La mujer caminaba por el largo pasillo de mármol que llevaba a la habitación de Lyrius. La noche caía sobre la mansión Volko, envolviendo todo en una extraña calma, pero su corazón latía con fuerza. No sabía si debía confiar en Mateus, meterse con los Volko y la bestia era algo demasiado peligroso, pero el dinero prometido era todo lo que ella necesitaba para subsistir, si debía seguir participando en ese juego de traiciones y secretos. Pero justo al pasar por una de las habitaciones, una voz conocida la detuvo en seco. Se pegó a la pared, con la respiración contenida. Era la voz de Aidé. —Leonid va a buscar a Serena. Él la ama, Aidé —decía una voz masculina. Reconoció de inmediato a Lyrius. Aidé soltó una risa seca, como si esas palabras le hubieran provocado asco. —¿Amor? —repi

