POV CLAID
Estaba sentado en el comedor real desayunando cuando en mi bolsillo comenzó a vibrar mi teléfono móvil, no tomé la llamada a la primera pensando que no era tan importante así que dejé que siguiera vibrando, el maldito aparato no dejaba de vibrar y al ver que era tanto la insistencia tome el teléfono entre mis manos fastidiado, al revisar la pantalla no pude evitar sonreí, todo mal humor que poseía se disipó de inmediato, tenía días que no sabía de Carin y que me estuviese llamando en este momento solo podía significar una sola cosa. Ya tenía la información de la chica.
—Diga —contesto impaciente esperando una respuesta al otro lado de la línea.
—Claid, ya te tengo un informe detallado de la mujer —responde él en su típico tono de voz serio.
—Entonces habla y no te quedes callado —lo apuro lleno de curiosidad, mientras bajo el trozo de fruta que masticaba con un trago de jugo de naranja.
—Antes de darte toda la información, espero que con lo que te diré puedas tomar decisiones que no afecten diplomáticamente a nuestra nación. —responde Carin y yo coloco mis ojos en blanco.
Odio cuando se coloca en plan de papá consejero.
—Carin solo quiero la maldita información —siseo—, en ningún momento te he dicho que me sirvas de consejero real. Para eso ya tengo muchos, ahora ya habla de una buena vez —le respondo con molestia.
—Esta bien Claid —dice Carin despues de soltar un suspiro lleno de resignación—. Su nombre completo es Helena Marie Monroe Darit, ella y sus padres son nacidos en Colombia, pero sus abuelos son inmigrantes provenientes de Turquía. Tiene 26 años y se casó cuando solo tenía veinte años de edad con Nick Contreras, el tipo trabaja como gerente en una línea de almacenes de cadena. Ella era profesora en una de las universidades más prestigiosas de Bogotá, pero recientemente fue despedida por el revuelo que ocasionó por lo de la protesta, los fines de semana es voluntaria en una fundación para niños que no pueden acceder a una educación oficial y lo más importante —recalca—, tiene dos hijos. Claid en total esta chica tiene su vida resuelta, creo que es mejor dejarla en paz, no vale la pena que destruyas su vida y de paso la tuya —dice tratando de persuadirme, pero yo soy el que tiene la última palabra y mi decisión ya está tomada—. Además, es una mujer occidental, sabes lo que pensamos acerca de su manera libertina de vivir la vida, esta chica no encajaría en tu vida —agrega y no soporto su actitud sobreprotectora.
—En eso último te equivocas —lo corrijo—, la chica no es tan occidental Carin. Me acabas de decir que tiene familiares provenientes de Turquía y para mi eso es más suficiente.
—¿Y como solucionaras el problema de que esta casada con otro hombre? —inquiere.
—Por lo del esposo no hay problema, lo quitaremos de su camino es solo cuestión de tiempo —digo seguro de mis palabras—. Busca alguna falla que tenga el tipo —le ordeno—, para que cuando le mostremos que él no es lo que ella cree, sea ella misma la que tome medidas drásticas y así quitaremos a ese estorbo de nuestro camino —agrego con simpleza.
—¿Qué sucederá con sus hijos? —cuestiona y siento que mi paciencia esta llegando a su límite, pero de igual forma le respondo.
—Que tenga hijos. No le veo ningún problema, sabes que siempre me han agradado los niños y si lo pensamos de cierta manera, serían un buen estimulante para obligarla a permanecer a mi lado, ellos podrán venir a vivir con Helena en cuanto ella acepte ser mía —sonrío con malicia al solo imaginar que pronto la tendré entre mis sábanas—. Ahora encárgate de armar un plan para que ella llegue por su propia voluntad y no levantar sospechas de ninguna clase —digo después de beber el contenido que quedaba en mi vaso—. ¿Por qué no le envias un correo electrónico en donde le digas que por sus actos heroicos la queremos trabajando en nuestra fundación? —se me ocurre de repente—. Dile que será contratada como la persona a cargo, ofrécele un salario que ni el mismo presidente de su país lo tenga, estoy seguro de que ella no lo rechazará, si está sin empleo como tú dices de seguro debe andar desesperada en busca de uno nuevo, después del movimiento que encabezó, dudo mucho que en su país la vuelvan a contratar, así que llegaremos en el momento más oportuno y no le quedará más remedio que aceptar.
