepan la razón porque lo hacemos. Casi llegábamos al punto de llegada en donde culminariamos la marcha, cuando siento mi móvil vibrar en mi bolsillo pero no tomo la llamada, mi teléfono no para de vibrar y viendo que es tanto la insistencia decido contestar, le cedo mi lugar a Luisa y me aparto un poco de la multitud; reviso la pantalla de mi móvil y cuando veo de quien se trata se me hace un poco extraño que me llamara un fin de semana porque se lo respetuoso que es con los horarios no laborales, es él decano de la universidad en donde trabajo, deslizo mi dedo por la pantalla del móvil y lo coloco en mi oído. —¿Cómo se encuentra el día de hoy Helena? —escucho del otro lado de la línea. —Muy bien Horacio —respondo con amabilidad—. ¿Y usted como se encuentra? —le pregunto y por el silencio que hace Horacio al otro lado de la línea, algo no anda bien. —Pues no tan bien como usted —responde después de un largo e incómodo silencio y un mal presentimiento me invade—. Los dueños de la universidad la han visto en televisión y en todas las r************* encabezando la marcha en contra del gobierno —vuelve a quedarse unos segundos en silencio y después de soltar un suspiro sonoro sugue—. Helena yo te aprecio mucho y estoy de acuerdo con todo lo que haces por esta gente, pero ellos no me han dejado más alternativa que cancelar tu contrato. Estas despedida —sus palabras me tomam por sorpresa—, ellos no quieren que una maestra revolucionaria les enseñe a nuestros estudiantes, dicen que eres un pésimo ejemplo para ellos y con tus actos manchas el prestigio de nuestra universidad, los altos mandos de la institución no se quieren ver involucrados con personas que se comporten de la manera en que tú te comportaste el día de hoy. —agrega. Mi respiracion se agita por sus palabras y no puedo creer lo que estoy escuchando. La ira comienza a apoderarse de todo mi ser y automáticamente ejo toda amabilidad y paciencia a un lado. —Pues entonces digales que a mi no me interesa trabajar con gente de pocas neuronas como ellos, dígales que se pudran y que se pueden meter su universidad por el culo. —suelto con ira y le cuelgo, estoy muy molesta por lo sucedido. Ahora los ingresos de mi hogar se veran afectados, una sola persona no puede con la carga económica y entre más lo pienso, más me angustia pensar que mis hijos van a dejar de tener las comodidades a las que ellos siempre han estado acostumbrados. (***) La protesta acabó y todos nos dirigimos a nuestros respectivos hogares. Nick, mi esposo había ido por nuestros hijos a casa de mi madre y cuando llego a la casa nota de inmediato que no me encuentro de muy buen humor. —Cariño ¿Cómo te fué hoy con lo de la protesta? vi que tu video circula por todas las r************* , eres viral —dice el dedicándome una de sus mejores sonrisas mientras me enseña la pantalla de su teléfono. El video en que aparezco tiene millones de vistas, pero estoy tan afligida que ni eso me emociona. —Pues tuvimos buenos resultados. Resulta que el gobierno llamó de nuevo a Luisa y le dijo que no le quitara el ingreso económico a su fundación, que lamentan mucho el mal entendido y para compensar por tantas molestias causadas agrandaran más el cupo del presupuesto —respondo sin mucho ánimo, él se acerca a mi y me toma del rostro con sus dos manos, acaricia mi mejilla con su pulgar. Luego, me toma de la mano y nos sentamos en el sofá de la sala. Él me deja en claro que no quiere que me siente a su lado, así que me jala por el brazo y me obliga a sentarme en sus piernas, yo instintivamente lo abrazo y meto mi cara en su cuello. —Cariño pero si todo salió bien ¿Por qué tienes esa expresión de tristeza en tu rostro? —cuestiona mientras acaricia mi espalda con delicadeza, tratando de buscar la razón de mi mala actitud. —Me despidieron por encabezar la protesta —suelto sin rodeos mientras lo miro a sus hermosos ojos verdes, él solo me observaba con pesar y despues de unos segundos me abraza más fuerte. —Cariño ya después lo solucionaremos. Utiliza este tiempo que tendrás libre para descansar un poco y no veas esto como algo malo, tendrás la ventaja de pasa más tiempo con los niños y así recuperar un poco del tiempo perdido —dice con mucha dulzura en su voz y es ahí donde recuerdo la razón de porqué lo amo tanto, mis ojos se llenan de lágrimas y nos damos un beso. Su lengua invade mi boca y yo lo recibo gustosa, siento la dureza de su m*****o contra mis nalgas y mi cuerpo comienza a exigir más, mi entrepierna se humedece y un jadeo se escapa de mi boca cuando el desabrocha mis pantalones y mete su mano, desde hace mucho tiempo no teníamos esta clase de cercanía y ahora que lo tengo de esta manera no quiero desaprovechar la oportunidad, mi cuerpo lo necesita y por la dureza que tengo pegada a mis nalgas no hay que ser un genio para saber que el también me desea a mi, mete su mano hasta donde el pantalón se lo permite y ciento que he tocado el cielo cuando sus dedos rozan mi centro palpitante. Nick saca su mano de mi pantalos y todo mi cuerpo protesta, me toma con fuerza por mis cadera y me obliga a darme la vuelta haciéndo que me siente a horcajadas sobre él, puedo sentir a través de mi pantalón su m*****o erecto rozar mi zona húmeda y eso me hace perder la cordura. Desde hacia mucho tiempo no teníamos un encuentro íntimo, ya que la mayor parte del tiempo, él llega tarde a casa y me encuentra dormida o cuando no lo estoy me siento demaciado cansada para satisfacer sus deseos, pero hoy es la excepción. Quiero que me sienta así de la misma manera que yo lo quiero sentir a él, quiero que vibrar en sus brazos como hace mucho no lo hago y quiero que haga que me corra gritando su nombre, como hace tiempo no lo hago. Abre mi blusa con tanta brusquedad haciendo que todos los botones queden dispersos por todo el suelo, lleva sus manos urgudas hasta la parte de atrás de mis sosten y libera mis pechos, contempla mis senos como si fuesen lo más divino en este mundo y se pega en mis pesones erectos como si su vida dependiera de ello. Paso mis brazos por detrás de su cuello y enredo mis manos en su espeso cabello atrallendolo más a mí. Quiero que me desnudez ahora mismo y me haga suya, pero como en las demás ocasiones a el siempre le gusta tomarce su tiempo. Jalo su cabello y lo despego de mi pecho, pego mi boca con agresividad contra la suya y llevo mis manos con afán hasta sus pantalones, zafo sus botones y cuando estoy a punto de liberar su erección su teléfono móvil suena, al principio lo ignora y deja que suene por varios minutos mientras nos seguimos besando, pero el maldito aparato ha cortado la conexión del momento. Al ver la insistencia, me baja de su regazo musitando una disculpa y se dirije a otra instancia de la casa para atender la llamada, espero pasiente en el sofá para retomar las cosas desde donde las dejamos y luego de casi media hora mi esposo regresa, me mira con cariño y me pide de forma muy amable que nos vayamos a descabezar, reprimo las ganas de preguntarle la razón por la cual no quiere continuar pero debe ser que se siente un poco cansado. Además mañana tiene que levantarse temprano para irse a trabajar, asiento con cierta decepción en mi rostro, pero puedo entenderlo. Ahora él tiene la carga económica de toda la casa y eso no era algo fácil de digerir, tengo la amarga sensación que la llamada que atendió lo puso de mal humor por lo mal encarado que está, pero no quiero indagar al respecto, me levanto del sofá y me limito solo a seguirlo al dormitorio.
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