Tuve que volver a Jacksonville, para unas pruebas más y por una sesión de radiocirugía estereotáctica que me había sugerido el doctor. Según me había explicado, no era una cirugía, sino más bien, un tratamiento similar a la radioterapia, pero en ella, cada haz de radiación no era particularmente poderoso y el punto en donde era dirigida dicha radiación, era exactamente donde estaban los tumores, quienes al recibir la dosis directamente hacía ellos, sus células morían. Estuve lo que, para mí, fue una eternidad, en un cajón, mientras la radiación entraba en mi cerebro. No sabía si la jodida máquina estaba diseñada para prepararte para la muerte o qué, pero estaba muy intranquilo. El doctor me hablaba por los altavoces y me decía que pensara en mi lugar feliz. Así que, pensé en Bree, ella era