Nada podría salir mal, si actuamos con la debida prudencia en pocos días ella será mía, podría ahora mismo mandarla a raptar con un grupo de mis mejores hombres y tenerla aquí en cuestión de horas, pero no suelo ser apresurado, me gusta tomarme mi tiempo para que todo salga a la perfección y cuando llegue el momento solo me bastará con chasquear los dedos para tenerla arrodillada ante mi.
—Claid al menos ¿Escuchaste algo de lo que te dije antes? —me regaña Carin haciendo que vuelva a la realidad y yo coloco mis ojos en blanco.
—Por Allah Carin —grito mientras le doy un manotazo fuerte a la mesa del comedor haciendo que una de las empleadas del servicio se sobresalte—. Si escuché lo que me dijiste, pero el asunto aquí es que me importa una mierda lo que tu opines, lo único que quiero es tener a Helena en mi palacio lo más pronto posible —respondo airado, la chica del servicio que recoge el plato frente a mi, sale casi corriendo hacia la puerta de salida del comedor al notar mi semblante—. Solo limítate a cumplir las órdenes que yo te dé y si se te hace imposible la tarea asigada entonces enviaré a alguien más capacitado para que ocupe tu lugar —agrego en forma de amenaza, pero soy consciente que Carin no me teme para nada.
El ha estado conmigo desde que tengo conciencia y él más que nadie siempre se ha soportado mi mal humor, por eso me cuestiona de la manera en que lo hace, pero en ocasiones siempre hay que recordar quien es el que manda.
—Haré lo que me pides Claid, pero ten en cuenta que lo que tu estás a punto de cometer se llama secuestro y aunque lo quieras ocultar bajo el nombre de otras palabras, crimen es crimen. ¿Te puedes imaginar las consecuencias que acarrearía nuestra nación si el mundo se llegara a enterar de lo que piensas hacer? —expresa Carin preocupado—. Sé que en nuestras tierras es tradición robarnos a la mujer de la que estamos enamorados, pero recuerda que ella no es de aquí, no conoce nuestras tradiciones y no me quiero ni imaginar en el serio problema que nos veríamos envueltos —agrega.
—¿Y quién te dijo que es secuestro cuando la persona viene a nuestra nación por si misma? —le digo malicioso—. Además, nadie se enterara de lo sucedido porque cuando ella se enamore de mí, no será capaz de delatarme con nadie, haré que me ame tanto que no podrá ni imaginar vivir su vida sin mi—aseguro—, los dos formaremos una hermosa familia junto con sus hijos y con los que tendremos con el paso del tiempo. Seremos muy felices Carin. ¡No le veo ninguna falla a mi lógica! —agrego, no puedo evitar ladear una sonrisa al imaginar todo el panorama que yo mismo me he planteado.
Solo la quiero a ella y pronto será mía.
—Esta bien Claid —suelta Carin como si yo no tuviera remedio—, haré todo lo que tu me has pedido, solo te pido que piense bien las cosas y ojalá puedas recapacitar —se queda en silencio un momento esperando que me retracte, pero no lo hago. Él plan sigue en pie y así se quedará—. Si esta es tu última decisión, ya sabes que te apoyaré incondicionalmente. —agrega por última vez y luego cuelga.
Estoy emocionado, solo será cuestión de días para que ella esté aquí, me levanto animado de la silla y mando a citar a todo el personal de servicio, cuando están reunidos les explico que tienen que arreglar una habitación muy exclusiva para una invitada muy especial que llegará pronto, les especifico que lo quiro todo perfecto antes de su llegada y les advierto que no debe haber ni el más mínimo margen error, les dejo muy en claro las condiciones peculiares en las que será traida Helena y exijo total discreción, después de concluir la reunión subo a mi habitación y me dedico personalmente a hacer algunas llamadas para terminar de organizar todo, llamo a los mejores diseñadores de la ciudad; para que tengan listo lo más veloz posible un guardaropa completo digno para la nueva integrante de la familia Moftafard, quiero que cuando ella esté a mi lado luzca como toda una reina, digna de su belleza y de la rebeldía que tanto caracteriza.
