—Iré a desayunar —le dijo Peyton a Orestes—. Es muy fuerte todo esto. Sus palabras fueron precedidas de su movimiento corporal. Se giró sobre sus pies y caminó hacia el comedor. —Saldré de casa, ¿estarás bien mientras lo hago? —le preguntó Orestes al tomar su lugar en la mesa. —Sí, por supuesto, estoy bien, creo que el riesgo pasó —advirtió Peyton. —Voy a la empresa y luego a la casa para confirmar que se hayan ido —le dijo refiriéndose a sus padres. —¿De verdad vas a echarlos? —preguntó sorprendida de su determinación. Está acostumbrándose a su frialdad, lo que no suponía es que la extendiera a quienes le dieron la vida. —Debo ser firme en mis decisiones, sino lo hago van a entender que pueden jugar conmigo cada vez que quieran, sobre todo mi madre —se tomó un sorbo de zumo de fru

