La música llenaba el club con un volumen moderado, el sonido de una multitud conversando y riendo seguía en perfecta sintonía, y las bolas de la mesa de billar se estrellaban sin cesar para completar toda la melodía. Y porque no podían faltar, las personas seguían acercándose a la barra, pidiendo sus tragos, exigiendo su atención, gritando por ser atendidos. Prácticamente se desocupada un puesto en la barra, y este inmediatamente era ocupado por otra persona que había estado esperando su turno, pero como día sábado por la noche, Boris no podía quejarse, ya que era bueno para el negocio, a pesar de que no hubiera tenido un misero respiro desde el mismo instante en que abrieron las puertas y los clientes comenzaron a entrar. Sirviendo un trago, la mirada del pelirrojo alfa viajó al mismo l