Ella me encanta, nunca la he tenido de frente y solo con imaginarla a mi lado, era capaz de despertar hasta los más oscuros deseos que ninguna otra mujer, jamás había podido causar en toda mi vida, las sensaciones y los sentimientos que ella causaba en mi, eran extraordinarios que ni yo mismo encontraba explicación de ¿cómo una mujer a la que jamás había tocado, ni visto en persona podia causar tal cosa?. Para mi, ella era la perfección encarnada. Ella era la persona a la que tanto había estado esperando por mucho tiempo y ahora por fin había llegado.
El sonido de unos toquecitos en la puerta me sacan de mi ensimismamiento, antes de subir fui muy claro al especificar que no quería que nadie me molestara, pero al parecer hay personas que no comprenden las cosas la primera vez que se les dice.
—¿Quién carajo se atreve a fastidiarme? —gruño molesto y la persona que está tocando la puerta se detiene de inmediato.
—Se.....ñor.....señor —pronuncia con nerviosismo uno de los hombres del personal del servicio—. Hay alguien que lo busca y dicen haber quedado en una cita con usted —agrega el hombre hecho un manojo de nervios.
—Ya había dado la orden de que sea quien sea, no estoy disponible para nadie —espeto sin siquiera permitirle la entra—. Ahora ve y dile a quien quiera que sea, que estoy demaciado ocupado y no tengo tiempo para recibir a nadie, si tienen una cita conmigo entonces que la vuelvan a reagendar para otro día —le ordeno.
—Pero mi señor. —insiste con urgencia y abro la puerta fastidiado— la visita que lo está esperando es la princesa Makaya y su padre —me informa bajando su mirada al suelo cuando estoy frente a él y no es hasta ese momento que mi cerebro recuerda, que hoy es el dia en que habíamos acordado reunirnos para darle una respuesta a la propuesta que me hizo hace un mes.
—Esta bien —pronuncio hastiado—. Invitalos a colocarse cómodos en el gran Jardín, diles que en un momento los acompaño. —manifiesto sin mucho ánimo.
—Si señor de inmediato les informo —responde este con gran alivio.
Me cambio de ropa y opto por colocarme un traje más formar por la ocacion, no todos los días se rechaza a alguien y si hoy voy a hacerlo. Por lo menos que sea vestido de manera adecuada, me tomo todo el tiempo que necesito, no tengo tanto afán por bajar y aunque sé que es descortés, dejar esperando tanto tiempo a una persona tan impaciente como lo es Erink Sogamons, el padre de Makaya, uno de los jeques de una de las naciones vecinas con los que nuestra nación mantiene una alianza, no me importa de a mucho, él está aquí solo para una cosa y me temo que se irá con las manos vacías.
Después de 15 minutos bajo a su encuentro. La princesa Makaya está sentada en una de las sillas frente a la mesa del jardín sosteniendo una taza de té en sus manos, mientras que su padre tiene su típica cara de pocos amigos que siempre lo ha caracterizado. Makaya es la primera en notar mi presencia y al verme deja el té en la mesa y se pone de pie para dedicarme el típico saludo de inclinación de cabeza seguida por su padre, luce elegante y hermosa como siempre, sus rasgos afinados y el tono bronceado de su piel contrastan a la perfección con la túnica de color púrpura que trae puesta, sus ojos de color miel resaltan por el maquillaje al estilo marroquí que trae aplicado y hacen lucir más hermosos sus ojos a través del poco espacio que el velo que cubre su rostro deja al descubierto. Su padre, también luce elegante con su tradicional túnica de color blanco y el tupico imamah sobre su cabeza, los ojos del hombre viajan por mi traje de corbata clasico y contrae su rostro en una mueca de desagrado al ver que llego vestido de esta manera y no de una forma más tradicional, pero disimula el gesto ensanchando una sonrisa que a leguas se nota lo falsa que es.
—Claidelyn Moftafard —se adelanta a decir—, para nosotros es un honor que nos hayas podido recibir en tu hogar —expresa Erink con genitalesa y agranda más su sonrisa.
