Como si el destino estuviera siempre a su favor, postergando el momento de comenzar a analizarse y reflejar sus emociones, Orestes pareció haberse salvado. Justo en el momento de mayor tensión, mientras Peyton esperaba por su respuesta, ingresó Dilia a la sala de estar luego de tocar la puerta, no esperó autorización para entrar. —Disculpen que los interrumpa, sé que están ocupados, pero la niña Saanvi tiene un buen rato llorando, manifiesta tener un fuerte dolor estomacal, intenté ayudarla, no sé qué hacer, señorita —le informó en actitud nerviosa. Peyton se bloqueó de ipso facto, se puso de pie de inmediato, olvidó por completo la conversación que estaba sosteniendo con Orestes, hizo a un lado el envase de plástico y la cucharilla dejándolos sobre la mesa frente a la cual estaba sentad

