Cuando su hombro fue sacudido con la clara intención de despertarlo con cierta sutileza, pero a la vez firmeza, Taylor emitió una especie de gruñido quejido molesto y alzó una mano para apartar lo que sea que estuviera perturbando su sueño. —Sé que quieres seguir durmiendo, pulga, pero necesito que me mires un momento —pidió su alfa. Y aún entre la bruma de su sueño, el omega se percató de que la voz de su pareja no estaba en ese tono más bajo y ronco que usualmente tenía cuando recién despertaba. Con su cerebro comenzando a trabajar un poco más, se percató de que no tenía los brazos del señor gruñido rodeando su cuerpo con la excusa de su horrible sueño cuando ya había descubierto que el alfa era un abrazador de primera. Luchando por abrir sus ojos, Taylor finalmente logró levantar un