Por años este hombre había estado detrás de mi padre para arreglar una unión entre naciones, por medio de un matrimonio arreglado entre su hija y yo. Por desgracia para él y ventaja para mi, sus planes se fueron por el caño cuando mi padre murió y yo anuncié que no me casaría con nadie por el momento. Pero al enterarse que iba a obtener mi título real y para eso debía casarme, él a sido uno de los más insistentes para que tome en cuenta como primera opción a su hija y así contraer nupcias con la chica, hace un mes atrás le había dicho que lo pensaría y por eso hoy se encuentran aquí. Por parte de Makaya siempre he tenido conocimiento de los sentimientos que ella posee hacia mi, pero a la vez ella es consciente de que yo nunca podré corresponderse de la misma manera en que ella lo hace, al parecer con esto de la búsqueda de una esposa, sus esperanzas han renacido de nuevo, pero con los planes que tengo en mente temo que sus ilusiones quedaran hechas añicos una vez más.
—Erink, Makaya. Salamacun —los saludo inclinando mi cabeza y responden lo mismo al unísono—. El honor es todo mío al que ustedes esten aquí en mi casa, díganme ¿En qué les puedo servir? —digo en un tono encantador, como buen anfitrión que soy mientras los invito a que nos sentemos de nuevo.
—Hemos venido aquí para verte a ti y saber si..... —comienza a decir Makaya entusiasmada pero su voz se apaga cuando su padre se aclara la garganta y la fulmina con su mirada.
Esas eran las clases de cosas que no soportaba, si para ella era importante decir algo ¿por qué tenía que callar y simplemente no decirlo sin importar lo que su padre pensara? Estaba bien que por nuestra cultura, las mujeres debían ser muy respetuosas a la hora de dirigirse a otros hombre, pero la confianza que había en nuestras familias y los años de amistad que existieron entre nuestros padres, le daban todo el derecho y la confianza suficiente de manifestar lo que quisiera, eso no debía evitar que ella expresara sus opiniones y como ninguna de las mujeres que conocía eran capaces de defender sus propios ideales, esa es la razón principal por la cual son poco interés ante mi vista, solo eran simples, sumisas, cohibidas y en mi opinión eran todas iguales siguiendo el mismo patrón de sometimiento que sus maridos les imponían.
—Erink, ¿Por qué no dejas que Makaya exprese lo que tiene que decir? —digo tratando de sonar lo más amable posible después de que el interrumpe a su hija—. Yo quiero escuchar lo que tiene que decir —agrego, Makaya al escuchar mis palabras me dedica una de sus hermosas sonrisas a través del velo transparentes que cubre su rostro y yo le correspondi el gesto.
Ella intenta decir algo otra vez, pero su padre se niega a dejarla hablar.
—Sabes muy bien cuales son nuestras costumbres —dice con firmeza—, aunque a ti te parezcan viejas y obsoletas, en nuestra nación tratamos de mantenerlas vivas, por eso nuestras mujeres son las mejores opciones para tomar como esposas y tienen las mejores costumbres a la hora de atender a sus maridos. —todo mi cuerpo se tensa al escuchar su respuesta y la ira comienza a invadirme.
No puedo creer que todavía exista gente que se haya quedado viviendo en el pasado, no estoy en contra de algunas de sus tradiciones, pero hay algo que se llama modernismo y al parecer esa palabra nunca estará en el vocabulario del hombre que tengo al frente.
Mis ojos viajaron a Makaya y ella solo se limita a agachar su cabeza en señal de sumisión y respeto por lo que acaba de decir su padre, y tengo que reprimir las ganas de colocar mis ojos en blanco.
Erink levanta su mentón orgulloso y cuando abre su boca para agregar algo más, su teléfono móvil comienza a sonar, mira la pantalla y se excusa diciendo que es algo muy importante que no puede dejar de atender, se aleja algunos pasos de nosotros para contestar su llamada pero nos mira atento desde su posición.
—Gracias por querer defenderme ante las palabras de mi padre —murmura Makaya con cierto brillo en sus ojos—. Ya sabes como es él —dice mientras me lanza una mirada de disculpas y yo asiento.
