Bree entendía todas y cada una de mis referencias, hablara de lo que hablara. Lo entendí aquella vez, que le dije cómo se llamaba mi perro y, definitivamente, no me defraudó, cuando le dije que yo era Ramsés II. Para ser una chica de orfanato sabía muchísimas cosas. Podía imaginarla en la biblioteca devorando libros y más libros. Así que, sonreí y se lo dije, pero su respuesta no me gustó, porque su educación había sido tan estricta que no había sido feliz y ella merecía todo. Cuando le pregunté si algún día me lo contaría y me respondió que, algún día muy lejano, entendí que ella no quería hablar sobre eso. Así que, intenté sonreírle y la insté a prepararse para nuestra cita. Tuve poco tiempo para planificar algo y, para ello, tuve que sobornar a medio mundo, porque Bree, a diferencia de

