ALESSANDRA
Por quinta vez reviso el reloj en mi mesa de noche y veo que apenas avanzo unos minutos, pasa de las dos de la madrugada y aún no se nada de Ethan, tengo los dedos adoloridos por teclear tantas veces su número desde el teléfono del estudio y no lograr nada, después de la décima llamada es teléfono se desconecto, mi alma descansa cuando veo a Lessi dormir tranquilamente en su cuna, pero me angustio nuevamente cuando veo el espacio vacío en la cama.
Tengo que calmarme, probablemente fue a la estación de policía, se lo mucho que se pueden tardar esos asuntos, trato de tranquilizarme buscando una respuesta lógica, pero lo cierto es que estoy a nada de un colapso, han paso más de diez horas desde que lo ví por última vez en aquel lugar y la situación es inquietante.
Doy un salto de la cama cuando escucho la puerta de la entrada cerrarse con fuerza, reviso una última vez a Lessi y bajo corriendo la escalera a oscuras, Ethan no está en la sala, pero veo la luz del estudio encendida, por experiencia se que es su lugar favorito para trabajar aunque la hora no me parece la más adecuada.
Entro apresurada sin tomarme la molestia de tocar la puerta.
— Ethan amor, estaba preocupada. — Camino en su dirección, necesito tanto un abrazo.
Pero ni se inmuta por mi presencia, está sentado en el sofá con los codos sobre las rodillas, la cabeza colgando entre sus brazos y tiene el cabello despeinado, su ropa también luce maltratada, tiene la camisa arrugada y con algunos botones abiertos, el saco está tirado a un lado suyo y no lleva su corbata, en la mano sostiene un vaso con lo que parece ser whisky.
Me arrodilló frente a el buscando su rostro pero me lo niega, se gira en otra dirección con brusquedad dejando a la vista una mancha en su camisa.
— ¿Eso es labial? — Pregunto molesta, sujetando con fuerza el cuello de su camisa. — Ethan responde maldita sea, ¿porque tienes labial en la camisa? — Pregunto está vez en tono más fuerte.
Algo dentro de mi se estaba rompiendo, estaba lastimando en mi interior y no sabía cómo calmar los pensamientos que comenzaban a inundar mi mente, sentí como mis ojos se llenaban de lágrimas pero me negaba a dejarlas salir.
— ¿ Acaso te importa? — Respondió sin ánimo y alejo mi mano de su camisa.
— Soy tu esposa Ethan y esto que estás haciendo....
— Si eres mi esposa carajo. — Se levantó de su lugar superando mi estatura por mucho y lanzó el vaso a la pared, convirtiéndose en un montón de cristales sobre la alfombra. — Pero eso no te importo ni un poco mientras te revolcabas con otro.
Sin pensarlo mi cuerpo reaccionó y golpee su rostro con mi palma, pero ni se inmutó, me preguntó si por lo menos sintió algo, porque mi me estaba ardiendo la mano completa.
Sus palabras se clavaron directo en mi corazón, había sacado sus propias conclusiones, no busco una explicación, no pregunto, toda la confianza que teníamos se desmoronó en ese instante.
— No te permito que me hables así, no tienes derecho a insultarme, estás borracho y no tienes idea de lo que sucedió. — Intente explicar pero era como hablar con la pared, mis palabras rebotaban.
— Los ví Alessandra, ví como besabas a otro tipo, ví como... — Se pasó la mano por el cabello con frustración antes de golpear la pesa de centro con el pie. — Mierda, ¿porque lo hiciste Less? — Pregunto, está vez dando paso al dolor.
— Me beso a la fuerza, no es lo que parece, estaba ahí planeando una sorpresa por nuestro aniversario.
Soltó una risa amarga que me robó el aliento.
— Me acosté con otra mujer, con varias mujeres. — Admitió y se sirvió otra copa de whisky.
Lo que se había roto dentro de mi, se hizo añicos, trozos cada vez más pequeños, clavándose en mi ser, el aire salió de mis pulmones o mi cerebro olvidó ordenarle que repirara, todo estaba mal, todo me daba vueltas, me dolía, me quemaba, porque sabía que era verdad pero había intentando negarme a la idea de que eso hubiera sucedido, desde que ví el labial rojo en su camisa, sabía lo que significaba pero tenía la esperanza, quería creer en mi esposo, en el hombre que amo.
Levanté la mano, quería golpear, sacar todo el dolor que se había estancado en mi pecho pero me detuve, me detuve porque me asusto lo que ví en sus ojos, esos ojos azules que me cautivaron, ahora reflejaban ira, dolor, venganza, ví desaparecer al hombre que me conquistó y en su lugar estaba un desconocido, alguien que no creía en mis palabras, que no le importaba lo que tuviera que decir, y golpearlo no resolvería nada, las cosas se habían terminado, los nuestro había terminado y tenía que aceptarlo.
Me di la vuelta y solo cuando estuve lejos de él apreté los ojos y llore, llore hasta que sentí que el alma se me salía en cada lágrima, cada escalón se hacia más difícil de subir, no quería entrar a nuestra habitación, dónde dormía nuestra hija, el fruto de nuestro amor, el amor que había terminado en un segundo.
Abrí la puerta y me derrumbe al primer paso, frente a mi estaba la norme cama que habíamos compartido los últimos dos años, en la que habíamos hecho el amor incontables veces y ahora sabía que no solo me pertenecía a mi, sus caricias eran de alguien más, no solo mías.
Arrastrando mis pasos me acerque a la cuna y acaricié el rostro de Lessi, solo hoy me permitiría llorar, solo hoy sería esta mujer débil que lloraba por un hombre, solo hoy sería Less.
Mañana dejaré todo atrás, nuestra casa, nuestra vida juntos, me tire sobre la cama y abrace la almohada que absorbía mis lágrimas.