—Pero tú siempre quieres hablar —dijo Bree mirándome un poco frustrada. La miré serio y suspiré. —Bree. Ella asintió y se quedó en silencio por un largo rato. Aunque la veía incómoda, no hablé y así como si nada, de pronto se levantó para irse. Pero ya no quería que se fuera, quería que se quedara conmigo, quería que me siguiera eligiendo a mí. Así que, le dije que no se fuera. —No quiero estar solo. Ella me miró con el ceño fruncido y se cruzó de brazos diciéndome que no me entendía, porque no quería hablar, pero tampoco quería que se fuera. No supe ni qué responder, ella tenía razón. Pero lo que sí tenía claro, era que la necesitaba. Y salió de mis labios un simple “abrázame” muy necesitado. Ella me abrazó y lo hizo tan fuerte, que me sentí en paz por un largo rato. Pegó su frente a

