Vaya a donde vaya la fotografía iba en el bolsillo de su pantalón.
Caminaba de aquí a allá dentro de aquella habitación de hotel de mala muerte que parece caerse a pedazos. El interruptor estaba apagado y la única luz que ingresaba era la de la calle y la de aquel molesto cartel de Vacante que imanaba luces fluorescentes al titilar.
El humo del cigarro se le impregna en la nariz y él inhala sin ningún problema, matándose lentamente...o eso es lo que le hacía creer a los demás.
Alguien tocó la puerta y en su rostro se reflejó una fugaz sonrisa.
Se dirigió hacía ella y se encontró con su amigo, quien tenía apoyado el codo contra el marco, despreocupado.
—El señorito se entera que no va a morir y fuma un cigarro por minuto—le comenta él, ingresando a la habitación.
El chico sonríe ante su comentario y cierra la puerta.
—Estoy sacándole provecho a algo ¿no crees que hago bien?—pregunta, sentándose en la cama.
—Deberías sacarle provecho a otras cosas, no ahogándote en humo.
—Que más da, no me muero y puedo hacer lo que quiera. Francamente, no tengo temor alguno.
Su amigo, sentándose en el sillón de cuero marrón, se lo quedó mirando un momento.
—¿Sabes qué paso sigue?
El fumador apretó los labios, deseando contestar esa pregunta con sinceridad.
¿Qué paso seguir? Había millones y millones de personas en el mundo, incalculable, y solo debía encontrar a una en especial; a la joven de la fotografía.
—Regresaré a la ciudad en donde nació, quizás volvió y debe estar perdida—supuso.
Vio como su amigo sacaba del bolsillo de su chaqueta un papel doblado. Se lo tendió y en cuando lo extendió se dio cuenta de que se trataba de una fotografía.
Impactado, observó a una joven con una pequeña de unos cuatro años en sus brazos y detrás de ellas había un arbusto que cubría casi todo el fondo.
Ambas sonreían, con las mejillas pegadas y abrazándose.
Reconoció a la mayor de pelo castaño, largo y ojos café que a la luz del sol se aclaraban.
Reconoció aquel rostro que irradiaba juventud y armonía. Estaba más pequeña en esa foto, pero no había cambiado mucho desde la ultima vez que la vio.
—¿Cómo conseguiste esta fotografía?—preguntó el joven,conteniendo la emoción de sus ojos—¿Quién es la más pequeña?
Estaba desesperado por una respuesta.
—La más pequeña es su hermana, y es a ella a la que estoy buscando y de la que te hablé durante tanto tiempo. Rescaté la fotografía gracias a las cosas del hospital en donde ella estaba internada, y si no te la mostré antes fue porque no tenía la suficiente confianza contigo. Me di cuenta que nuestra búsqueda está muy a la par, demasiado diría, y quiero que toda mi información la sepas de ante mano.
El chico, perplejo, no podía creer lo que oía. Su compañero o amigo, como quiera llamarlo a partir de ahora, había conseguido una fotografía que significaba mucho para ambos.
Los unía de cierta forma aquella búsqueda que se veía inalcanzable.
Acarició la fotografía de papel con los dedos, deslizandolo por la mejilla de la chica que le quitaba el sueño.
—¿Tú estás listo para emprender el viaje?—le preguntó su amigo.
El joven asintió, ansioso.
Se levantaron y se dieron un breve abrazo.
Ethan Vinny y Ethan Simon salieron del hotel aquella noche de invierno.