Noche mágica

2320 Words
Mirándome en el espejo me veo bastante bien. Para la salida con Alan me he colocado un vestido azul marino, con unas medias panty y unos botines. Mi cabello quedó perfecto justo a la altura de mis hombros, cómo quería. Sonrío satisfecha a mi reflejo. Camino hasta mi teléfono que está sonando en la sala de estar. —Se ve preciosa señorita, Bella—me habla Margot, una señora de servicio que tuve que contratar para que me ayudara con el departamento, con Dante y Tay. —Gracias—le sonrío amplio. —Ese chico es muy afortunado—me sonríe caminando a la cocina. Alan; Ya estoy afuera, puedes bajar. Tomo un abrigo para salir del departamento a pasos acelerados. Esta felicidad que estoy experimentando es surrealista y a veces siento miedo de eso. Hace dos años cuando lo dejé ir no me imaginé volver a tenerlo, no creía que podríamos estar juntos nuevamente, y esto es lo que más me emociona. Cuando salgo del edificio el viento fresco de la noche me acaricia la piel expuesta. Alan está recostado en una Range Rover negra, se ve tan relajado y los vaqueros negros que tiene me hacen tener pensamientos indecentes. —Hola, Bella Müller—se separa de la camioneta sonriéndome, esa sonrisa que siempre ha sido mi debilidad—Me gusta tu nuevo corte—yo sonrío—Me gusta la nueva tú—arrugo las cejas caminando a él. —¿La nueva yo? —pregunto con curiosidad.  Los tacones de mis botines resuenan en la acera. —Sí—toma mi mano cuando llego a él—Ahora eres más... Elegante. —Ya no estamos en la universidad, mi trabajo me lo exige— sonrío.  Su mirada es pícara, puedo jurar que su color de ojos es más intenso. Alan me abre la puerta del copiloto, el auto huele a como siempre huele él, mentas y perfume de hombre. Da la vuelta para entrar frente al volante. Los dos nos colocamos el cinturón. —Es una linda zona—prende el motor y empieza andar. —La escogió Ben—le comento. —Creo que estamos destinados a vivir cerca—lo observo, los músculos que se le tensan cuando mueve el volante es excitante, se ve fascinante, parezco una chica hormonal, esa chica que solo me sale con él.—Mi casa está en la otra cuadra. —¿En serio? —sonrío ante la casualidad—¿Vives en una casa? —solo asiente. —¿Qué quieres hacer? —arrugo mis cejas y lo miro concentrado en al tráfico.  Normalmente él siempre tiene algo en mente. Me quedo observándolo, pero trato de no pensar mucho, a lo mejor tuvo mucho trabajo y no le dio tiempo de preparar nada. —Tengo hambre, vamos a un restaurante ¿Quieres? —le ofrezco. —Claro— él sonríe. Por un instante lo siento distante, estamos en silencio y no es un silencio como siempre, es un tanto incómodo. Pero bueno ¿Qué esperaba luego de tanto tiempo? No puedo pretender que Alan y yo seamos los mismo que cuando estuvimos en la universidad. Llegamos a un restaurante pequeño, pero bastante elegante, afuera hay fila para entrar. Alan baja de la camioneta, yo lo sigo, le da la llave a un mozo y toma mi mano la cual está bastante cálida. Ignora la fila que hay en la entrada y camina. —Buenas noches—nos habla el guardia de seguridad—¿Alan Coox?—pregunta con un toque de entusiasmo. —Sí, hola—el chico a mí lado sonríe. —Tengo entrada VIP—dice mostrando alguna tarjeta que no logro ver bien de que es. —Adelante—quita la cinta roja que se utiliza para dividir. —Gracias. Un chico nos dirige hasta una mesa casi en el centro del lugar. Es bastante bonito, la decoración es roja y se ve costoso. Alan rueda una silla y la señala para mí. Yo le sonrío sentándome. Nos atienden bastante bien, según me comenta Alan, él es figura del restaurante por lo tanto le dan trato especial. La comida es deliciosa. Han pasado aproximadamente veinte minutos desde que llegamos y no hemos parado de hablar. —¿Cómo está Tay?