Temeroso me acerqué a la puerta del baño y di ligeros toques, como no queriendo darlos ni queriendo saber lo que pasaba. Ella gritó enojada —¡¿Por qué no puedes respetar mi privacidad?! ¡Estoy en el baño carajo! Le pedí perdón y me alejé de la puerta sentándome en la orilla de su cama, ahora hecha un desastre, a pensar en cómo podía explicarle esto sin que sonara tan horrible, sin que se escuchara igual de horrible como lo había dicho Katherine, sin que la realidad golpeara a Bree. Para cuando Bree salió del baño, lo hizo con el ceño fruncido y yo seguía en blanco, no había encontrado ninguna forma de suavizar mi motivo. Aquella seguridad que había tenido por todo ese tiempo, había desaparecido en esa cena con Katherine. Y como si Bree no me quisiera ni ver, se fue al cuarto de armario

