Episodio 18

1252 Words
POV RÒSE Las cosas se estaban complicando más de lo que esperaba. Todo se desmoronaba poco a poco, como si el destino se empeñara en poner piedras en nuestro camino. Las familias afectadas no querían dinero, ni compensaciones, ni acuerdos. No querían nada más que justicia. Y yo… ya no sabía qué hacer. Había agotado las ideas, y a Liam y a Emmet tampoco les quedaban muchas. La fecha de la inauguración se acercaba peligrosamente, y nosotros no teníamos una solución viable. Sentía el peso del tiempo sobre los hombros, como si cada minuto que pasaba fuera una soga que se apretaba más y más. —Hagamos que Dilan actúe —aconseja Emmet, su voz tranquila pero firme—. Es más fácil para él solucionar todo este lío. —Es más fácil para él —respondo, dejando escapar un bostezo de puro agotamiento—, pero será un problema para las chicas cuando las autoridades les pidan una declaración sobre cómo se resolvió todo. Sabemos que los métodos de Dilan no son precisamente… ortodoxos. Y no tendremos una excusa creíble para justificar nada. —Para eso existe la mentira —interviene Liam, dejando a un lado el teléfono que no soltaba desde hacía horas—. Si Dilan arregla esto, podríamos volver a nuestros trabajos y dejar de perder el tiempo. Ruedo los ojos. Estaba cansada de repetir lo mismo. No entendían —o no querían entender— que no podíamos involucrar a la mafia en algo que ya estaba manchado por ella. Sería cavar más hondo en un pozo que no tenía fondo. —Una mentira que ellas no podrán mantener —digo tomando los papeles del escritorio, tratando de concentrarme—. Es mejor que sigamos intentando encontrar otra salida. Si no la hallamos, Rozana y Alana tendrán que venir y dar la cara ante la prensa, aunque no hayan hecho nada malo. Liam resopla con fastidio, y Emmet me mira con esa mezcla de preocupación y resignación. —Sabes que ninguna de las dos haría eso —responde él, cruzando los brazos. —Lo harán si no encontramos una solución —suspiré, tratando de mantener la calma—. O, en el peor de los casos, tendremos que buscar un chivo expiatorio. No pienso dejar que todo el trabajo y la inversión que ambas empresas hicieron se vayan al infierno. El silencio que siguió fue denso. Ninguno quiso decir en voz alta lo que todos pensábamos, que el único sacrificio posible éramos nosotros. —Sabes que las únicas personas que servirían de chivo expiatorio seríamos tú y yo —dice Emmet con tono grave, pero con la mirada puesta en mí, no en los papeles—. Si haces eso, cuando recuperes lo que te pertenece, tendrás poca credibilidad. Te van a destrozar. Déjame protegerte, Ròse. Lo mejor es que dejemos que Dilan intervenga. Sé que lo dice porque le importa, pero no puedo dejarme llevar por eso. Yo tengo que proteger lo que Alana y Rozana me confiaron. No puedo fallarles. No puedo fallarme. Miro la carpeta de documentos sobre la mesa, los informes, las llamadas pendientes. Todo era una maraña de caos. Pero dentro de ese caos, mi propósito era claro. Conseguiría una solución. Y si tenía que arriesgarlo todo para hacerlo, lo haría. —Agradezco que te preocupes, Emmet —digo suavemente—. Pero este proyecto es mío también, y no voy a permitir que lo ensucien. Pase lo que pase, voy a protegerlo. Emmet baja la mirada. Sé que no está de acuerdo, pero también sabe que no puede convencerme. Cuando la reunión termina, me levanto con el cuerpo tenso. Me despido de ambos y me encierro en mi habitación. Apoyo la espalda en la puerta y cierro los ojos. Siento el temblor en mis manos. No sé si es miedo o cansancio. Tal vez las dos cosas. Y aunque trato de despejar mi mente, la imagen de Liam vuelve una y otra vez. Esa forma suya de mirar, como si intentara leerme, como si quisiera acercarse, pero no se atreviera. O peor: como si se prohibiera hacerlo. No sé qué me pasa con él, pero cada vez me cuesta más fingir que no siento nada. POV LIAM Escuché toda la conversación sin interrumpir demasiado. Fingí concentrarme en los papeles, pero la verdad era que estaba más pendiente de cada palabra que salía de la boca de Ròse. Su voz era firme, pero había algo más debajo, un cansancio que reconocía demasiado bien. El mismo que sentí yo cuando creí que no había forma de arreglar los errores de mi familia. Ella no lo sabía, pero ese peso la estaba consumiendo igual que me consumió a mí alguna vez. Cuando Ròse se retiró, Emmet y yo nos quedamos en silencio. El reloj del escritorio marcaba el paso del tiempo con un tic-tac insoportable. Finalmente, él habló. —¿Qué sientes por ella? Levanto la mirada, desconcertado. —¿A qué te refieres? —pregunto a la defensiva. —Sí sabes a qué me refiero —dice con calma, recostándose en la silla—. Ella te importa. No sé si como la chica que quieres llevarte a la cama o como algo más. Pero te importa. Y eso, Liam, puede ser un problema. Frunzo el ceño. —Es amiga de la familia. Él sonríe con ironía. —Amiga de la familia. No tuya. Me tenso. Sé lo que está insinuando y no me gusta. —Te lo pregunto porque es mi amiga —añade—. Y no quiero que la hagas sufrir. Si lo que quieres es una aventura, búscala en otro lado. Pero si piensas jugar con ella, te juro que no te va a gustar la forma en la que yo juego. —Tú no eres nadie para decirme lo que puedo o no hacer —respondo con frialdad. —Tal vez no —replica, levantándose—. Pero sí soy alguien capaz de convencer a Alana y a Rozana de que te alejen de ella. Y tú sabes que puedo hacerlo. Se acerca a la puerta y antes de salir, se gira. —Piénsalo, Liam. No soy tu enemigo, pero tampoco voy a quedarme de brazos cruzados si la haces llorar. La puerta se cierra. El silencio que queda después es ensordecedor. Camino hasta la ventana. Afuera, las luces de la ciudad parpadean. Pienso en lo que dijo. En lo que sentí cuando Ròse me miró hace un rato, como discutía con Emmet, como me desafiaba con esa valentía que tanto me irrita… y tanto me atrae. No quiero aceptarlo. No ahora. Pero algo dentro de mí se mueve, algo que creí muerto desde hace años. Ròse no es Alana. No se parece en nada. Y tal vez por eso me confunde tanto. Ella no necesita que la salven. Ella pelea, empuja, decide. Me hace sentir que no tengo el control, y eso me asusta. Pero también me hace sentir vivo. Necesito resolver este maldito problema cuanto antes. Necesito terminar este proyecto para poder enfrentar lo que de verdad me atormenta: lo que empiezo a sentir por ella. Y aunque me lo niegue una y mil veces, sé la verdad. Ella ya está bajo mi piel. Y cuando llegue el momento, no voy a pedir permiso a nadie. Ni a Emmet, ni a mi hermana, ni a mí mismo. Porque si Ròse es mi error, entonces estoy dispuesto a cometerlo. Solo necesito tiempo. Y esta vez, no pienso huir.
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