CAPITULO 5

688 Words
Y los vi, lejanos pero los vi. Era una especie de retroceso a épocas en donde yo odiaba que la gente no me viera, y la presencia de ellos y Blenti eran mi sostén para seguir adelante. Y ahora, ver que se acercaban alegres de verme, me sentía viva después de tanto tiempo. Corrí a su encuentro, desesperada por abrazarlos pero...su imagen comenzó a alejarse de mí, haciéndolos inalcanzables. —¡Hey!—grité, nerviosa. Issa y Robert comenzaron a difuminarse hasta que una especie de neblina los consumió, me paré en seco y miré hacía atrás, para verlo a Ethan. Él ya no estaba. Todo se volvió opaco hasta no quedar nada a mi alrededor...entonces desperté. Abrí los ojos y me encontré en el contenedor sucio y vacío, vacío al igual que mi pecho. Así se sentía. Grité, dando patadas porque todo había sido un sueño. Grité, aterrada, enojada y perpleja porque se había sentido real. No estaba ni Ethan, ni Robert y tampoco Issa aquí, y eso me deprimía. Salí del contenedor, hecha una furia. Tomé mi bicicleta y salí de aquel horrible lugar, disgustada con la vida y el puto mundo que tenía a mi alrededor. Si tan solo pudiera vivir en mis sueños...yo sería feliz y tendría mi sonrisa genuina. Una de esas que solo se consigue en segundos, que son fugases y que raras veces tienes...de esas sonrisas que son autenticas porque reflejan la felicidad de uno. Estaba llorando, destrozada por aquel sueño que creí verdadero. La gente que pasaba me miraba, desconcertada ya que gritaba, furiosa y eran ajenas a aquel terrible llanto. ¡No tenía a nadie!¡Mi hermana estaba perdida!¡Mi familia estaba muerta! Según mi sueño, la carretera de los arboles de arcos seguía por la dirección izquierda, dirigiéndome hacía la calle treinta y cuatro sobre diez. Luego, si pasaba por el puesto de diario y el salón de belleza retomaba la segunda calle y listo, después continuaba derecho hacía la infinidad de la carretera. Y avancé, a toda prisa sintiendo como mis pulmones me quemaban a fuego lento, pero nada importaba. Lo que más me sorprendía, era que yo jamás había estado allí, porque no salía de aquella cuadra de mala muerte en donde mi hogar era un asqueroso contenedor. Pedaleé con todo mi ser por llegar hasta allí y cuando vi a lo lejos, aquel montón de hojas verdes a la altura del cielo eterno...me di cuenta que había llegado a mi destino. Frené de golpe, derrapando las ruedas y haciéndolas rechinar. Creí que se habían roto pero estaban intactas. Respiraba con dificultad pero me quedé allí, intacta, viendo como aquel sueño tenía algo de realidad en mi vida. Sin dejarme estar como una idiota en el medio de la carretera, continué andando, y pude llegar a pensar que aquellas lágrimas que habían sido de frustración y decepción, ahora eran gotas de esperanzas. No podía creerlo, era como estar en mi sueño, era como estar presente, sintiéndolo en carne viva. En cuanto me adentré en el arco de arboles infinitos, avanzando sin con la intención de detenerme, supe que estaba en el lugar correcto. Entonces la vi, a lo lejos, agitando sus brazos con desesperación y corriendo en mi dirección. Algo en mí, hizo que rompiera en llanto. Mi mente se dio cuenta de su presencia y la que tardó fui yo en reconocerla. —¡Angél!¡Angélica!—gritaba de forma entrecortada por su cuerpo agitado. —¿Olivia?¡Olivia!—mi habla reaccionó muy tarde. Distinguí su sonrisa, distinguí su mirada hermosa que me hacía querer despertarla con un desayuno para ella y contarle todos los cuentos que le conté a alguna vez. Me bajé de la bicicleta, importándome un bledo que se hiciera pedazos. Tenía la vista solo en ella. Y entonces, a escasos centímetros de nuestro lejanos cuerpos...nos envestimos en un fuerte abrazo y en ellos me sentí en mi hogar...dulce y precioso hogar. —¡Perdóname por favor!—gritó contra mi hombro, sacudida por el llanto descontrolado—¡Perdóname!¡Perdóname! Lloramos juntas, sentimos juntas aquel pesar que nos atormentaba ante tanta distancia. Juntas, por fin juntas. —Ya todo está perdonado—dije entre lágrimas, apoyando su cabeza fuertemente en mi pecho—,ya estamos unidas y nada ni nadie nos va a volver a separar. Estamos en casa, en casa. No sabía cómo había conseguido reunirnos de esta forma, pero sabía que me estaba esperando algo aquí...aunque jamás creí que se tratara de mi hermana. Todo era real.
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