Le insistí un millón de veces para que entrara al agua conmigo, pero no quiso ni acercarse a mojar sus pies en el agua salada. Tal vez, a ella no le gustaba la playa y todo esto, lo había hecho por mí, así que, eso me hizo sentir especial. Ella estuvo callada otra vez, cosa que me confirmaba, que no le gustaba la playa. Pero, cuando le restó importancia, diciéndome que solo estaba relajada por el sonido del mar, me quedé tranquilo y disfruté su compañía. Ni siquiera, cuando me dijeron que tenía cáncer aquella primera vez, sentí tanto terror como cuando Bree me dijo que era alérgica a las fresas. Y yo, siendo un maldito idiota, le había dado un sándwich con mermelada de fresas. Corrí lo más rápido que pude al auto y le grité a Caden por ayuda, pero él no estaba por ningún lado. Así que,