—pregunta el hombre frente a mí. —¿Aun está contigo? —Sí, está muy bien. Tiene un nuevo compañero. —¿Adoptaste otro perro? —pregunta sonriendo. —No, un gato. —No me sorprende de ti—descubro que su sonrisa aún tiene poder sobre mí. —Saben cómo soy. El resto de la noche solo nos hemos puesto al tanto de todas las cosas que nos han pasado, le cuento mi paso por la televisora y como he tenido que ganarme el puesto donde estoy ahora. Alan me habla de cómo fue surgiendo, de sus entrenamientos y algunos torneos, se ve tan encantador hablando de algo que le gusta. Caminando a su auto siento que no llevo mucho tiempo con él, no quiero irme a casa y dejarlo. —¿Qué tal si conducimos por la ciudad? —me propone encendiendo el motor del auto. —Claro—le sonrío. —Toma—me extiende su celular, el cual es de la misma marca que el mío—Estas a cargo de la música. —Genial—tomo el celular, lo conecto a la radio del auto mediante Bluetooth, abro la lista de reproducción, tiene cinco mil canciones—¿En serio? ¿Cinco mil? —digo con sorpresa, él ríe con ganas, cómo me encanta verlo reír así, tan relajado. Presiono el botón de aleatorio. Comienza a sonar una canción que conozco por mi abuelo paterno y carcajeo. —No lo puedo creer, Alan.—digo sin aliento. —¿Qué?—la sonrisa de Alan es amplía—“I got a gal name's sue she knows just what yo do”–empieza a cantar lo que me hace reír aún más fuerte. Él también carcajea.—“she's the gal that i love the best. Tutti frutti rutti. Tutti frutti au rutti”.—empieza hacer un baile extraño.  Los dos reímos con tantas ganas. —Vamos a ver que más tienes por aquí —empiezo a buscar en su lista. —Te vas a sorprender—me dice con la vista en el frente. —¿A dónde vamos? —pregunto con mi vista en el celular. —A ninguna parte—el ánimo y sonrisa de Alan aumentan y eso me encanta. —Solo estoy conduciendo para pasar suficiente tiempo contigo—mi corazón empieza a saltar en el pecho frenéticamente y el cabello oculta todo mi entusiasmo. Cuánto lo amo. Consigo una canción que llama mi atención. Sonrío y apenas la coloco obtengo una mirada cómplice de Alan. Me he visto esta película miles de veces, la amo. Grease es cultura general. —“I got chills”—empieza a cantar y bailar él–“They're multipying. And I'm losing control. Cause the power you're supptying. ¡It's electritying!”—Alan y yo carcajeamos. —“You Netter shape up”—empiezo a cantar y bailar yo.—“Cause i need a man and my heart is ser on. You better sape up. You better understand, to my hear. I must ve true.” »—“You are the one i want”—cantamos a coro—“Honey the one that I want. ¡Honey! The one I need, oh yes I need”« Me falta el aire de tanto que me he reído. Alan está carcajeando a mí lado y puedo jurar que en dos años este es el momento que más relajada me siento. Su risa causa algo dentro de mí que a pesar del tiempo no se descifrar, Alan es mi tranquilidad, siempre lo ha sido, desde el primer momento. Eso lo descubrí cuando murió mi padre y él estuvo ahí conmigo. Bajo mi vista al celular y le doy al botón de siguiente. Está lista sigue sorprendiéndome cuando escucho la canción que viene. —¿Ragatanga?—carcajeo—No lo puedo creer—Alan también ríe fuerte. —Ese es mi más oscuro secreto. Son casi las cuatro de la mañana cuando Alan me deja en el frente de mi edificio. En toda la noche lo mucho que hemos hecho es tomarnos de la mano, y aunque tenga ganas de lanzarme encima de él y besarlo todo lo que no he podido en todo este tiempo, pero me contengo. Alan está recostado en la camioneta con sus brazos cruzados mirándome a los ojos. Por mi parte estoy parada unos metros de él negándome a entrar y dejarlo. —Yo...—no sé qué decir exactamente. —Siempre se me ha hecho tan difícil leerte.—suelta de repente y sus ojos destellan curiosidad.