—No fue nada. Sabes que siempre me han desagradado las injusticias. Además, no me gusta cuando algunas personas hablan por otras —le digo en un tono amable.
Nuestra conversación no dura mucho, cuando vemos que su padre regresa, se sienta de nuevo en la silla ubicada en frente mío y me mira directo a los ojos.
—Bueno Claidelyn. Seré directo. Estamos aquí para saber la respuesta de la propuesta que te hice hace unas semanas atras. ¿Aceptas comprometerte con mi hija? —pronuncia Erink sin perder más el tiempo.
—Erink, para mi es un halago que me ofrezcas la mano de tu única hija y próxima heredera de tu nación —comienzo a decir y el ensanchan una sonrisa—, pero la verdad es que nunca he estado interesado en ella y estoy convencido de que si me caso con tu hija, ella no será feliz a mi lado —su sonrisa desaparece y los ojos de Makaya comienzan a cristaluzarce—. Jamás encontrará en mi lo que ella busca y yo jamás encontraré en ella lo que me gusta de una mujer, Makaya no cumple con mis espectativas y seria injusto de mi parte tenerla atada a mí cuando bien podría llegar a ser feliz con alguien que verdaderamente la trate como ella se lo merece —respondo apacible pero ya el daño está hecho.
En los ojos de Makaya se refleja una mezcla entre decepción y tristeza que trata de disimular cuando e dedica una sonrisa y asiente, al contrario de su hija. Erink no se preocupa por ocultar su ira, su rostro se sonroja y sus ojos me observan de manera asesina, sin duda he logrado ofenderlo al rechazar a su hija por segunda vez.
—¿Estas rechazando a mi hermosa hija? —él me cuestiona tratando de ocultar el disgusto en su voz y Makaya coloca una de sus manos sobre su brazo derecho para calmar a su padre—. ¿Cuál es el motivo de tu rechazo? ¿Acaso dijo algo que te disgustara? —mira a su hija con desaprobación y esta agacha su cabeza, él me vuelve a mirar y sigue hablando—. ¿Por qué no quieres desposarla? Si de todas las naciones aledañas a la tuya ella es tu mejor opción —agrega sin perder la oportunidad de alardear que ellos son mejores que los demás.
—Ya he escogido a mi futura esposa —digo sin más, no veo la razón de estar dándoles explicaciones cuando tarde o temprano se enteran.
Erink me mira indignado por haberlo hecho perder su tiempo y Makaya aún no termina de salir de su asombro, dos lágrimas gruesas abandonan sus ojos y Erink al ver lo afectada que está su hija, se levanta de la silla y toma a Makaya por uno de sus brazos obligándola a colocarse de pie, comienza a caminar hacia la salida sin despedirce y no puedo creer que los Sogamons estén haciendo una rabieta porque no los tomé como primera opción.
Se gira antes de irse y dice:
—Las relaciones diplomáticas de nuestras naciones no se verán afectadas por tu decisión —pronuncia—, pero si déjame advertirte algo —se toma el atrevimiento de señalarme con su dedo indice—. Ojalá y no te arrepientas por haber deshonrado a mi familia al rechazar a mi hija dos veces consecutivas. Sé que habrá muchos candidatos interesados en Makaya —toma el rostro humedo por las lágrimas de su hija entre sus dedos—. Y serán mejores que tú. —dice y tanto el como su hija son conscientes de que nunca conseguirán a alguien como yo.
Se gira sobre sus talones y emprende su partida junto a su hija, Makaya no deja de mirarme en ningún momento y aunque sé que todo esto no es justo con ella, no puedo hacer nada para evitar que ella sufra.
No quería pensar que me había hecho enemigo de toda una nación por un rechazo, pero tampoco me quería sentir obligado a estar con una persona que no amaba, nunca hubiera logrado ser feliz con ella y por ende, la vida de ella hubiese sido miserable e infeliz a mi lado. Si lo vieran de la misma forma que yo lo hago, de cierta manera les había hecho un favor, pero como en estas tierras todo era considerado ofensa, no se podía esperar nada bueno proveniente de ellos.