Dirigí mis dedos con maestría a la cremallera de su vestido y la bajé con lentitud tocando su piel a medida que bajaba. Bree me miraba fijamente a los ojos y podía ver en ellos un brillo de deseo. Cuando la cremallera estuvo abajo, saqué su vestido y, como si ella supiera lo que yo tenía planificado para esa noche, debajo de éste, traía lencería fina. Casi gemí de tan solo mirarla. Definitivamente, ella era arte puro. Acaricié un poco sus pechos, a través del encaje de su brasier y, así si más, los liberé de aquella cárcel que me pedía a gritos que lo hiciera. Esta vez, mi gemido no fue ahogado. ¡Es que demonios! No pude silenciarlo ante semejante majestuosidad. No me resistí y los toqué, eso era algo con lo que yo siempre había soñado. A fin de cuentas, era un hombre. Un hombre que las v

