Serena entró con pasos lentos, arrastrando el miedo con cada pisada. El ambiente era frío, húmedo, como si las paredes respiraran sufrimiento. La luz era tenue, apenas la suficiente para distinguir a la figura que yacía en la camilla del rincón. Cuando sus ojos se acostumbraron, la vio. Una mujer de rostro pálido, demacrado por los años o por el dolor, reposaba en silencio. Serena sintió un escalofrío recorrerle la espalda, un temblor involuntario que la hizo retroceder medio paso. No sabía por qué, pero algo en esa presencia le oprimía el pecho, como si estuviera mirando un fantasma. —Ella es la primera esposa de Leonid Volko —susurró Mateus, apareciendo a su lado como una sombra venenosa—. La verdadera esposa de la bestia… La mujer que tu padre intentó matar. Pero ella sobrevivió, ¿sab

