—Bree, mi vida, tu madre murió en el parto. Las cosas se complicaron y ella eligió salvarlas a ustedes —dije sin más. Ella me miró y abrió un poco la boca en señal de sorpresa. Se quedó un largo rato en silencio. Esta vez, no la presioné para que hablara, ella tenía mucho que procesar y yo le iba a dar todo el tiempo del mundo. Un largo rato después habló muy bajo, tanto que casi me costó escucharla. —Me estás diciendo ¿que ella no me abandonó? Se notaba muy sorprendida, pero, al menos, había tomado las cosas con calma. O eso parecía, hasta que le respondí que no la había abandonado y ella se levantó del sillón, mientras hiperventilaba y repetía sin parar “ella no me abandonó”. Dijo un par de cosas más extremadamente bajas, que no pude escuchar y se acostó en el piso en posición fetal.

