Bree quería devuelta su teléfono y confesarle que lo había destrozado, me daba muchísima vergüenza, así que, cuando se lo conté, aparté la mirada. Lo que menos quería era que, ella pensara, que era un hombre violento, porque no lo era. No quería que Bree me tuviera miedo, pero solo le restó importancia, diciendo que tendría el mío hasta que tuviese devuelta el de ella. La verdad no me importaba. Ella podía tener mi teléfono, cuando quisiera y nada pasaría. No había otra mujer en mi vida, así que, no tenía por qué temer. Además, Bree era un poco obsesiva con la privacidad, por lo que, dudaba siquiera que se atreviese a contestar mi teléfono, cosa que confirmé, cuando la llamé desde el teléfono de mi oficina y no contestó. Reí internamente, cuando me aparecí en la puerta de su oficina y mi t