—Como me encantaría saber lo que estás pensando—me comenta casi en susurros—Porque yo estoy loco por besarte, princesa. Eso es todo lo que necesito para caminar hasta él y besarlo. Un beso tan suave pero necesitado de ambos, siento como si un millón de fuegos artificiales explotarán a nuestro alrededor, por mucho tiempo he necesitado este beso. Una de sus manos está en mi espalda baja y la otra en mi mejilla. Mis piernas empiezan a temblar, cómo anhelaba esto, a él. Alan me atrae más a él. Percibo que también aspiraba este encuentro tanto, incluso más que yo y eso me agrada mucho. Su respiración se está tornando irregular. —¿Quieres entrar? —susurro en sus labios sin procesar primero las palabras en mi mente. Sin contestarme, se separa de mí, saca las llaves de su auto, le coloca el seguro, me toma de la mano y camina dentro del edificio. Mi corazón late con fuerza, los nervios aumentan y se apoderan de mí como la primera vez. De hecho, ni cuando tuvimos sexo por primera vez me sentía tan nerviosa. Cuando entramos al departamento en penumbras. Alan se lanza sobre mí, me besa, un beso más apasionado que el anterior. Lo guío hasta los sillones y justo ahí pierdo todo el control sobre mí, ahora el control lo tiene él. Me quito los botines sin separarme de sus labios, él me ayuda a bajar la cremallera de mi vestido, mientras que yo quito su camisa, vamos tan rápido, cómo si necesitáramos con urgencia esto, y es tan excitante. Baja el vestido dejándome solo en ropa interior y empieza a darme besos en el cuello y hombro, mis manos acarician su pecho que ahora está mucho más marcado. Baja sus caricias hasta mi vientre haciéndome estremecer de placer. Me tumba en el sillón más grande, lo miro con picardía y él sonríe abriendo mis piernas y posicionándose entre ellas, él solo tiene sus vaqueros y zapatos, se ve tan pero tan sexy, su cuerpo está bien trabajado. Me quita las medias panty y sonríe con picardía. Se inclina y besa mis pechos acariciando con su lengua mi pezón mientras que mete una de sus manos en mi braga para estimular mi punto más sensible, lo que hace tenga muchas sensaciones, desde hace casi tres años el único que me ha tocado es Alan, y teniendo en cuenta lo mucho que me gusta ese chico, la excitación es mayor. Busca en su billetera una bolsa de plástico donde trae un condón. Siempre preparado el muchacho. Llevo mi mano a su m*****o para estimularlo antes de que se coloque el preservativo. Aunque no es muy necesario porque esta duro. Me levanto del sillón haciendo que él deje mis pechos, lo volteo, me coloco de frente para hacerlo sentar en este luego que se baja sus pantalones y bóxer. Miro el preservativo y resoplo, no es de sabores y si me lo meto a la boca luego de colocárselo me sabrá muy mal. Abro el envoltorio y se lo coloco al mismo tiempo que suelta un suspiro que parece más un gemido.  Alan tiene los músculos tensos cuando me siento a horcajadas de él e introduzco su m*****o dentro de mi gimiendo en el camino. Empiezo a moverme primero lento y luego más rápido. Nuestros pechos se están rozando y sus besos pasan de mi cuello a mis labios. —No quiero acabar tan pronto—gime entre mis labios. Baja sus manos por mi espalda acariciándola, hasta que llega a mi trasero para apretarme más a él, pasa una de sus manos delante de nosotros y nuevamente me estimula el clítoris, mientras que lleva su boca a uno de mis pezones y lo chupa con suavidad. Y eso es todo lo que necesito para llegar al orgasmo. Alan sigue moviéndose y es fabuloso, las sensaciones son increíbles. Él también acaba y se queda con el rostro en el hueco ente mi hombro y cuello jadeando, me da pequeños besitos en este. Los dos estamos respirando jadeando y sudados. Mi corazón late con fuerza, pero más que por la excitación, por el sentimiento. Alan me ha dicho tres veces en esta noche lo mucho que le gusto, solo eso, no ha dicho nada más. No ha dicho que aún sigue amándome o, aunque sea queriéndome, solo gustar y ya. Ambos nos levantamos para limpiarnos y que él pueda botar el condón recién utilizado. Cuando sale del baño de mi habitación se acuesta a mí lado en bóxer, yo estoy acostada en mi cama, me atrae a él y me recuesto en su pecho, escuchando su corazón calmado. Cierro los ojos, todo esto parece un sueño del cual no quiero despertar. —Te extrañé tanto, princesa—me susurra y da un beso en la frente lo que me causa un escalofrío sensacional. Pero los sueños no son eternos.
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